Historia, historias e HISTERIA
Ayer, en una mesa redonda en la Casa de América con tres escritores colombianos: William Ospina, Óscar Collazos y Roberto Burgos - un señor que, según mi amiga M. que vino conmigo, debería grabar cds con su voz para tratamiento de insomnes.
Entre los asistentes, la señora embajadora de Colombia en España, Noemí Sanín - siempre tan mona - y la señora Ministra de Cultura colombiana, Elvira Cuervo - siempre tan Cuervo.
El auditorio a rebosar. Y yo, de pronto, con sudores fríos: nadie nos había revisado al entrar ni habíamos pasado por ningún detector de metales. "MIERDA, MIERDA, MIERDA" - pienso, mientras Collazos afirma que los escritores colombianos son víctimas de su propia historia de violencia y están condenados a escribir sobre ella, - "ahora cualquiera podría sacar un arma y liarse aquí una balacera de la hostia. MIERDA. MIERDA. MIERDA."
Cuando llega el turno de las intervenciones del público, un simpático colombiano en el exilio, igualito a Woody Allen, agradece a Collazos sus columnas periodísticas críticas con el dictatorial gobierno Uribe, algo que - según el Woody Allen colombiano - es muy valiente, porque tal y como están las cosas ahora, podría costarle la vida.
Doña Noemí, en primera fila, y siempre tan mona, se gira para identificar la cara del muchacho. Doña Elvira se repasa el dobladillo de la falda con la cabeza gacha, y yo estoy a punto de gritarle: "sí, querida, ¡demasiado larga! ¡pégale un tajo a esa falda, mujer!"
Me temo que ya no soy yo quien sufre los sudores fríos... ya no.


Lansky dijo
El episodio de más violento al que he asistido en la presentación de un libro fue cuando Fernando Fernán-Gómez le tiró el suyo a la cabeza de una pesada que se empeñaba en que se lo firmase. Fernando siempre anda sobrado.
29 Septiembre 2006 | 12:04 PM