"Hermosos y malditos", de F. Scott Fitzgerald
Llevo una de esas raras buenas temporadas de lectura en las que todo lo que me encuentro son libros de escritores que escriben - como el buenísimo par de Zambra -, de escritores que no escriben y empinan el codo - "Hermosos y malditos", de Fitzgerald - y de escritores que escribieron y lo dejaron por causas de LA fuerza mayor, que por si no lo sabéis - incautos - es la muerte: "La historia de Lisey", de Stephen King (buenísimo).
Yo ya había leído "Hermosos y malditos", hace muchísimos años, demasiados - y no porque eso signifique que envejezco (que también), sino porque la leí a destiempo, porque no le permití ser la novela que es (dice Vergílio Ferreira, "los libros que leemos o no leemos y de la edad en que estos han podido ser en nosotros los libros que eran").

Acabo de releer "Hermosos y malditos" (suena pedorrete releer. Yo casi nunca releo. No me da tiempo. Yo, cuando quiero acordarme de un libro, reviso mis posts en Lector Ileso...), y claro, nada que ver. Debía de tener 11 años cuando lo leí por primera vez. Y no me enteré. Imposible. Me faltaba tanta información, tantas resacas, tantas horas con el archivo de la novela en la pantalla frente a mí y los dedos quietos... que no me enteré.
Tampoco había leído "El desencantado ", ni las cartas de Zelda a Scott:
Scott -- there's nothing in all the world I want but you -- and your precious love -- All the material things are nothing. I'd just hate to live a sordid, colorless existence -- because you'd soon love me less -- and less -- and I'd do anything -- anything -- to keep your heart for my own -- I don't want to live -- I want to love first, and live incidentally -- Why don't you feel that I'm waiting -- I'll come to you, Lover, when you're ready -- Don't don't ever think of the things you can't give me -- You've trusted me with the dearest heart of all -- and it's so damn much more than anybody else in all the world has ever had --
Ni la novela de Zelda.
Ni se me pudo ocurrir que Gloria Guiness es Lorelei Lee si se hubiera enamorado del hombre incorrecto...
Veinticinco años después, he releído (suena tan tan tan...) "Hermosos y malditos", y vaya si me he enterado:
Algún día, pedazo a pedazo, saltará por los aires, y su notable talento saltará también, dejando tan sólo un hombrecillo insignificante, irritable, egoísta y parlanchín.
A estas alturas no voy a descubriros que Fitzgerald es un escritorazo, un icono del alcohol a la altura de Bárbara Rey y un magistral compositor de frases que son carne de tatuaje en el escroto:
La verdad no me interesa. Quiero un poco de felicidad.
Faltaría más...


Lansky dijo
Todos hemos querido ser alguna vez "beautiful and damned", pero al final la vida nos coloca en nuestro sitio -como cuenta un famoso poema de Gil de Biedma-. Lo interesante es que Fitzgerald era muy joven cuando la escribió -era su segunda novela- y ya sabía que la huida compulsiva de la mediocridad, con la sed vital y el alcohol como combustible para esa vida/cohete, es una carrera perdida de anetemano. O no lo sabía, porque no era tan sabio como los antíguos griegos, pero su novela, sí. Novela que no tuvo ningún éxito: hermoso y maldito. Zelda era gilipollas, pero una gilipollas fascinante. No hay tantas.
9 Agosto 2007 | 08:09 AM