"Desde la última vuelta del camino I", Pío Baroja
A estas alturas no le voy a descubrir a nadie que Baroja es fabuloso, ni pretendo con esta reseña convertir este blog en un referente de nuevas tendencias culturales. Yo lo que quiero es contaros que las memorias de Baroja son una maravilla. Y que ya me gustaría tener a mí ese "estilo descuidado" que él mismo confiesa, aunque yo no termine de verlo claro...
Leer a Baroja escribir de sí mismo, rebatir a sus críticos por escrito, ser agradecido con sus valedores, implacable con sus contemporáneos, caústico con los mediocres y tremendamente escéptico en general, es un placer enorme. Una delicia asistir a su lúcida desmitificación del fenómeno Generación del 98 y de los sobrevalorados intelectuales de la época. Una gozada, Baroja. Aunque, eso sí, en libro. No me habría gustado a mí haber compartido café con él; me habría puesto a parir. Seguro.


Lansky dijo
O no, Bob. Le habrías caido bien, sólo le jodían los pedantes.
El orígen de ese tópico del "estilo descuidado" proviene desde el principio de los críticos de la época, que valoraban mucho la "pagina bella", esto es, los hoy caducados Azorín y Gabriel Miró. Pero Baroja transmitía vida, peligro en sus novelas, y sus memorias son geniales, además era médico de los benefactores; es decir, no ejerció, y panadero, tenía la franquicia (se diría hoy) de las "Viena Capellanes". Nos dio historias, pan y pasteles y no nos mató. Qué más se puede pedir
14 Septiembre 2006 | 12:08 PM