Aunque nunca me gustó Marzal como poeta, decidí comprarme su primera novela, porque normalmente me gustan las novelas de poetas.
He conseguido llegar, a trancas y barrancas, hasta la página 200 y tengo que confesar que no me interesan nada "Los reinos de la casualidad"; no me gustan sus formas exhuberantes, sus florituras, el tono de sus personajes, las vidas que retrata ni el humor literario que lo impregna todo.
Mientras leía me daba la sensación de que Marzal había minado su narrativa de constantes justificaciones teñidas de ironía para curarse en salud ante los lectores: como si no quisiera ser tomado demasiado en serio, como si todo el tiempo estuviera poniendo distancia entre su libro y yo. Y vaya si lo consiguió.
Quiero aclarar que no he quitado el marcapáginas, que quizás más adelante lo retome y me desdiga, y que críticos literarios de verdad, piensan que es una gran novela:
Don Ricardo Senabre en "El Cultural"
Doña María José GIL BONMATÍ en "Caballo Verde"
Y también que le estoy muy agradecido porque me ha proporcionado un párrafo estupendo que podría quedar divino alfombrando las primeras páginas de mi novela en gestación:

"Yo recomiendo la trigonometría, los límites y la combinatoria, como método para alcanzar el necesario estado de obnubilación que nos impida escuchar el ruido del mundo, cuando pasa sobre nuestras confiadas cabezas tumbadas en la arena."

(Mi novela en gestación, que hoy me parece una gran mierda. Con perdón.)