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La Coctelera

Lector Ileso

Diario de entusiasmos literarios subjetivos sin rigor: críticas sin criterio de novelas, poemas, artículos, eventos,... Parole, parole, parole.
Escribir es mentira. Leer es verdad

30 Diciembre 2005

"Sólo eran sombras", de Andrés Trapiello

Qué delicia disfrutar de la brillantez de Trapiello para iluminar las figuras de magníficos escritores que tuvieron la desgracia de caer atrapados en los libros de texto y en los planes de estudio, que muchos abandonamos sin piedad en nuestros días escolares con la falsa certeza de conocerlos.
"Sólo eran sombras" rescata a gradísimos escritores españoles (Cervantes, Galdós, JRJ, Baroja, Unamuno,...) del estante de las lecturas obligatorias y vuelve a colocarlos donde se merecen, en su lugar en nuestra biblioteca, entre nuestros libros preferidos.
Y Trapiello aprovecha el movimiento para ascender a mi iconostasio personal de grandes escritores vivos.

  • Hoy en BOBPOP: Mormones contra Tom Hanks
  • Tags: trapiello

    servido por lectorileso 38 comentarios compártelo

    38 comentarios · Escribe aquí tu comentario

    Chu

    Chu dijo

    Trapiello es grande, y más grande que va ser. Feliz año nuevo Bob!!!!

    30 Diciembre 2005 | 02:21 PM

    juan

    juan dijo

    Trapiello es bastante flojo como novelista, pero como experto en literatura me sumo a vuestros halagos.
    Lo que no entiendo, ya por joder un poco (en 2006 me juro volver a joder a Bob en el peor de los sentidos posibles), es el planteamiento, no se si del autor de este blog o del propio Trapiello, sobre estos autores abducidos por el sistema educativo> para mi no estan en modo alguno muertos ni apagados ni neutralizados. Baroja o Cervantes no caben, de hecho, por las puertas miserables de los colegios y las universidades, asi que lo que alli anden diciendo de ellos es simple etiqueta para justificar salarios de gilipollas.
    Como veis, os deseo a todos un feliz 2006.

    1 Enero 2006 | 10:19 AM

    M.K

    M.K dijo

    Pues a mi Trapiello me recuerda asombrosamente a esos profes de literatura que conseguían que la mayoría de la clase odiara la lectura. Su obsesión: estar colgado de una generación, la del 98, manifiestamente mejorable (y mejorada, en poesía por la del 27, sin ir más lejos).
    En cuanto a poner en la misma linea (o meter en el mismo saco) a Galdos o Cervantes, en fin.
    También me recuerda a esos que se quedan colgados de los tebeos que leyeron de niños y luego los persiguen en ediciones de lujo, hay un tufo a polilla en todo lo que escribe este buen hombre.

    31 Enero 2006 | 08:42 AM

    AT

    AT dijo

    UNOS CUANTOS SUPOSITORIOS PARA EL MERLUZO DE TRAPIELLO

    (CARTA CERRADA POR ENTREGAS O TRATAMIENTO EN FORMA DE SUPOSITORIOS QUE, A PARTIR DE HOY Y HASTA EL PRÓXIMO DÍA 29 DE MAYO DE 2006, LE HE PRESCRITO A ESE NOTORIO PICAPLUMAS A QUIEN DIEGO LARA BAUTIZÓ COMO “EL MERLUZO DE TRAPIELLO”, ANDRÉS POR NOMBRE DE PILA, Y EN ADELANTE “EL PAJILLERO DE LA MESA CAMILLA”, CON COPIA PARA FAMILIARES Y AMIGOS, CONOCIDOS Y DESCONOCIDOS, Y MUY EN ESPECIAL PARA LOS HERMANOS GARCÍA ALIX, PUES EL MERLUZO SE ESCUDA EN ELLOS, Y PARA MIS PROPIOS HERMANOS, AGRUPADOS EN EL BUFETE RIVAS & ASOCIADOS, PUES TAMBIÉN SE SIENTEN AFECTADOS POR LA SARTA DE MENTIRAS, INFAMIAS Y CALUMNIAS QUE EL MERLUZO VIENE ESCUPIENDOME A LA CARA EN SUCESIVAS ENTREGAS DE SUS MOSTRENCOS DIARIOS, Y CON EXTRAÑA SAÑA EN EL ÚLTIMO DE ELLOS, INTITULADO “EL JARDÍN DE LA POLVORA”, CON PETICIÓN EXPRESA DE QUE SEAN DIFUNDIDOS, DE VIVA VOZ O POR ESCRITO, EN LOS MENTIDEROS DE LA VILLA Y CORTE Y EN LAS TERTULIAS DE PUEBLOS Y PROVINCIAS, EN LOS CÍRCULOS RECREATIVOS Y EN LOS SALONES LITERARIOS, EN CASINOS, BARES, REDACCIONES, LIBRERIAS, GALERÍAS DE ARTE, PELUQUERÍAS Y REBOTICAS, EN LOS MEDIOS LIBERTARIOS Y EN LOS CAMPUS UNIVERSITARIOS, EN LOS ARRABALES DE LA ACADEMIA Y EN LOS FOROS DE LA RED, JUNTO A UNA INVITACIÓN FORMAL A QUIENES TENGAN CONOCIMIENTOS DE CAUSA PARA QUE SE SUMEN A ESTA BATIDA CUYOS OBJETIVOS SON MUY SIMPLES: PLANCHARLE LA ARRUGADA NEURONA QUE LE QUEDA AL PERSONAJILLO MÁS RIJOSO DEL MUNDO DE LAS LETRAS, PASARLE EL PLUMERO DEL POLVO AL CORAZÓN MÁS REVENÍO DE LA MADRILEÑA CALLE CONDE DE XIQUENA Y, POR FIN, OBLIGARLE A BAJAR DEL BURRO AL TONTO MÁS SOLEMNE DE MANZANEDA DE TORÍO, AUNQUE SOLO SEA POR EVITAR QUE SIGA HACIÉNDOSE DAÑO A SÍ MISMO Y SALPICANDO A LOS DEMÁS, Y DADO QUE TRAS ESTA BEATA TRINIDAD SE ESCONDE UN ÚNICO CARNET DE IDENTIDAD, EN CASO DE QUE EL MERLUZO SE RESISTA O SE QUIERA ESCAQUEAR, QUEDA AVISADO QUE NO EXISTE HUMANO MODO QUE LE LIBRE DEL ESCARNIO PÚBLICO, DEL ESCARMIENTO EJEMPLAR NI DE LA OBLIGACIÓN DE APECHUGAR CON LAS CONSECUENCIAS DE SUS ACTOS.)

    I.- LA FORJA DE UN POETA PURO

    No hace mucho, mi amiga Lidia Lunch publicó un libro que empezaba recordarnos algo evidente, pero que de vez en cuando conviene repetir: en este mundo todos somos jodídamente culpables, pero tú, merluzo, además de culpable, eres tonto, aburrido, envidioso, retorcido, mentiroso, cobarde, hipócrita, mezquino, perdonavidas e hipocondríaco, por entresacar tan solo algunos de los muchos dones que atesoras, congénitos todos ellos y que tienden a agravarse con la edad.

    Hace treinta años que te conozco. Hace muchos coincidimos j en varias empresas tan breves como episódicas, en algún que otro empeño y poco más. A caballo entre los años 77 y 78 trabajamos una temporada en el programa “Trazos” de la segunda cadena de RTVE, bajo la batuta de Paloma Chamorro y, a consecuencia de ello, durante varios meses compartimos un pisito en el barrio de Aluche de Madrid. La patrona, que andaba en combinación con el jefe de producción del programa, era una actriz de reparto ya retirada y muy simpática a la que en uno de tus tostones anuales, imagino que por adobarlo con algún detalle exótico, la disfrazas de flamenca y la envías de gira por el Líbano como Carmen de Ronda, pero su nombre artístico era Eva Güer, apócope del apellido Guerrero, muy a tono con unas ideas rabiosamente modernas sobre cosmética y decoración que le llevaron a tapizar la mayor pared del salón con mullidos lienzos de skay de un color naranja butano que, por excesivo, tenían hasta gracia pero a ti te ponían de los nervios, la patrona y el tapizado.

    En aquel marco incomparable cumplimos los dos 25 años y tu alumbraste tus primeros versos, unos poemillas tristones y campanudos escritos muy trabajosamente, dicho sea de paso, y empezaste a rumiar tu primer libro de versos. Ya tenías publicada una monografía sobre el escultor abstracto José Luis Sánchez, un libro de conversaciones con el pintor geométrico Eusebio Sempere y habías firmado el guión de un documental sobre Julio Romero de Torres. Poco a poco ibas labrándote un curioso cartelito de crítico de arte moderno, servicial y sensiblero, progresivamente atormentado por la manía obsesiva de ser, por encima de todo, poeta, solo poeta, y excepto a la poesía, a todo lo demás empezaste a hacerle ascos, a ponerle mala cara, a ganarte el apodo de Sor Melindres con el que se te empezó a conocer. Todo se te antojaba una filfa, alfalfa si cabe, pane lucrando que diría don Latino, ganapanes por los que no estabas dispuesto a seguir empeñando ni una pestaña de tu alma de poeta. Extravagancia que, por cómica y desmesurada, nadie te tomaba muy en serio. Te consolábamos, eso sí, en tus momentos de flaqueza y desfallecimiento, muy teatrales por cierto, y lo hacíamos con un punto de ternura y una punta de pitorreo, muy lejos de sospechar el tamaño de tu soberbia, la gravedad que alcanzaría tu desvarío. Decías, con inflexión grave y afectada: de todas las amantes la poesía es la más celosa y exigente, y a fuerza de repetirlo terminaste creyéndotelo. Te dio como un pasmo que tomaste por trance, y con el mismo gesto de mansedumbre y resignación infinitas con que las beatas acometen el vía crucis a pesar de las varices, emprendiste la ascensión del Parnaso.

    Los comienzos fueron duros, siempre lo son, incluso para el futuro autor de “La vida fácil”, ese clásico de la poesía inconsútil, por decirlo con un adjetivo que tú detestas, seguramente porque te viene como un guante. Tu primer Virgilio fue José Miguel Ullán, castellano como tú de una Castilla aún más profundas si cabe, y natural de un pueblo con un nombre aún más sonoro que el de tu pueblo. Tras la muerte de Franco, Ullán regresaba del exilio aureolado por una leyenda extraordinaria en la que se fundían política y poesía, el París de los conciábulos antifranquistas y las soirêes de Marguerite Duras, los versos iconoclastas de la “Antología Salvaje” y las pesadillas maoístas de Julio Álvarez del Vayo, senil presidente del FRAP y auténtico Avinareta de nuestro tiempo. No recuerdo bien en que momento del camino le saltaste a la chepa, supongo que en la estación de Valladolid, lo cierto es que a Madrid llegaste encaramado sobre su hombro, el derecho creo. Tu Virgilio, lo reconocerás, cumplió con su cometido y te dejó colocado en uno de los círculos exteriores del infierno, tampoco hay que exagerar, de nombre Guadalimar. Al demonio encargado de fustigarte con el tridente le llamaban el Fenicio, y tú acudías a diario desde un pisito compartido, allá por el metro de Empalme, a trabajar como un chino oficiándole de negro.

    Ullán, y eso para ti fue un problema insuperable, te obligaba a transitar por arrabales de la poesía donde no te sentías seguro, perdías pie, trastabillabas, te daban los calofríos. Al principio no parecía importarte demasiado, y durante varios años usaste su nombre a guisa de salvoconducto, lo exhibías con orgullo, como un fantasma posado sobre tu hombro, el izquierdo creo. Nos contabas hazañas inauditas de tu ídolo de juventud, aunque siempre un poco de oídas pues, a la hora de las correspondencias, Ullán pasaba de ti, nunca te sacaba de paseo y no perdía ocasión de humillarte en público y en privado. Tu sufrías en silencio pues el de las humillaciones era el único terreno en el que estabas verdaderamente curtido, y por las noches sufrías de insomnio y de pesadillas atroces. Como todo masoquista, para ti era como una droga y las drogas nunca te sentaron bien, ni las blandas ni las duras, ni las buenas ni las malas, aunque en este último tostón, el decimotercero, empleas la jerga del yonqui y hablas de adicciones y monos con esa despreocupada ignorancia del que nunca se entera de que va la vaina. Ocurre, simplemente, que tú estabas hecho de una pasta demasiado delicada y quebradiza, una masa que había empezado a hornearse en un seminario, entre devocionarios y misales, y terminó moldeándose en una facultad de provincia con el libro rojo del presidente Mao. Más que tímido eras aprensivo, untuoso a más no poder, y vivías como embargado por una especie de pánico cerval al prójimo, no digo ya a lo desconocido. De ese capítulo poco memorable de tu biografía rendiste cuentas, cuando ya frisabas los cuarenta, en tu segunda novela, “El buque fantasma” (1992), aún peor si cabe que la primera. Entre tus amigos y los que ya no lo éramos tanto, produjo un sentimiento unánime de vergüenza ajena leer las andanzas de tu alter ego, aquel Martín Benavente, “incombustible conquistador que no oculta sus fragilidades, que en los años sesenta y setenta fue un hombre de acción y, veinte años después, contempla sin solemnidad esa época, tan heroica según los nostálgicos, y acaba comprendiendo que en realidad fueron tiempos más bien desdichados y extravagantes”. Un pobre desgraciado, en fin, “cuyas mentiras nunca hicieron daño a nadie”, curiosa presunción cuanto menos a tenor de la legión de amigos desairados o traicionados en su buena fe que cada año vas inmolando en el inagotable altar de tus complejos. Amistades, relaciones, que no dudas en sacrificar abombando el pecho mientras proclamas estupideces del calibre: “el gitano canta y el escritor, piensa”.

    Pero allá por el año 77, cuando te agarraste como una lapa al círculo que formábamos, entre otros, Juan Manuel Bonet, Pancho Ortuño y yo mismo, el damnificado eras tú. Al programa de la Chamorro, a la sección de RTVE de la CNT, a las campañas contra la ley de Peligrosidad Social, al mundo de los libros viejos y de los pintores nuevos, al piso de la calle Padre Piquer del barrio de Aluche, llegaste escopeteado, huyendo del infierno del Fenicio y, por los mohines de gratitud que entonces nos prodigabas sin tasa, se diría que de toda tu vida anterior, y lo hiciste con un equipaje mínimo y en circunstancias de las que me ocuparé en próximos supositorios, pues no voy a desaprovechar la oportunidad que tan generosamente me brindas para ofrecer a los lectores un testimonio fresco y ameno de lo que vi y viví tan a lo vivo en su momento..

    Era todo un espectáculo verte escribir en el cuartito que te servía de despacho y dormitorio, sobre una de esas mesitas camillas prefabricadas de aglomerado con los faldones gastados, observar el ceremonioso ritual con que disponías los útiles de escritor: un cuaderno, el fajo de cuartillas en blanco, la pluma estilográfica ni mala ni buena, un lápiz muy afilado, un abrecartas, un par de libros, el diccionario, alguna postal y un jarroncillo de cristal donde alguna que otra vez, nunca supe si por racanería o por pudor, bostezaba una rosa viuda (las blancas y las amarillas eran tus favoritas), todo bajo la luz mortecina de un flexo barato. Yo barruntaba que ese sentido de la liturgia tan aguzado lo habías adquirido en el seminario. Ignoraba que antes fuiste monaguillo de tu tío Cesar, y entre los ocho a los catorce años, en León te habías metido entre pecho y espalda varios miles de misas oficiadas en latín y, nevara o diluviara, siempre a las ocho de la mañana. “En mi casa, desde chicos, -alardeas tú al recordarlo- se nos inculcó como el más sagrado de los principios el de la responsabilidad, de modo que no recuerdo haber faltado nunca a aquellas misas, durante dos años, de los ocho a los diez, todos los días, y luego, de los diez a los trece o los catorce, durante los veranos. Por las tardes había que volver a la Maternidad, para asistirle en los bautizos. También tenían lugar a diario, incluidos los domingos.” Dudo mucho que tanta constancia en el cumplimiento del deber te haya asegurado un sitial en el reino de los cielos, pero no me cabe la menor duda que, aquí en la tierra, te impregnó de un aroma indeleble a sotana y agua bendita, a sacristía y semen rancio que, en tu caso y por decirlo con una formula tuya que pasará a los anales, ha sido el “verdadero hurmiento que fermentará toda la masa de lo porvenir”.

    Era un primor, en fin, verte reclinado sobre la mesa camilla con profundo recogimiento: reposabas con suma delicadeza la barbilla sobre la mano izquierda con el dedo índice muy tieso, cerrabas los ojos concitando a las musas y cuando estas, algo alarmadas por tus requerimientos, se hacían las remolonas, entonces repicabas imperiosamente las yemas de los dedos de la mano derecha contra la superficie de la mesa, no a modo de tamboril, no, sino midiendo las sílabas de un endecasílabo rebelde, ajustándole los acentos, luchando a brazo partido con alguna cesura o sacándole lustre a una metáfora que se te resistía. De tanto en tanto, salías de tu ensimismamiento y con aire triunfal garrapateabas con caligrafía de pata de mosca algunas palabras sobre el papel, puede que todo un verso, con el lapicero en primera instancia y, solo cuando estabas muy seguro del golpe de inspiración, te decidías a gastar la pluma. Y así fue como una de aquellas noches, mientras lidiabas con las musas a pecho descubierto, se te apareció Juan Ramón Jiménez en todo su esplendor, te rozó con la punta de sus finos dedos y te hizo entrega de la llave de oro de la poesía pura. Acontecimiento decisivo o, aún mejor, misterio gozoso que divide tu vida en un antes y un después.

    El tránsito desde la poesía salvaje hasta la poesía pura, de la veneración por Ullán a la devoción por Juan Ramón, J.R.J. en adelante, fue ya un sendero sembrado de rosas, pero con las rosas, bien lo sabes, vienen las espinas, y con las espinas los episodios chuscos, aunque tu ya parecías inmune a las cosas de este mundo, andabas como traspuesto, iluminado, según contabas, por una íntima determinación. Insisto en lo de íntima pues tu apariencia seguía siendo la misma y, a juzgar por los retratos que se publican en las contraportadas de tus libros y en los suplementos literarios de los periódicos, a la vuelta de tres décadas apenas ha cambiado: las mismas chaquetas de espiguilla, los mismos jerséis de pico, el mismo aspecto de mosquita muerta, la misma mirada esquiva que intenta ser franca sin conseguirlo. Cambió la orientación pero no la naturaleza de tu comercio con las musas, doy fe de ello pues dormíamos, como quien dice, pared contra pared y yo terminé familiarizándome con los ruidos que me llegaban del otro lado, interpretando tus gemidos, jadeos y suspiros como si fueran las señales de un náufrago y, de alguna manera, tú lo eras y, en consecuencia, un artista del manubrio, lo que no supone desdoro alguno, faltaría más, sino otra forma de emular a J.R.J. que, según Bergamín, también lo era. Al llamarte “pajillero de la mesa camilla” no estoy haciendo un chiste fácil sino traduciendo a un lenguaje llano el pretencioso eufemismo de “Caballero del Punto Fijo” con el que te gusta adornarte.

    Entre la mesa camilla y el modesto camastro donde dormías apenas había un metro de distancia, y en él transcurría prácticamente toda tu vida. En esto, debo reconocerlo, has mejorado mucho: la distancia entre la cama y la mesa camilla que hoy utilizas es de cuatro o cinco metros, y el tamaño de esta mesa camilla actual es mayor que el de la cama de entonces, no digo ya la calidad de los faldones, pesados como cortinas de teatro, o la del brasero eléctrico que calienta tus inviernos, una auténtica pocholada. Semejantes lujos fueron posibles gracias a Miriam, una gran chica, las cosas como son, que conociste en televisión y hoy es tu mujer. En cuanto tuviste oportunidad te mudaste a su piso en la calle Conde de Xiquena, y ya no te has vuelto a mover de allí. En Aluche me dejaste como herencia a un hermano pequeño.

    A las pocas semanas de la mudanza Juan Manuel Bonet me llamó por teléfono: Andrés está muy mal, dijo. ¿Que le ocurre?, pregunté con lógica alarma. No se sabe, pero parece grave. Quedamos citados aquella misma tarde para visitarte y, en efecto, no tenías buen aspecto. Nos recibiste en la cama, en tu nueva alcoba estilo italiano, con el embozo hasta la barbilla, afiebrado y sudando frío, las ojeras profundas y amoratadas, la mirada perdida, verde, amarillo, lívido. Como moribundo no te faltaba detalle. Con gran esfuerzo levantabas el brazo apenas unos centímetros, no estaba claro si para saludarnos o despedirte definitivamente de nosotros, de la vida, de ese mundo que se había derrumbado sin remedio sobre tu cabeza. Las cortinas estaban corridas, la habitación en penumbra y los amigos te rodeábamos, solícitos, hablando con voz queda, apagada, como contribución al cuadro de tu agonía, tan conseguido que daba casi pena que no fuera en serio. A la entrada, Miriam nos había informado que el médico te había reconocido sin encontrar ningún síntoma preocupante. Una crisis de ansiedad, dictaminó el galeno y te atiborró de valium, supongo. Un jamacuco, que dicen en Sevilla, cuando alguien se fuma un canuto de doble cero y es incapaz de metabolizarlo. Y quien dice un canuto dice cualquier otra cosa. Un atracón de Juan Ramón, dictaminó Juan Manuel, que todavía conservaba el ojo clínico. Yo, menos sensible a los desgarros poéticos, me maliciaba que aquel tableaux vivant no era sino una forma bastante retorcida de marcar el territorio. El tiempo nos ha dado la razón a los dos.

    (Continuará)

    30 Marzo 2006 | 07:19 AM

    javier

    javier dijo

    El que ha escrito toda la retahila de arriba e sin duda una persona que merece atención profesional y nuestra compasión.
    Cuidese el colesterol y la tensión

    23 Abril 2006 | 11:34 PM

    Jorge

    Jorge dijo

    La verdad, tanta mala baba, no sé... AT, no hace nada bien. Y lo peor de todo, contagia una horrible sensación de malestar general... Nada que ver con las carcajadas con que despierto a los vecinos de madrugada, cuando leo las cosas que Trapiello dice -con más gusto e ironía- de ti y de tus amiguitos.

    Cuídese los malos humores.

    7 Mayo 2006 | 09:41 PM

    javier

    javier dijo

    Si leer a Trapiello te hace reir en la madrugada tan mala cosa no será...
    Un abrazo fuerte y si no te gustan los libros de Trapiello con no leerlos ya tienes mucho ganado, y unos cuantos euros ahorrados.
    Respecto a lo de mis amiguitos no sé a quien te refieres ya que hago vida casera con mi señora y no soy de salir ni de comidillas ni cenáculos.
    Cuidense y cuidémosnos todos que con el calor la cabeza se recalienta demasiado.

    18 Mayo 2006 | 10:57 PM

    Sibarita

    Sibarita dijo

    Lo poco que he leído de este escritor (un par de novelas) no sé si será suficiente para juzgarlo. como novelista me parece francamente malo. Tal vez no llegué al grado de lo que opina Javier Marías, para quien Trapiello, el de Manzaneda de Torío, y Tomeo son los peores escritores españoles. En fin, cada cual tiene sus gustos. Pero, mi querido amigo lectoileso, tu iconostasio de grandes escritores vivos debe andar algo huérfano en los últimos tiempos.

    21 Mayo 2006 | 10:48 PM

    javier

    javier dijo

    Sibarita, tu comentario del día 21 de mayo me ha encantado y me ha parecido glorioso y digno de un admirador de Javier Marías al que citas como gran opinador. Fantástica esa frase en la que dices que no sabes si con leer dos novelas será suficiente para juzgar a Trapiello para con un puntito y seguido añadir sin más que "Como novelista me parece francamente malo". Respetabilísima opinión pero lo lógico hubiera sido no escribir la primera frase y decir que con dos novelas uno ha tenido ya demasiado y por tanto Andrés es una basurilla.
    Leer bazofias como las que perpreta Javier Marías te ha llevado a esa verbosidad huera y a escribir lo iconostasio que es palabra de esas que valen por lo menos mil euros cada una.
    Para decir esto de javier Marías tuve que sufrir leer una novelucha suya en la que alguien llamaba a su propio padre Kruger o una gilipollez así...
    Está uno ya para pocos iconostasios.
    Un saludo atento

    6 Junio 2006 | 11:09 PM

    sibarita

    sibarita dijo

    En mi mensaje anterior, quise dejar claro que no soy un gran conocedor de la obra de Trapiello. Lo que he leído de él como novelista, me parece pésimo. Tampoco soy un admirador de Javier Marías, aunque Corazón tan blanco y algunos de sus cuentos, a mi juicio, son memorables. En cuanto a la palabra iconostasio, me he limitado a utilizarla porque con ella concluía lectorileso su crítica sobre Trapiello. Comparto otras filias con lector ileso (John Cheever, por ejemplo), pero en la literatura actual (en castellano) hay libros mejores para perder el tiempo que los que perpetra el señor Trapiello. Y para muestra, un botón: "Delley nunca pensó que un timbre pudiese gruñir como un armadillo. Fggg... Fggggg. Fggg". Así comienza una de sus más celebradas novelas el excelso Trapiello. Sin duda, un comienzo digno de Gloria Fuertes, tal vez de Sanchez Dragó, otro personaje que frecuenta más de lo debido los platós televisivos. Para concluir, amigo Javier, voy a darte algunos nombres de escritores que admiro (puede que escriban noveluchas, según tu criterio), como Bolaño, Sergio Pitol, Manuel Rivas, Javier Cercas, Vila Matas, Ray Loriga, Rodrigo Fresán, Jorge Volpi, y muchos otros más que dudo que hayas leído alguna vez.

    6 Junio 2006 | 11:34 PM

    javier

    javier dijo

    Quiero dejar claro yo, al igual que haces tú al declararte poco conocedor de la obra de Trapiello, que soy mal polemista, pero también querría dejar constancia de que me ha sorprendido que cites el comienzo de "Los amigos del crimen perfecto" del mentado Andrés. Esto, y perdona la suposición, me hace maliciar que me halle ante uno de esos lectores que compran el premio planeta o el premio Nadal o el premio nosequé. Mala señal. Pero una frase de las que has escrito me ha asustado aún más dices que en la literatura actual "Hay libros mejores para perder el tiempo que los que perpreta el señor Trapiello"...lo dicho terrorífica frase y digna del mejor Marías. Para aclarar algunas ideas estoy plenamente de acuerdo con eso que escribes, el problema es que yo no leo libros para perder el tiempo, que sin duda los hay eficacísimos para esos menesteres, sino todo lo contrario, leo para ganar tiempo y vida y para reirme y para soñar y para todas esas cosas de la inteligencia y el corazón que tanto abundan en los mamotretos de mi admirado Andrés.
    Respecto a lo que yo leo o no y dado que acabas tu texto dudando de que yo haya leído tan excelsos nombres como los que me señalas te diré que algunos son amigos míos y gente simpática y buenos escritores pero otros en efecto (vease el colega Ray Loriga) quedan para paladares sin duda más exquisitos como el tuyo.
    Un saludo muy atento.

    7 Junio 2006 | 02:15 PM

    sibarita

    sibarita dijo

    Querido (¿mamotreto?), enviale saludos a Trapiello. Y de paso que te enseñe a poner comas, si sabe.

    Saludos efusivos

    7 Junio 2006 | 11:17 PM

    javier

    javier dijo

    No conozco a Trapiello estimado sibarita, pero si así te quedas contento y si no está prohibido saludar en esto del internet, desde aquí le mando un abrazo cariñoso a Andrés. Tengo 130 cm de libros tuyos (dos baldas de 60 cm más 10 cm de otra en la que cohabita con el bueno de Jose Jimenez Lozano, así q

    7 Junio 2006 | 11:35 PM

    javier

    javier dijo

    (perdón se ha cortado sigue la salutación de arriba)
    que este e sun saludo en cierto modo familiar.
    Lo de las comas ¿que te voy a decir puntilloso amigo? Que me las he comido.
    En fin, animo con esas lecturas tuyas. Valor y al toro.

    7 Junio 2006 | 11:37 PM

    poedia

    poedia dijo

    Trapiello es un grandísimo narrador. Quizá sus novelas no estén a la altura de lo que es capaz. (digo quizá). Pero a ver quién le tose con sus tomos de diarios (cada vez más maravillosos, y voy solo por el quinto) o sus libros de poesía ("rama desnuda" sin ir más lejos).
    Y como persona, pues también muy atento y agradable. Al menos esa impresión me llevé del cuarto de hora que charlé con el en la Feria del Libro el año pasado. Que se considera ante todo, poeta, me dijo...
    Saludos...

    7 Junio 2006 | 11:45 PM

    javier

    javier dijo

    Todo esto me ha hecho recordar algo muy curioso... Mi mujer siempre se ríe conmigo cuando bicheo en las librerías y también se enfada, y me dice que ya está bien que los libros nos van a echar de casa. Yo siempre pongo la misma excusa -que voy a comprar el último de Trapiello- y siempre, como lo de las copas con los amigos hay un último libro de Andrés. Pero lo que quería contarte sibarita es que precísamente y acabo de recordarlo ahora mi ejemplar de Sólo eran sombras es un regalo de mi mujer que consideró un triunfo colosal adelantárseme y presentarse en casa con el libro. Sólo me ha regalado por sorpresa dos libros...,que prefiere muchas veces como las abuelas preguntarme primero cúal quiero: éste de Trapiello y "El Tesoro de la sombra" de Alejandro Jorodowsky. Entonces, aunque yo la tenía engañada y estaba todo el día en plan Marcelo Mastroiani actuando, los médicos la habían dado sólo seis meses de vida debido a un cáncer más extendido que los libros malos. Escribió una dedicatoria "Tu eres mi tesoro:te querré aquí y allí, donde no hagamos sombra".
    Tal vez ella sabía que para cada uno hay un lugar donde no hay sombra, y todo es luz y risas. Y a lo mejor para mí, esos libros de Trapiello que rebosan las estanterías son un poco ese sitio, al igual que lo serán los de Ray Loriga para tí.
    En fin.
    Un abrazo atento y como diría el político aquel...sin acritud.

    7 Junio 2006 | 11:51 PM

    Mariel

    Mariel dijo

    Ay, no se, igual es que soy malpensada, pero... ¿tanta crítica a AT no encerrará en el fondo una cierta envidia?

    29 Junio 2006 | 11:24 AM

    Lansky

    Lansky dijo

    Sí, le da mucha envidia su cacahuete a mi banana

    29 Junio 2006 | 12:12 PM

    bluff

    bluff dijo

    Hola a todos!

    ¡Qué bueno que haya salido este escritor a colación!. Yo una vez saqué de la biblioteca un libro suyo, un diario, "Las Cosas más Extrañas", porque alguien me lo había recomendado.

    Me puse a leerlo.

    El tal Trapiello me pareció un tipo curiosísimo.

    Con ocasión de tener hacer uso del puente aéreo para acudir a Barcelona por razones de trabajo, el hombre se pone a elucubrar sobre esto, una de las cosa más triviales del mundo, de los miedos y angustias que puede llegar a causarle el medio de transporte que va a conducirlo hasta la ciudad condal, como si en lugar de tratarse de un viaje de apenas una hora en un airbus 300 lleno de comodidades, hubiere de afrontar una misión bélica intergalácica a bordo de un cohete de fabricación albanesa.

    "¿De dónde ha salido este tío?", recuerdo que pensé.

    Y, luego, cuando se pone a hablar de la discoteca Archy como si fuera algo así como la mansión de Hugh Heffner y se reconoce, en ella, amedrantado, poco menos que cegado por la belleza y la lascivia de sus clientas, volví a pensar:

    "¿Pero de dónde ha salido este tío que es capaz de confundir a unas cuantas buenas chicas pintarrajeadas y teñidas de mechas, a la búsqueda de novio formal, con las conejitas del Playboy?".

    Me hizo gracia, me pareció uno de los tipos más provincianos con los que me había topado en mi vida. De verdad. Y aún así cerré el libro.

    Mi otro acercamiento a este autor, brevísimo, consistió en abrir en un VIPS "Los amigos del crimen perfecto", que acababa de ganar un premio, y darme de bruces nada más empezar a leer, en la primera página, con esta frase (ya citada en este post): "Delley nunca pensó que un timbre pudiese sonar como un armadillo...".

    Me dije, malo, este tío no es de fíar, sólo los/las indios/as yanomamos/as ostentan verdadera autoridad en la materia para saber cómo gruñen los armadillos y distinguir sin el menor género de dudas sus gruñidos de los de los pangolines.

    Y no compré el libro.

    Ahora que lo pienso, ¿y si resulta que el tal Delley pertenecía la citada etnía?. ¡Gluuuup!

    Ya no he leido nada más de Trapiello. ¡A lo mejor el tío escribe cojonudo!. ¡No lo sé!. Yo aquí me he limitado tan solo a contar un par de breves anécdotas.

    Adeu. Sean regulares!

    29 Junio 2006 | 12:43 PM

    Pablo

    Pablo dijo

    Haciendo una búsqueda en google he llegado hasta este foro impagable que ahora mismo añado a mi lista de marcadores.

    Desde que hace ya unos cuantos años, cuando un amigo me habló por vez primera de Andrés Trapiello,me he convertido en un lector incondicional de sus Diarios. Hasta el punto que cada vez que me acerco a la librería de mi ciudad, Coruña, busco la última entrega de los mismos.

    A mi juicio Trapiello crea literatura que no sólo es de gran calidad, sino que va más allá de la propia literatura; leer sus diarios es como compartir largas veladas de conversación con un amigo en el que, como con todo los amigos, uno se ve reflejado.

    Ha sido una triste sorpresa leer la crítica que UNOS CUANTOS SUPOSITORIOS PARA EL MERLUZO DE TRAPIELLO. Me revuelve las tripas ver tanta energía y tiempo malgastado en un exabrupto infantil, escrito además por una persona que se muestra llena de prejuicios religiosos y sexuales. Lamentable, pero en cierto modo es un exponente de uno de los mayores aciertos de este diario; en ellos la literatura se prolonga y confunde con la realidad.

    Saludos cordiales

    7 Agosto 2006 | 11:23 AM

    Lansky

    Lansky dijo

    Pablo:
    Los perros son fieles, los gatos, sensuales y ególatras, los caballos, vigorosos, los bueyes, mansos y los toros, bravos. Trapiello es casposo. Indudablemente "sabe" escribir; no es tonto ( o sí, depende) y ha hecho una profesión de eso, pero nada de lo que escribe contiene ni un ápice de emoción, de duda inteligente, siquiera de apuesta algo ingeniosa. Escribe como los funcionarios probos acuden al curre. Siempre han habido escritores como él; cumplidores y prescindibles. Escribir...bien, ¿qué cojones es eso cuando está al servicio de un individuo tan discreto, en todos los sentidos?. ¿Te gusta Trapiello? Muy bien, hay gente p´a tó, que prefiere los caldos de pastilla o el arroz reventado. Estaís en vuestro derecho, pero. Pero no confundamos las cosas, estamos hablando de literatura, de arte, no de escribidores. Probablemente, lo mejor que es Trapiello es tipógrafo, pero no le debía bastar al muy ignorante.

    7 Agosto 2006 | 12:41 PM

    Vanbrugh

    Vanbrugh dijo

    Lansky, yo siento recaer en esta vocación mía de corrector, créeme que me gustaría evitarlo, me contengo lo que puedo. Pero "siempre han habido", no. Es superior a mis fuerzas. "Han habido", no. A otro se lo pasaría en silencio, pero a tí, que salvo cuando te cabreas o te da por presumir de machito, das muestras de inteligencia y cultura respetables, no puedo. Cómete tildes, si quieres, pónselas hasta a las angulas si no puedes evitarlo, confunde letras, fáltame, dime que te vas a tirar a mi mujer... lo que quieras, pero no digas "han habido".

    Si no es mucho pedir.

    7 Agosto 2006 | 01:02 PM

    Lansky

    Lansky dijo

    Vanbrugh, menos mal que alguien vela por mí.
    Y muy buena tu sabia mezcla de halagos y rapapolvos. Sabes, te has ganado una confidencia: "han habido" es una contaminación de mi boliviana mujer. Contamíname...

    7 Agosto 2006 | 01:35 PM

    Pablo

    Pablo dijo

    Lansky, gracias por su respuesta que me ha parecido muy ingeniosa especialmente en su obertura zoológica. Como soy nuevo en este foro prefiero esperar a ver de que va antes de seguir participando, pues me sorprende la facilidad con la que se entra en la descalificación. Termina su mensaje con un "lo mejor que es Trapiello es tipógrafo, pero no le debía bastar al muy ignorante". Alucino pues entiendo que la gente que aquí se reune tiene la mínima formación como para no actuar de una forma tan básica.

    Ayer leíamos en casa una vez más UNOS CUANTOS SUPOSITORIOS PARA EL MERLUZO DE TRAPIELLO, y no dábamos crédito. Esta persona ha reunido en una página más insultos que todos los que se podrían encontrar en todos los tomos de Diarios de Trapiello. Imaginamos que para actuar así el autor de estos SUPOSITORIOS se siente enormemente agraviado por AT, pero desde luego esta no es la forma de defender su causa.

    Cordiales saludos

    8 Agosto 2006 | 11:13 AM

    Lansky

    Lansky dijo

    Bueno, Pablo, el autor de este blog, Bob (Roberto) le dedica una estupenda loa, creo recordar, más arriba, algo así como "ascenderle a mi iconostasio de grandes escritores vivos". Otra cosa es lo que los asiduos de este blog opinamos y cómo lo opinamos. Pero hay algo en el tono de todos, el mío desde luego, que es como una suerte de venganza poética. Trapiello es, a mi juicio obviamente, casposo, porque trasmite una idea de la literatura ciertamente bachilleril, tediosa, casi obligatoria, muy lejana del gozo de la creación de escribir y de leer. Es además un especialista en esa generación que nos metían con cuchara, la del 98, más bien mediocre con estupendas excepciones. Y su obra, fuera de la de glosador de estos autores, es francamente mediocre. La mayoría de los que aquí aparecemos somos entusiastas del íntimo acto de leer; es lógico que un tipo así nos repatee las tripas. Pero, ¿sabe una cosa? Yo valoro mucho el criterio de Bob, así que me encanta casi tanto cuando disentimos, como en este caso, como cuando, -la mayoría de las veces-, concordamos. Lo mismo vale para usted, Pablo., así que no nos prive de sus corteses visitas.

    8 Agosto 2006 | 12:35 PM

    sibarita

    sibarita dijo

    La técnica de Trapiello es prodigiosa. Esa manera tan peculiar suya de acotar los diálogos, de corregirlos o, como diría Borges, amonestarlos para el populacho (bramó, musitó, respondió, susurró). Me recuerda a ciertas lecturas obligatorias que he procurado olvidar y que el señor Trapiello se empeña en exhumar con la diligencia de un torpe bibliotecario (Arniches, Benavente, Azorín), toda esa literatura rancia de capa y espada, de oligofrénicos y bufones. A su modo, Trapiello es un escritor freaky, el exponente carpetovetónico de las historias pulp, eso sí, disfrazadas bajo los ropajes de cierta erudición. Cuando pienso en Trapiello, me imagino a un niño aplicado, el último en apagar la luz al salir de clase, el tipo que le escribe poemas de amor a la profe cuando llega la primavera. Trapiello escribe como si imitara a Unamuno, pero a un Unamuno con conmoción cerebral, con alguna lesión neurológica en el área del lenguaje que le impide elegir correctamente las palabras a utilizar en el discurso. Trapiello es un mamporrero, y a mí no me gusta que me manoteen en la bragueta.

    8 Agosto 2006 | 09:27 PM

    javier v. andreas

    javier v. andreas dijo

    Trapiello, desde mi punto de vista, es de los que abarcan mucho y aprietan poco. Sus novelas son bastante malas, pero está bien relacionado y le van compensando los favores con algún premio que otro. Como poeta carece de voz personal, sus poemas tienen un puntillo cursi y en ningún momento se desprenden de los ritmos de los poetas que le gustan. Sus diarios son interminables, cuando se pone en plan ensayístico le da tantas vueltas al garbanzo que uno acaba perdiéndose. Debería haber estudiado economía, tal vez así se daría cuenta de que si una cosa la puedes decir en diez líneas hacerlo en diez páginas es un derroche de vanidad y retórica que no conduce a nada.

    8 Agosto 2006 | 11:59 PM

    Lansky

    Lansky dijo

    trapiello de grana y oroooo...

    9 Agosto 2006 | 09:57 AM

    Pablo

    Pablo dijo

    Lansky, gracias por tu respuesta, desde luego una crítica mucho más estimulante y fundamentada que los supositorios e improperios que me he encontrado en esta coctelera.

    Desde un punto de vista técnico hasta me siento más identificado con lo que expones que con el calificativo "prodigioso" que utiliza sibarita. El atractivo que encuentro en los Diarios va más allá de la técnica, sea ésta mejor o peor -para mi más que aceptable.

    Saludos

    Pablo

    9 Agosto 2006 | 11:56 AM

    Lansky

    Lansky dijo

    De acuerdo Pablo. Una cosa más, sobre sus Diarios en concreto -que algo tendrán cuando me leí los tres primeros, luego lo dejé-; me da la impresión que este buen señor no distingue entre sentir curiosidad y ser un cotilla. O sea, que no es que haga de la necesidad virtud, sino que hace de la virtud-curiosidad, vicio-cotilleo. Tampoco me gustan las camisas de cuello de pico que le compra su mujer, ni su avidez de rebuscador en El Rastro (una vez casi me atropella frente a una manta de viejas ediciones) ni que le guste Extremadura igual que a mí. Nada, que no me gusta ese tío. Tú, sí.

    9 Agosto 2006 | 01:05 PM

    javier

    javier dijo

    Ya he intervenido en este foro para decir que me gusta mucho la obra de Andrés Trapiello. No voy a entrar en temas personales de si es un merluzo, un ignorante, usa camisas de cuello pico horribles o empuja a la gente en el Rastro... No me parecen temas de interés. No conozco a Trapiello y me parece extraño que muchos digais que era el que besaba el culo a su maestro de escuela o si trabaja en plan funcionario: parece que fuérais todos amigos de la infancia del pobre Andrés o sus vecinos espías de descansillo. Sinceramente me dice muy poco toda esa retórica descalificadora barata y miserable. Creo que nuestros juicios deben limitarse a los libros que ha escrito.
    Por otra parte tampoco hay que hacer con esto una guerra química, lo bueno que tienen los libros es que a pesar de ser droga, aún no se regalan a las puertas de los institutos sino que valen su dinero, con lo que aquellos que no gustan de Trapiello no tienen nada que temer ya que con no comprar sus libros ni leerlo tienen mucho avanzado.
    Respecto al papel que la posteridad tiene reservado a Andrés ¿quién sabe?. Cada semana leo en algún suplemento que tal o cual novela es la obra mejor del siglo o del milenio y uno ya toma a esos agoreros con humor. Por poner un ejemplo ¿quién ha leido "Larva" de Julián Rios que era la novela más importante de finale sdel siglo XX? Aquella bazofia que tanto brilló no era oro sino bisutería de la que da el pego. Por eso hay que tomar todo esto en plan más risueño estimados amigos lansky, javier v andreas, sibarita etc. Lean ustedes lo que gusten, sus Javier Marías o sus Lucias Echevarrías... que el tiempo ese en que unos u otros irán al basurero o a hacerse estatua aún está muy lejos.

    13 Agosto 2006 | 12:11 AM

    Lansky

    Lansky dijo

    ¿Nos lo tomamos en plan risueño, como nos recomiendas, javier? ¿o en plan trágico cómico, como practicas?

    14 Agosto 2006 | 07:33 AM

    javier

    javier dijo

    Cada uno que se aliñe la ensalada como guste o pueda Lansky. Déjemonos de menu del día...a la carta, cada cual que se pida àra leer lo que quiera. Así de sencillito y sin tragedia ni preocupaciones por la cuenta, que vamos a escote y cada uno paga lo suyo. Sólo pido que dejemos en paz los cuellos de camisa que usa el pobre Trapiello que si es verdad que son puntiagudos y horteras como alguno dice por ahí, y si encima es la santa la que le encasq

    14 Agosto 2006 | 09:15 PM

    javier

    javier dijo

    (perdón se cortó sigue la cosa...)
    le encasqueta esas camisas gitaneras, bastante tiene el pobre con sufrirlo.
    Un saludo muy atento Estimado Larsky y buen provecho.

    14 Agosto 2006 | 09:16 PM

    Lansky

    Lansky dijo

    Por seguir con tu metáfora de restaurantes a la carta y de menú, diré que Trapiello es como unas albondigas de lata. Caducadas.
    Yo también te saludo atento ( y alerta), amigo Javier

    16 Agosto 2006 | 12:24 PM

    Humanoide del Abismo

    Humanoide del Abismo dijo

    Me gusta leer a Trapiello.Hace tiempo que dejé de justificar mis aficiones,no por temor a lo que digan cuatro indocumentados,sino porque me la pela.
    Dicho esto y con todos mis respetos al autor del blog,me marcho a otra web donde encontrar porno de calidad,os aconsejo Putalocura.com.Torbe también se dedica a poner a parir al prójimo,pero tiene más gracia y no se averguenza de ser un pajero.
    (y cuidado con las pajas mentales,son más peligrosas que las otras).Yo respeto profundamente a quien no le guste Trapiello,pero me parecen patéticos los intelectuales de pacotilla que eyaculan sus frustraciones dándoselas de ingeniosos en vez de coger el word y tener huevos para escribir de verdad.Me doy cuenta que estoy descalificando por la cara pero lo siento,se me ha contagiado.Cuando voy a Roma hago lo que los romanos.
    Panda de impresentables

    4 Septiembre 2006 | 04:22 AM

    sibarita

    sibarita dijo

    Lo del humanoide es para hacérselo mirar. Si yo digo que el último disco de Bisbal me parece un mierda, ¿estaré también frustrado?, ¿tendré que echarle huevos y presentarme a Operación Triunfo? Tú, humanoide, a lo tuyo, a tu Trapiello, a tu Bisbal, a tu onanismo. Yo me quedo con Dylan, con Tom Waits, con Bolaño. Y Trapiello, por cierto, me parece una puta mierda como escritor. Se supone que esto es también un foro de opinión, de intercambio de ideas, y nadie tiene por qué ocultar lo que piensa o andar con eufemismos. Y si a ti te parece un escritor cojonudo, pues adelante, fenómeno, que lo disfrutes, pero nadie te autoriza a juzgar a los que frecuentamos esta página; menos aún, a insultar.
    Vete a Roma, Humanoide, y mira a ver si te dejan subir al monumento Vittorio Emanuele disfrazado de chapero y luego arrojarte al abismo o tirarte al Tiber desde el ponte Sant'Angelo con una capa de Superman y las obras completas de Trapiello, que como lastre sí que sirven.

    10 Septiembre 2006 | 04:12 PM

    Sibarita

    Sibarita dijo

    Se me olvidaba. Con las pajas mentales (como con las otras) no te salen pelos en las manos.

    10 Septiembre 2006 | 04:20 PM

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