Yo conocía a Mankell a través de sus libros policiacos, en los que la tediosa calma de un pueblecito de la Suecia profunda se veía alterada por algún crimen que ponía al descubierto la falsedad de lo idílico bucólico rural. Y me gustaba. Aunque nunca me mató de ilusión.
Gracias a una pareja de amigos, he redescubierto a Mankell, pero esta vez como autor de libros juveniles, el primero de los cuales, "El perro que corría hacia una estrella", me ha parecido una maravilla.
Ambientada en los mismos escenarios que sus policiacas, en esta narración de Mankell no es el crimen el desestabilizador, sino el propio protagonista, Joel, quien necesita generar acontecimientos que le saquen de su aburrimiento diario y le distraigan de sus temores e incertidumbres. Quien sale en plena noche en busca del perro que corre hacia una estrella.
Novela iniciática, que construye una de las más hermosas relaciones padre e hijo que recuerdo haber leído y que retrata con precisión pero sin alardes dramáticos la sensación de pérdida en la que nos encuentra la adolescencia.
Historia de personajes multidimensionales, de encuentros determinantes y de bellísimas lecciones de humanidad, "El perro que corría hacia una estrella" merece caer en manos de adolescentes lectores para descubrirles la misma emoción que yo he sentido al leerla. Una delicia. De las buenas.