'Mi planta de naranja lima', de JOSÉ MAURO DE VASCONCELOS
Recibo en mi corre-e-o el boletín de La Casa del libro -ya, yo sé que lo in es ahora lo amazonio, qué le vamos a hacer- donde me anuncian que Libros del Asteroide acaba de publicar una nueva traducción de 'Mi planta de naranja lima', probablemente el primer libro que me hizo llorar y que leí por prescripción profesoral ¿con cuántos? ¿con diez, con once, con doce años?
Recuerdo que me encantó, aunque no he vuelto a leerlo desde entonces ni pienso hacerlo ahora -me vas a perdonar Carlos Manzano- porque es un libro que vale lo que su memoria, lo que valió entonces para escribir una redacción sobre la novela y hablar acerca de mi propia idea de familia no sanguínea -¿con diez, con once, con doce años?- para confesarle sutilmente al profesor de literatura (Don Juanjo, aka 'el orejas', un tipo interesantísimo, borde, cínico y chungo a quien adoré) mi amor por él y para quedarme con su nostalgia y una referencia que me viene a veces, no sé si por el texto o por todo lo que puse de mí cuando lo leí. Dos veces seguidas entonces y nunca más.
Me llegó un olor a 'Mi planta de naranja lima' cuando leí a Pasolini. Un par de novelas de Cunningham sobre familias a pulso. Incluso con 'Otras voces, otros ámbitos', de Truman Capote, que fue el segundo libro que me hizo llorar.
Si volviera a leerlo todo ahora me daría cuenta de mi error. Si volviera a leer ahora todo lo que he leido en estos 35 años que llevo haciéndolo, descubriría que no me he enterado de nada. Por eso, releer es de valientes, de intelectuales seguros de sí mismos. Releer es de mayores.
