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La Coctelera

Lector Ileso

Diario de entusiasmos literarios subjetivos sin rigor: críticas sin criterio de novelas, poemas, artículos, eventos,... Parole, parole, parole.
Escribir es mentira. Leer es verdad

22 Agosto 2011

'El hombre elástico y otros cuentos', MAURICIO SALVADOR

Sólo puedes escribir esto así y allá si escribiste poemas con máquina de escribir. Ningún poeta adulto se lanza a versos a máquina; primero lo intenta a mano, tacha, repite, recita en voz alta, vuelve a tachar, cambia mayúsculas por minúsculas, cuela comas, rodea con el mismo trazo que escribe y vuelve a empezar. Sólo un mal poeta menor puede ser tan pretencioso como para ejecutar poesía a máquina.

Que, de alguna forma más o menos metafóricas, es lo que perpetran los desconcertados, aunque soberbios y altivos, protagonista(s) de esta estupenda colección de cuentos de Mauricio Salvador de la que salimos sin conocer ese "momento en que aplasté la cara de Pablo" (Location 464), sin vivir los momentos inmediatamente anteriores a "los días posteriores a mi pelea con Pablo" (Location 531), o "Cuando Adriana rechazó a Pablo yo le conté a media escuela que había sido humillante" (Location 636). "Un instante antes de golpear de esa manera a Pablo. ¿En qué estabas pensando?" (Location 673). Porque Pablo no aparece más veces en el libro; lo más cerca que está de hacerlo es como no ser Pablo Neruda en el primero de los cuentos del libro -'Los últimos días de la poesía'- donde Kurt Cobain empieza a morirse y no termina de agonizar hasta el tercer relato, 'Jardín'.

Me gusta mucho el conjunto de relatos de Mauricio Salvador porque me gusta la literatura familiar que apesta a mierda.

Me encanta 'El hombre elástico y otros cuentos' porque muestra de  forma ingeniosa y sencilla el proceso a través del cual podemos ver la crueldad que se acaba formando -como un objeto sólido enmarcado en ángulos rectos- con la grasa que dejan en el mal ambiente nuestros aires de superioridad, nuestra pretensión de genialidad preadolescente. Me fascina cómo Mauricio Salvador acaricia ese objeto, ese cubo, y lo mueve como el de Rubik. Y en una de sus caras aparece el rostro de la Bestia, de 'La Bella y la Bestia' de Jean Cocteau.

"En 1990 creía en los ovnis, creía en fantasmas, creía en casi todo aquello que prometiera no ser de este mundo. Y pensé que sería mi último año en este mundo pero no fue así"

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