Beatrice Hastings y Modigliani: retratar al pintor

Lo que más me ha interesado de la biografía de Modigliani de Herbert Lottman -recién publicada en español- ha sido el descubrimiento de las crónicas de la amante y modelo del pintor, Beatriz Hastings (aka Alice Morning). Unas crónicas que ella escribía desde París a principios del siglo XX para la revista The New Age, donde también publicaron Chesterton y Wells.

El libro contiene una preciosa crónica de Hastings, un retrato de Modigliani y su obra por la mujer que sólo habíamos conocido como un rostro pintado, y que me ha maravillado:
Observé con despreocupación que el valor de las obras de arte plástico tendría que estimarse por las críticas, puesto que los artistas rara vez distinguen sus obras conseguidas de las que no lo son, y eso inflamó la pólvora. La apagamos a trancas y barrancas, pero el momento era grave. Tal vez yo fuese sincera en lo que estaba diciendo, a pesar de todo. Por ejemplo, tengo una cabeza de piedra esculpida por Modigliani, de la que no me separaría ni por cien libras esterlinas, ni siquiera en aquel instante de pánico: alejé esa cabeza de un rincón consagrado a los viejos restos, y me trataron de idiota por haberme tomado el trabajo de llevármela.
(...)
Nada humano, salvo la maldad, falta en esa piedra. Tiene una esquirla que asusta sobre el ojo derecho, pero puede soportar algunas esquirlas. Me dicen que nunca fue concluida, que nunca lo será, que no vale la pena concluirla. (...) La cabeza entera sonríe plácidamente, en contemplación ante el conocimiento, la locura, la gracia y la sensibilidad, la estupidez, la sensualidad, las ilusiones y las desilusiones. (...) ¿Para qué va el artista a denunciar semejante obra? (...) Nunca me separaré de ella, a menos que no sea para un poeta. Él encontrará en ella lo que yo no encuentro y el infeliz artista no tendrá elección por lo que a su inmortalidad se refiere.(...)
Beatrice Hastings dejó a Modigliani y París para volver a Londres. Donde se volvió loca del coño: se apuntó a la teosofía, lo flipó con Madame Blavatsky y acabó suicidándose con gas. La pobre.
Por otro lado, ayer conversé con Lottman casi una hora. Y me pareció uno de esos biógrafos desapasionados y documentalistas que hacen tan buen trabajo para quienes somos incapaces de entender la vida sin ficción.


ayleesh dijo
hola!
he llegado dando saltos, de blog en blog!
me quedo con tu post sobre el placer de la privacidad de leer, un gustazo si señor!
volveré a visitarle!
12 Marzo 2008 | 10:58 AM