'El caso Pasolini'
Lo mejor de esta fabulosa memoria gráfica es que su no-ficción llegue tras unas palabras de uno de los protagonistas de la historia; el periodista Furio Colombo, la última persona que vio con vida a Pasolini -o al menos la última que le trató vivo y no intentó remediarlo con un asesinato en un descampado junto al mar- y quien le haría su última entrevista, que Pier Paolo quiso titular "¡Estamos todos en peligro!":
"Echo de menos a la gente pobre y auténtica que luchaba por destruir al amo sin transformarse en el amo. Al estar excluídos de todo, nadie los había colonizado.
Me dan miedo esos rebeldes que son iguales que el amo. Ellos también son predadores que lo quieren todo a toda costa. Esa siniestra obstinación por la violencia total ya no deja ver de qué signo eres.
Pero, cuidado, ni estoy emitiendo un juicio sobre las intenciones ni me interesa ya la cadena causa-efecto. Primero ellos y luego él, ni quién es el jefe culpable. Cuando en una ciudad llueve y las alcantarillas están atascadas... el agua sube, inocente. El agua de la lluvia no posee la furia del mar ni la maldad de las corrientes de un gran río. Pero no baja: sube. Es la misma agua de muchos poemas infantiles. Pero sube y te ahoga. Si hemos llegado a ese punto, yo digo que no perdamos el tiempo poniendo etiquetas aquí y allá. Veamos de dónde brota esa maldita agua, antes de que nos ahoguemos todos."
Esa es la mejor parte del libro. Las palabras literales de la entrevista casi póstuma. Lo ya publicado.
La peor parte es la gráfica. La imagen. La imagen con la que da Maconi para dibujar una metáfora del asesinato de Pasolini, que interpreta como un sacrificio a sus propias razones, como una concesión a la autenticidad de ese pueblo al que Pier Paolo añoraba en sus propias palabras, en la misma entrevista referida.
La peor parte es la que acaba yendo en portada, en plan 'tú lo que quieres es que me coma el tigre...'
Y no porque el hallazgo visual sea facilón -aunque hermoso y eficaz- y su juego en paralelo con una leyenda hindú de príncipe sacrificado al hambre de sus bellos tigres famélicos me parezca un poco de segundo de Coelho, sino porque es falso. Porque ese Pasolini alimento que imagina Maconi no es tal. A no ser que el tigre fuera el del estómago infinito, el hambre eterna y las palabras en regurgitar espiral que aún hoy -36 años después- siguen sirviendo para explicar el fascismo en vida y nuestra indefensión.
::::::::::: 'que me coma el tigre, mis carnes moreeeeeeenas' ::::::::
A todo esto, es a mí a quien le entra el hambre de P.P.P. y me lanzo a sus 'Escritos corsarios':
La televisión es más autoritaria y represiva que cualquier otro medio de información del mundo. A su lado, el periódico fascista y los letreros mussolinianos pintados en las alquerías mueven a risa como (con dolor) el arado frente al tractor.
Pier Paolo Pasolini, diciembre de 1973
