Francisco Brines - Luis Cernuda - Meira DelMar - Gloria Fuertes - Antonio Gamoneda - Juan Gelman - Jaime Gil de Biedma - Ángel González - León de Greiff - José Hierro - Juan Ramón Jiménez - Nicanor Parra - Pedro Salinas - Jenaro Talens - José Ángel Valente - César Vallejo

  • Francisco Brines

    La vida me rodea, como en aquellos años
    ya perdidos, con el mismo esplendor
    de un mundo eterno. La rosa cuchillada
    de la mar, las derribadas luces
    de los huertos, fragor de las palomas
    en el aire, la vida en torno a mí,
    cuando yo aún soy la vida.
    Con el mismo esplendor, y envejecidos ojos,
    y un amor fatigado.

    ¿Cuál será la esperanza? Vivir aún;
    y amar, mientras se agota el corazón,
    un mundo fiel, aunque perecedero.
    Amar el sueño roto de la vida
    y, aunque no pudo ser, no maldecir
    aquel antiguo engaño de lo eterno.
    Y el pecho se consuela, porque sabe
    que el mundo pudo ser una bella verdad.

  • Luis Cernuda

    Muchachos
    Que nunca fuisteis compañeros de mi vida,
    Adiós.
    Muchachos
    Que no seréis nunca compañeros de mi vida,
    Adiós.

    El tiempo de una vida nos separa
    Infranqueable:
    A un lado la juventud libre y risueña;
    A otro la vejez humillante e inhóspita.

  • Meira DelMar

    Llegas cuando menos
    te recuerdo, cuando
    más lejano pareces
    de mi vida.
    Inesperado como
    esas tormentas que se inventa
    el viento
    un día inmensamente azul.

    Luego la lluvia
    arrastra sus despojos
    y me borra tus huellas.

  • Gloria Fuertes

    Escribo sin modelo
    A lo que salga,
    Escribo de memoria
    De repente,
    Escribo sobre mí,
    Sobre la gente,
    Como un trágico juego
    Sin cartas solitario,
    Barajo los colores,
    Los amores,
    Las urbanas personas
    Las violentas palabras
    Y en vez de echarme al odio
    O a la calle,
    Escribo a lo que salga.

  • Antonio Gamoneda

    Amé todas las pérdidas.
    Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible.

  • Juan Gelman

    te nombraré veces y veces.
    me acostaré con vos noche y día.
    noches y días con vos.
    me ensuciaré cogiendo con tu sombra.
    te mostraré mi rabioso corazón.
    te pisaré loco de furia.
    te mataré los pedacitos.
    te mataré una con paco.
    otro lo mato con rodolfo.
    con haroldo te mato un pedacito más.
    te mataré con mi hijo en la rnano.
    y con el hijo de mi hijo/ muertito.
    voy a venir con diana y te mataré.
    voy a venir con jote y te mataré.
    te voy a matar/derrota.
    nunca me faltará un rostro amado para matarte otra vez.
    vivo o muerto/un rostro amado.
    hasta que mueras/
    dolida como estás/ya lo sé.
    te voy a matar/yo
    te voy a matar.

  • Jaime Gil de Biedma

    Ahora me pregunto si es que toda la vida
    hemos estado aquí. Pongo, ahora mismo,
    la mano ante los ojos —qué latido
    de la sangre en los párpados— y el vello
    inmenso se confunde, silencioso,
    a la mirada. Pesan las pestañas.

    No sé bien de qué hablo. ¿Quiénes son,
    rostros vagos nadando como en un agua pálida,
    éstos aquí sentados, con ojos vivientes?
    La tarde nos empuja a ciertos bares
    o entre cansados hombres en pijama.

    Ven. Salgamos fuera. La noche. Queda espacio
    arriba, más arriba, mucho más que las luces
    que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados.
    Queda también silencio entre nosotros,
    silencio
    y este beso igual que un largo túnel.

  • Ángel González

    Escribir un poema se parece a un orgasmo:
    mancha la tinta tanto como el semen,
    empreña también más en ocasiones.
    Tardes hay, sin embargo,
    en las que manoseo las palabras,
    muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
    les levanto las faldas con mis dedos,
    las miro desde abajo,
    les hago lo de siempre
    y, pese a todo, ved:
    ¡no pasa nada!
    Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
    "Lo digo y no me corro".
    Pero él disimulaba.

  • León de Greiff

    Yo me enveneno con un recuerdo:

    En el violado camarín, la seda
    y el sutil vello y de odorante nardo
    discreto olor y la hora soñada...

    Yo me enveneno con un recuerdo.

    En el violado camarín, el mudo
    férvido amor que en las pupilas arde
    y el tibio zumo de la boca henchida...

    Yo me enveneno con un recuerdo.

    En el violado camarín, desnuda
    la grácil forma sobre el raso verde
    y a mí enlazada la delicia toda...

    Yo me enveneno con un recuerdo.

  • José Hierro (sobre todo su "Cuaderno de Nueva York")

    Yo ya no lloro,
    excepto por aquello que algún día
    me hizo llorar:
    los aviones que proclamaban
    que todo había terminado;
    la estación amarilla diluida en la noche
    en la que coincidían, tan sólo unos instantes,
    el tren que partía hacia el norte
    y el que partía hacia el oeste
    y jamás volverían a encontrarse;
    y la voz de Juan Rulfo: "diles que no me maten";
    y la malagueña canaria;
    y la niña mendiga de Lisboa
    que me pidió un "besiño".
    Yo ya no lloro.
    Ni siquiera cuando recuerdo
    lo que aún me queda por llorar.

  • Juan Ramón Jiménez (segunda y tercera época)

    ¡Intelijencia, dame
    el nombre exacto de las cosas!
    . . . Que mi palabra sea
    la cosa misma
    creada por mi alma nuevamente.
    Que por mí vayan todos
    los que no las conocen, a las cosas;
    que por mí vayan todos
    los que ya las olvidan, a las cosas;
    que por mí vayan todos
    los mismos que las aman, a las cosas . . .
    ¡Intelijencia, dame
    el nombre exacto, y tuyo,
    y suyo, y mío, de las cosas!

  • Nicanor Parra
    Ya que la vida del hombre no es sino una acción a distancia,
    Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso;
    Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan:
    No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo;
    Ya que nosotros mismos no somos más que seres
    (Como el dios mismo no es otra cosa que dios)
    Ya que no hablamos para ser escuchados
    Sino que para que los demás hablen
    Y el eco es anterior a las voces que lo producen,
    Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos
    En el jardín que bosteza y que se llena de aire,
    Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir
    Para poder resucitar después tranquilamente
    Cuando se ha usado en exceso de la mujer;
    Ya que también existe un cielo en el infierno,
    Dejad que yo también haga algunas cosas:

    Yo quiero hacer un ruido con los pies
    Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.

  • Pedro Salinas

    No te veo. Bien sé
    que estás aquí, detrás
    de una frágil pared
    de ladrillos y cal, bien al alcance
    de mi voz, si llamara.

  • Jenaro Talens

    Surges de un cielo antiguo,
    del frescor crispado
    con que la nieve repentina azota la ciudad.
    Te cubre un halo, como en una foto
    en la que se ha perdido el claroscuro
    y los contornos y tan sólo el frío
    te reconforta y te protege.
    Sobre la cartulina
    mis dedos acarician lo que intuyen de ti
    y se demoran, impacientes, como quien espera
    que se abra una puerta.
    y le inviten a entrar.

  • José Ángel Valente

    La aparición del pájaro que vuela
    y vuelve y que se posa
    sobre tu pecho y te reduce a grano,
    a grumo, a gota cereal, el pájaro
    que vuela dentro
    de ti, mientras te vas haciendo
    de sola transparencia,
    de sola luz,
    de tu sola materia, cuerpo
    bebido por el pájaro.

  • César Vallejo

    ¡Y si después de tantas palabras,
    no sobrevive la palabra!
    ¡Si después de las alas de los pájaros,
    no sobrevive el pájaro parado!
    ¡Más valdría, en verdad,
    que se lo coman todo y acabemos!