
La ciudad es Venecia, y el libro una delicia. Un largo reportaje que utiliza el incendio del Gran Teatro de Ópera de La Fenice como mecha y con muchísima inteligencia recorre la historia y la chismología trascendente de la ciudad a través de algunos de sus habitantes más célebres y pintorescos; artesanos, aristócratas, empresarios, pícaros o un poeta suicida, como Mario Stefani .
Pero también recupera la mirada de Henry James sobre los palacios que fueron escenarios de sus obras o de su escritura. O la sórdida historia de la gerontofilia selectiva de los Ryland .
Leer "La ciudad de los ángeles caídos" (o cualquier otro buen libro sobre Venecia) es la única manera que nos queda de disfrutar de una ciudad que ya es imposible descubrir como turista. En realidad, leer es lo único que nos queda para intentar entender todo lo que ha desaparecido. Escribir también. Lo malo es que a mí leer me reconstruye la memoria, y al escribir caigo en cuenta de mi amnesia.


¿Y qué pasa cuando cualquiera lee lo que has escrito? Mezcla de amnesia y entendimiento: desaparecer de nuevo....
A mi el libro, no me gustó. Escrito por un americano que parece estar por encima del bien y del mal y pensar que a Venezia sólo se la merecen los tipos como él -los culturetas guay- o los que el diga -los artesanos locales y los veneti de novena generación (por lo menos) con piano de cola en el palacete-. Un gilipollón de tío, vamos.
Hoy en día no existe óbice alguno a visitar Venezia. Tan bella como siempre!. Bien cuidada!. Llena de rincones íntimos y solitarios. Y esto en pleno mes de agosto, señores. Ahora -mediados de noviembre- vistarla debe ser uno de los mayores espectáculos del mundo.
Decir que Venezia no es lo que era ha dejado de estar de moda. ¿Y saben por qué?. Porque la isla, su entorno, es sustancialemente la biblia en verso. Ni diez millones de pantalones piratas estampados, ochocientos mil tonos de móvil y dos toneladas de mochilas de color fucsia pueden opacar la trascendente belleza de Venezia.
No hay quien pueda con ella!!!!. Bluff.
caro Bluff
permíteme que discrepe totalmente con su opinión sobre el libro. Creo que lo que hace Berendt no es ir "de guay" sino regalarnos unas crónicas de esa Venecia de la que nunca podremos disfrutar.
Por mucho que usted afirme que "Ni diez millones de pantalones piratas estampados, ochocientos mil tonos de móvil y dos toneladas de mochilas de color fucsia pueden opacar la trascendente belleza de Venezia." Para mí es imposible el disfrute con ese panorama. Igual que tampoco he podido nunca disfrutar de los frescos de la Capilla Sixtina rodeado de cientos de patanes.
Mi estimado,
A mi me pasa igual que a ti en la Capilla Sixtina (o me pasaría, no he estado). Un lugar cerrado en el que la secuencia visual "piratas/mochilas fucsias" se confundiria de manera inevitable con el espacio. Amén de la imposibilidad de librarse de escuchar los comentarios chorras del personal circundante. Pero un espacio abierto como Venezia, de, a lo mejor, unas quinientas hectáreas, es capaz de deglutir lo chusco y convertirlo en una cuestionable -¡claro!- nota de color foráneo que salpica, en algunas zonas muy concretas, la majestuosidad y belleza del lugar.
En cuanto a la novela/ensayo de Berendt, cuestión de gustos. A mi, en general, es que el ensayo ficción no termina de convencerme. Y el tipo me parecece un entrometido, un poco cotilla. Aún así, aguante hasta la página 180 (más o menos). En esa línea, Paul Theroux, Colin Thubron o Bruce Chatwin me gustan muchísimo más (de estos tres sí que me acabo los libros).
Abrazotes Bob!
"leer es lo único que nos queda para intentar entender todo lo que ha desaparecido": ¡aforista! (y es un piropo). Saludos.