"Un amor", de Dino Buzzati
Si el resto de la obra de Buzzati se ha comparado en ocasiones con la de su compatriota Italo Calvino o la de Kafka (si me hubieran dado un céntimo de euro por cada contraportada de libro donde he leído una referencia a Kafka en la narrativa de un nuevo autor, hoy tendría un horrible frasco de cristal lleno de pequeñas monedas de cobre con las que no sabría qué coño hacer), esta espléndida novela no le debe nada a ninguno de ellos.
"Un amor" es una novela de dudas obsesivas y deseo inexplicable - ¿acaso hay otro? - de contradicciones y fantasmas tan sólidos que en lugar de desvanecerse se ovillan en la boca del estómago. De la recreación del ser amado, de la deconstrucción de todas sus verdades en mentiras, que en realidad no son sino nuestras propias fantasías.
Y ya que estamos, no estaría nada mal acompañar la lectura del libro de Buzzati con el magnífico, lúcido y en ocasiones descorazonador ensayo de Roland Barthes, "Fragmentos de un discurso amoroso":
Como relato, el amor es una historia que se cumple, en el sentido sagrado: es un programa que debe ser recorrido. El enamoramiento es un drama, si devolvemos a esta palabra el sentido arcaico que le dio Nietzche: "El drama antiguo tenía grandes escenas declamatorias, lo que excluía la acción (esta se producía antes o tras la escena)" El rapto amoroso (puro momento hipnótico) se produce antes del discurso y tras el proscenio de la conciencia: el "acontecimiento" amoroso es de orden hierático: es mi propia leyenda local , mi pequeña historia sagrada lo que yo me declamo a mi mismo, y esta declamación de un hecho consumado (coagulado, embalsamado) es el discurso amoroso. La jornada amorosa parece entonces seguir tres etapas (o tres actos): está en primer lugar, instantánea, la captura (soy raptado por una imagen); viene entonces una serie de encuentros (citas, conversaciones telefónicas, cartas, pequeños viajes) en el curso de los cuales "exploro" con embriaguez la perfección del ser amado, es decir la adecuación inesperada de un objeto a mi deseo: es la dulzura del comienzo, el tiempo propio del idilio. Ese tiempo feliz toma su identidad de que se opone (al menos en el recuerdo) a la "secuela": "la secuela" es el largo reguero de sufrimientos, heridas, angustias, desamparos, resentimientos, desesperaciones, penurias y trampas de que soy presa...
[¿No os parece hermoso - detractores míos - que a cambio de vuestros desprecios y vomitonas verbales yo os entregue amor? ¿No os dais cuenta? ¿No sentís culpa? ¿Tanta que la idea del suicidio os ronda y despierta vuestra naturaleza poética de vanguardia? Dejaos llevar. Encomendaos a Santa Fran Lebowitz:
If you are of the opinion that the contemplation of suicide is sufficient evidence of a poetic nature, do not forget that actions speak louder than words.]
No hay de qué.


Margarita dijo
Por fin soy la primera en comentar!!!!
Antes de que empiece la pasarela de insultos y me quede atrapada entre lineas (muy tontas) quiero decirte que me gusta mucho tu blog!! y me gustas muchos tu!! (si si, suena a fans, pero es que lo soy!)
ahora si, que empiecen los idiotas!!!
8 Junio 2005 | 12:00 PM