"La protesta", de Henry James
Cada vez que leo a James me pasa lo mismo; me da por despreciar esa economía lingüística tan siglo XXI y me entran ganas de escribir una novela breve de 50.000 palabras donde me limite a describir a un personaje - a mí mismo, probablemente. No conozco tan bien a nadie tan interesante...
"Activo aunque insustancial, era delgado, de baja estatura y un poco, puntual pero todavía no deplorablemente, calvo. El refinamiento se advertía en el arco de las cejas, la perfección de los rasgos, la economía de tratamiento gracias a la cual la nariz insustancial podía parecer importante y la boca escasa sonreír su escasez. Tenía ojos pequeños e incisivos - brillaban hermosamente, sin prometer nada - y una pulcritud, una frialdad y una serenidad, un claro instinto para sacar ventaja e inmunidad, que en cierto sentido representaban el arte de vivir en el lugar más elevado a muy bajo costo. Todo esto se percibía en su aire satisfecho, que sin embargo dejaba adivinar violentos deseos; y allí residía al mismo tiempo la ambigüedad, porque la intensidad de estos apetitos no era siempre suficiente para sacrificar la forma."
¡Toma ya narrador omniscente!
A sus pies, Don Enrique...
["La protesta", de Henry James. Traducción de Edgardo Russo. Prólogo de Silvio Mattoni. Editorial El cuenco de plata ]


peke dijo
Seré muy rancia, pero a mí me gusta el narrador omnisciente. Y, sobre todo, una historia bien contada.
15 Julio 2007 | 11:11 PM