"Disfraces terribles", de Elia Barceló
Os seré sincero: yo me compré este libro en la estación de Santa Justa de Sevilla para léermelo en el AVE y después ponerlo aquí como chupa de dómine.
Para qué engañaros: yo tenía resaca, me había acostado esa mañana a las siete, y tenía ganas de leerme un libro malo en el tren.
Y al principio, yo feliz, me deleitaba al descubrir en las páginas iniciales una escritura viciada por frases hechas - de esas que se caen en la página cuando vas a poner una palabra y te cuela una frase entera detrás -, expresiones imposibles y líneas de diálogo espantosas.
Pero según fuimos subiendo Castilla y avanzaba en la lectura, me jodí y tuve que admitir que, si bien la escritura de Elia Barceló no me fascina y casi me disgusta, el libro se va armando, poco a poco adquiere una admirable solidez, va construyendo varias vidas con solvencia, convirtiéndose en un thriller metaliterario muy interesante, e incluso llega a deslumbrar cuando la acción se mueve de París hasta Mallorca (gracias a una estupenda escena con una logradísima atmósfera, casi de Patricia Highsmith).
Y así, pese a estar rendido y resacoso, acabé por devorar el libro en la cama, hasta que lo terminé y decidí dejarlo en cuarentena hasta poder escribir sobre él.
¿Es bueno este libro de Elia Barceló? Está bien hecho, bien construído, no excesivamente bien escrito, pero funciona, se sostiene, mantiene todo el tiempo cierta dignidad y, sobre todo, es inteligente.
¿Recomendable? Más que recomendable lectura para vuelos transoceánicos, largos viajes en tren o para cualquier día de estos en que os apetezca leer un buen thriller sin pretensiones, con un buen argumento, personajes con interés y escenas bien resueltas. No es una obra maestra, pero es una novela se lee con ganas y sin sonrojo (salvo cuando nos topamos con las frases hechas y con algunos diálogos gays pretendidamente ingeniosos, que no llegan a Noel Coward y se quedan en Alfonso Paso).


Lansky dijo
En los vuelos transoceánicos sólo hay que leer geografía o, de encontrarla, geopoética, como la del bosnio Predrag Matvejevi´c (Me encanta acentuas las consonantes, pero este procesador no me deja, como el supeordenador zumbado de 2001; por cierto, pronúnciese Mat.ve.ye.vich, ¿Vale?). También, las etiquetas de los whiskis de malta.
En el Ave sólo da tiempo a leer el periódico
3 Agosto 2006 | 01:10 PM