Para empezar, el prólogo y esta nueva traducción de "El jugador" - a cargo de Sergio Hernández-Ranera - son estupendos (salvo por algunos deslices gramaticales en la traducción).
Están muy bien los dos porque no hay respeto reverencial por el maestro, sino profunda admiración por los personajes, las situaciones (qué bien supo Dostoievski jugar con la ruleta como elemento de tensión narrativa, qué bien), y el trepidante ritmo de la novela.
Ya sé - críticos lectores del lector ileso - que "El jugador" no es "Crimen y castigo", ni "Los hermanos Karamazov", y que fue una novela apresurada y alimenticia. Pues eso es lo mejor. Porque de otro modo, Dostoievski no podría haberse entendido tan bien con su protagonista Alexei Ivanovich, que jugaba a la ruleta - quizás - como Dostoievski escribía, con golpes de suerte irregular, con riesgos sin medir y sin poderlo evitar.
A mí este "jugador" siempre me ha parecido "El escritor" de Dostoievski, la verdad. Y me ha resultado un placer enorme volvérmelo a encontrar traducido por Hernández-Ranera, prologado con él, que está enorme cuando escribe:

"(...) el alter ego del autor en esta novela nos advierte de que, en las salas de juego, "la chusma juega realmente sucio", que "la amistad se basa en la humillación" y que "quizás el placer esté en el látigo". Esa chusma, canalla o, directamente, basura, es la inolvidable descripción de la clase alta europea de la época, variopinto pijerío y wanna-be-pijerío esparcido por los balnearios de Renania, muy probablemente los de Baden-Baden, que el autor rebautiza irónicamente como Ruletenburgo."

"El jugador", en esta estupenda edición de AKAL, por sólo 6 euretes, es una novela estupenda para regalar a adolescentes lectores que se sorprenderán al descubrir que Dostoievski no es, para nada, un ruso tostón, sino un autor muy jarcore, que habla sin tapujos y con enorme puntería acerca del fracaso, la desesperación, el dinero, el juego (tal vez el de escribir) y hasta de ese masoquismo emocional tan adolescente. Jóvenes lectores que, estoy seguro, amarán - como lo hacemos todos tanto - a la enloquecida abuela del general, un papel que deberían ofrecerle - sin ninguna duda - a Nati Mistral ya.

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