'La mano invisible' de Isaac Rosa
Entre las cosas que me pasan, que puedo contar y que me alegran, hay un hecho del que me he dado cuenta hace poco: una cuenta que he echado hace nada y por la que he calculado que tardo más en pensar qué decir de un libro que en leerlo. No he establecido aún la proporción, pero seguro que existe; tampoco tengo claro que la vaya a buscar.
Entre otras cosas que me pasan, me pisan, me pesan y me posan... ¡UUUU! (... ¡haber elegido muerte!...) está mi oficio de espectador, de mirón televisivo -no sé si antes, después o al tiempo que mirón genérico, vital, miope y algo más que siempre me tiene que recordar mi oftalmólogo- que de vez en cuando, ante la pantalla, piensa (pienso, YO) en qué buen programa de televisión podría hacerse con gente que sepa hacer bien su trabajo. Sea el que sea. Trabajar bien es un espectáculo. Y yo soy un espectador.
Soy un mirón, y también un andador aficionado que piensa en lo que lee mientras camina a diario sobre una máquina durante 43 minutos, antes de pasar a remar en falso sobre otra durante 10 minutos y 50 segundos: 2 kilómetros de remo.
Camino en elipse y pienso en lo que leo, y me repito, asocio, encajo, incluso creo eslóganes como críticas literarias que son lo bueno para las fajas que pretendo escribir por un buen pico y que quiero quitarme gracias a todo este esfuerzo diario en el gimnasio:
"Laboral y Rosa. Vital y Rosa. Oficial y Rosa. Manual y Rosa." Me repito para acordarme de 'La mano invisible' como un ejercicio literario. Falso. Mucho más que un ejercicio literario: es una novela cojonuda sobre gente que se cuenta la vida como la gente se cuenta la vida: en el tajo, mientras hace otra cosa que le da de comer, al tiempo que se arrepiente de no haber elegido mejor o de haberse arrepentido antes. Pero es mucho más. No es solo gente que se cuenta: son acciones de gente que me cuentan, que contabilizan, que me reflejan y que incluyen a un escritor que es Isaac Rosa como trabajador manual del circo donde hace años no sé de dónde sale el dinero que me paga lo que trabajo.
"Laboral y Rosa. Vital y Rosa. Oficial y Rosa. Manual y Rosa." La de Isaac Rosa es una de esas raras y maravillosas manchas de tinta que son casi aceite, que son casi de calamar guisado en su propia tinta, que se dejan sobre el papel o sobre la mesa con un aspecto formidable y amorfo pero que se van extendiendo hasta escribir decenas de historias que confluyen en la cabeza (del calamar o en la nuestra), que son tentáculos de literatura de la mejor, de la que no funciona dando cuerda, sino tirando de ella. Y funciona. Vaya si funciona. Tanto que hace una semana que terminé de leer el libro y hasta hoy no me he atrevido a enfrentarme con lo bueno que es, lo bien que trabaja, cómo se gana su precio y lo que cansa no escribir tan acertado, tan limpio y tan libre de golpear el muro con el mazo a la primera de cambio.

Probablemente, 'La mano invisible' sea una de las mejores novelas de ciencia ficción de podamos leer dentro de 50 años.
