"Limpiar pescado", de Luis Muñoz
Esta noche he leído la selección de poemas que el propio Luis Muñoz ha hecho de sus libros Septiembre, Manzanas amarillas y El apetito ("Limpiar pescado" también contiene poemas de otro de sus libros, Correspondencias y otros poemas sueltos, pero aún no he llegado a ellos, ni podía esperar.)
He leído a Luis Muñoz y no he podido resistirme al mismo gesto de cuando empezaba a descubrir la poesía: tomar un portaminas y marcar versos para que me pertenecieran; enmarcarlos a lápiz, quedármelos.
Pero esta vez - a diferencia de esas otras cuando la posesión de la poesía ajena era un acto solitario, si acaso un acto alevoso de amor para quien fuera a llegar a compartir mis libros algún día - puedo compartir mi fascinación con vosotros. Puedo, o al menos lo intento.
Los poemas de Luis Muñoz parece que comenzaran dentro de la tierra de los poetas de Luis Muñoz y fueran creciendo hasta que brotan, salen al aire los versos que definen su propia poesía. Magnífica.
Como en este poema, de Manzanas Amarillas, en el que se muestra de modo fascinante el uso que hace Luis Muñoz de imágenes poéticas - tal vez demasiado líricas para quienes nos las dábamos de rigurosos y exquisitos en poesía, y nos alejábamos de ellas como de la peste, a buscar cosas nuevas (jajaja) - y cómo las utiliza para internarse en otro espacio; como si Luis Muñoz escribiese apoyándose y elevando plegarias a la poesía leída y sobre ella - sin soberbia, humildemente - se irguiese para escribir su propia poesía. Admirable humildad.
PRIMERA HORA
Con sus patas de araña
el día apenas toca lo que toca.
Al cielo de la plaza lo despeina
un viento tibio.
A menudo lo oí y no lo quise:
que la repetición te manda.
No:
con la fibra de ayer, con lo que quieras
el hoy es uno.
Como si Luis Muñoz se supiera a todos los poetas - pensé - aunque si quisiera hacer un inventario de todos aquéllos de quienes percibo alientos, bendiciones en sus versos, seguro que me equivocaría. Porque Luis Muñoz ha leído y sabe de poesía mucho más que yo y porque la suya es una enorme y admirable humildad poética que me contagia y me pone en mi sitio.
Desde cómo explica la sensación de Septiembre:
"Septiembre me parece un mes bisagra entre la vida plena del verano y el regreso a clase, al trabajo, un mes entre corrientes de disponibilidad, de tiempo demorado que se conecta con el tiempo demorado de otros años, que no es lineal sino que sigue un mecanismo de vasos comunicantes, y la rutina, lo obligatorio."
Al modo en que es capaz de transmitirla a lo largo del libro, o elabora poemas absolutamente perfectos, de principio a fin:
DOBLE
Pepitas del tomate macerado.
En tu espalda se tienden
con los restos de sal,
de manos, de colchones.
Su memoria es la pista simple
en que circulan.
Ha sido amada muchas veces,
no hay restos de vacío en ningún poro
y mi deseo es más.
16 no. 17.
[NOTA: De cómo llegué al libro de Luis Muñoz ya no es poesía; es una novela. Que no escribiré, supongo.]


Margarita dijo
Que no se sepa jamás la razón por la que ese día Luis Muñoz vendió tantos libros, a la misma hora y en diferentes lugares de esta ciudad... jeje
14 Junio 2005 | 09:11 AM