A veces me sucede. Y es maravilloso.
Son esas veces cuando - en las que - donde
- porque son momentos, son objetos, son espacios -
empiezo a leer y descubro que el ritmo del narrador se ajusta perfectamente al mío. Empiezo a leer, y sigo, y paro,
me levanto con el libro que sostengo con cuatro dedos y penetro con el quinto. Apago la música de fondo (que suele ser una sesión aleatoria del iTunes donde se suceden The Kills
R.E.M.
The Jam
Astrud
Madonna
Björk
Pet Shop Boys
Estrella Morente
Jay - Jay - Johanson
Elliot Smith
(he copiado en estricto orden los que acababan de sonar antes de que empezara a escribir esto)
y me siento en un sillón. En otro.
Vuelvo a empezar a leer, pero en voz alta. Lo leo completo. La página y media de The Fine Art of Sighing, de Bernard Cooper, que es un señor de quien no sabía nada y de quien Wikipedia me cuenta que nació 20 años y cuatro días antes que yo, ha escrito varias novelas y también es maricón.
Yo no sabía absolutamente nada de Bernard, pero he leído un texto suyo de una página y media en el THE PARIS REVIEW BOOK OF (HEARTBREAK) y he decidido que me gusta tanto que tengo que hacerlo mío. Y sólo hay una manera: traducirlo.
En ello estoy.
Aunque me va a costar encontrar una frase en español que vuele tan bien como esta:
She might have been drifting into the distance, or lamenting her separation from it.


Es lo que tienen los idiomas, que no son automáticamente transponibles. Creo que si tienes la posibilidad de profundizar en el autor, también acabarás sabiendo escribir en nuestro idioma lo que pretendía expresar en el suyo.
....Ella podría haber estado ajena (ignorante, perdida en la distancia,...) o lamentando haberse separado....
Cualquier intento puede ser malo sin el contexto y el sentimiento del relato.
"Me levanto con el libro que sostengo con cuatro dedos y penetro con el quinto."
Qué linea tan abiertamente sexual. :)
"Cavilante y el "arte" de la obviedad".
Cuento cortísimo; mini relato como dicen ahora los cursis monterrosianos, sobre un tío que siempre, siempre hacía comentarios previsibles y por tanto prescindibles; como el autodidacta de La nausea de Sartre. Lo hacía para combatir su angustia, porque así comprobaba que seguía existiendo. Leerse luego para él era a la vez decepcionante y satisfactorio, sin paradoja que valga, exactamente igual que mirarse en el espejo: seguía estando ahí, pero lo que veía no le gustaba.
Ya está el cuento.
Lo reconozco, mi comentario es una simpleza que sólo pretendía empatizar con lectorileso, desde la estima, agradeciendo su esfuerzo en mantener el blog e informarme como eventual lector.
No pretendo dejar destilados de inteligencia que me glorifiquen.
Loor a Lansky
Sí, Cavilio, tu sigue empatizando y propioceptando, si no recuerdo mal. ¿O era propioreptando?
Las mejores traducciones no las hacen los traductores contratados por las editoriales sino los escritores o los lectores que quieren conocer (léase en sentido bíblico) el lenguaje del autor. Espero la suya de este libro.
Y también espero que "j." nos diga de dónde ha sacado esa maravillosa figura que comparte en estos comentarios. Si es de su caletre no tengo más que una palabra para decirle: chapeau. No creo que necesite traducción.