Espléndido título el de la primera novela que publicó Amelie Nothomb; un thriller literario en diálogos, un tour de force - que me gusta esa expresión - que se mantiene en en ese fino espacio que separa la magia del ilusionismo; la maravilla, de los trucos.
Una novela que se devora con pasión a pesar de las trampas. Que no pierde el interés en ningún momento, que nos atrapa y no nos suelta ni cuando nos queremos enfadar con la Nothomb, porque descubrimos que nos lo acaba de hacer otra vez: nos ha metido en una conversación apasionante (lo mismo que haría después en "Cosmética del enemigo") para después pasar por encima de cualquier convención de verosimilitud y saltarse a la torera nuestras cábalas acerca de lo que pudiera estar pasando allí.
Pero también es cierto que lo de menos en los libros de la Nothomb son los argumentos. Lo que es bueno, muy bueno, en su obra es cómo ella se vale de estructuras atractivas, de ritmos adictivos, para plasmar sus brillantes ideas (en "Higiene del asesino", sobre la literatura, el amor, los monstruos sagrados, la impostura, la realidad y la ficción del escritor). Y en eso es una maestra la Nothomb. Y lo demuestra, con creces, en "Higiene del asesino".

  • Hoy, en BOBPOP: Garden Party Residencia de Estudiantes... o cuando la realidad supera a BobPop