"El vuelo de la crisálida", de Isaac Montero
Publicada hace un par de años sin demasiado ruido, esta deslumbrante novela de Montero (autor de la magnífica "Ladrón de lunas"), es un delicioso despliegue de habilidad narrativa (en el óptimo sentido de la Palabra), ingenio, apabullante dominio del lenguaje y magistral construcción de personajes a través de sus hablas, para elaborar una demoledora crítica social, política y cultural, con reflexiones sarcásticas y certeras acerca de la realidad española:
"¿Cuántos luchaban contra la dictadura el día que murió Franco? ¿Tú y yo? ¡Nones! Los comunistas, sí, y un cuarto de etarra, y medio meapilas del peneuve, y un cuarto y mitad de catalanista, docena y media de sociatas. Justamente por eso todo cristo anduvo aquí a fingir un pasado. ¿Cómo se la va a sudar cuarenta años de tiranía si era la suya? Necesitaban la representación de un cambio y los antifranquistas no podían decir ni mu, así que actuamos todos. El secreto de Fátima, ya lo ves."
Teorías disparatas - o no tanto - sobre el asesinato de Carrero Blanco o la división de España en pequeñas islas gracias a unos bien controlados seismos.
Reflexiones delirantes en la forma que conducen a desoladoras conclusiones sobre el enriquecimiento ilícito de los socialistas en los años 80 y 90, consentido por el pepé ya en el poder; las hediondas relaciones de los servicios de inteligencia con personajes de la peor calaña, el resentimiento de los viejos comunistas, la falacia y las componendas de los medios de comunicación... en fin... España.
Todo ello servido en forma de excelente literatura, estructurado como sucesivos informes que prologan conversaciones "cazadas", en las cuales Montero demuestra un fabuloso manejo del diálogo y un dominio absoluto de una retórica absurda y valleinclanesca que proporciona a la novela su tono perfecto.
"El vuelo de la crisálida", de Isaac Montero es un despiadado retrato de la amoralidad y ruina contemporánea. Una venenosa joya; un anillo Borgia:
"(...) la tierra se ha llenado de pobres, gentes que no ven otra solución para su vida que pedir limosna. Y no se refería, aclaró, a quienes mendigan en el metro o en las esquinas, sino a los que llaman a la radio, o escriben cartas a los periódicos o se quejan solos mientras se encaminan a un parque para pasar la mañana allí."

solodelibros dijo
No conocía ni el libro ni el autor, aunque me has picado la curiosidad. Sin embargo, me echa pra atrás esa contumaz insistencia de los autores españoles (tendencia europea, por otra parte) de escribir aferrándose siempre a la realidad social, como si la imaginación hubiera sido desterrada.
En fin, una reflexión.
Un saludo.
6 Marzo 2006 | 02:41 PM