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La Coctelera

Lector Ileso

Diario de entusiasmos literarios subjetivos sin rigor: críticas sin criterio de novelas, poemas, artículos, eventos,... Parole, parole, parole.
Escribir es mentira. Leer es verdad

10 Mayo 2005

Editar en España I: "Tiempo de editores"

Tiempo de editores: Historia de la edición en España 1939 - 1975 es un apasionante recorrido por la historia editorial española que se inicia en la posguerra - desde los proyectos reconducidos a la fuerza, a los nacidos al calor de la victoria o a los puramente oportunistas -, continúa con la creación de las gigantes Planeta , Plaza y Janés o Bruguera en pleno desarrollismo y llega hasta la democracia - con especial atención a las editoriales creadas en la última época del franquismo (en su mayoría barcelonesas: Seix Barral, Anagrama, Lumen, Tusquets, ...)

Desfilan por el libro grandes personajes, como José Manuel Lara (padre), Carlos Barral, Francesc Bruguera o - mi favorito - José Janés (1913 - 1959), amigo y anfitrión barcelonés de Somerset Maugham o André Maurois; editor de "un pasado catalanista y republicano (...) que consiguió publicar más de 1.600 títulos en veinte años", un hombre que entre 1940 y 1959 editó en España, entre otros títulos:

- Obra completa de Somerset Maugham
- Obra completa de Thomas Mann
- Obra completa de Marcel Proust
- Obra completa de Ruyard Kipling
- Obra completa de Chesterton
- Obra completa de Aldous Huxley
- Obra completa de H. G. Wells
- Obra completa de Luigi Pirandello
- Obra completa de Virginia Woolf
- Los Premios Pulitzer de Novela
- Los Premios Goncourt de Novela
- "Trilogía del vagabundo", de Knut Hansum
- "Los Cantos", de Leopardi
- "Historias extraordinarias", de Edgar Allan Poe
- "Memorias", de Winston Churchill
- "Los caballeros las prefieren rubias", de Anita Loos
- "La montaña mágica", de Thomas Mann
- Colección Woodehouse, con 42 títulos a 40 pesetas

José Janés, que pese a la apabullante lista anterior (que lo sería mucho más si hubiera incluído todos los títulos) decía de sí mismo: "Soy un hombre de letras, pero de letras de cambio."

Tiempo de editores...

servido por lectorileso 16 comentarios compártelo

16 comentarios · Escribe aquí tu comentario

juan

juan dijo

Oh!
Sin tener relación con el post de hoy de Bob, quiero hacerme eco aquí de lo que parece la Gran Debacle Sentimental de los Siete Sabios. Ya desde el cambio en el perfil de Bob (donde dice -dices- que han echado garrafón en el cóctel; muy sutil) me venía yo imaginando lo que, por otra parte, es lógico: que los autores originales de La Coctelera habrían de sentirse realmente incómodos con la invasión de nuevos usuarios con derecho a blog.

Después he leído, con mucha ingenuidad, el post de otro autor iniciático, Miénteme. Si no es por la foto de La Coctelera que ilustra el texto, no habría caído en el significado real de sus palabras. De hecho, no entendí nada. Pero luego esa "masificación", ese "producto" y ese "los que componían" se me han aclarado y, la verdad, me ha dado un poco de pena.

No sé qué gana La coctelera con la eliminación de aranceles, alzado de barreras y legalización masiva de solipsistas. No veo publicidad ni cobran por hacerse un blog. Ignoro asimismo si este cambio ha reportado algún beneficio económico (en compensación) para los autores iniciales, ya que sin duda la mayoría de los internautas que han abierto un blog en esta web lo han hecho empujados por el barniz serio, profesional y exitoso (Almu publicada, etc.) que sus siete primeros espadas han aportado durante no sé cuánto tiempo. Pero la cuestión es que esos siete fundadores (que al parecer, ni cena han compartido) se han visto inmersos en una especie de broma, del tipo de: "Ven a mi fiesta privada. Todos iremos con frac", cuando lo cierto es que todo el mundo viste camiseta.

Au revoir les enfants!

10 Mayo 2005 | 11:45 AM

antoño

antoño dijo

Que gran falta de respeto, además, a lectores como tu

10 Mayo 2005 | 11:47 AM

juan

juan dijo

Y que lo digas. Aunque, pecador de mí, yo también he abierto un blog, que por supuesto es cojonudo, y hasta me planteo no seguir con él dado el bajísimo nivel de mis compañeros de invasión. Ejemplo: "Este es mi primer Post en la coctelera!! Estoy muy contetnto con este nuevo blog que tiern un sistema de publicaion tan majo y tan intuitivo en el que los consultores de usabilidad..." Por Dios!! Escribe majaderías pero por lo menos con pongas una errata cada cinco palabras!! Y el tío se despide: "luego corrijo las faltas". Hombre, muchas gracias.

Lo que me fascina de la locura blogera que vive esta web es lo evidente que resulta el desprecio del personal por el idioma. Literalmente, les importa un huevo. Y ésa es la diferencia fundamental con los Siete Sabios, que por lo menos cuidaban un poco lo que publicaban.

En fin.

10 Mayo 2005 | 01:29 PM

Bob

Bob dijo

Querido Juan,

desgraciadamente el único rigor que se valora es el mortis (gracias, necrófilos)

10 Mayo 2005 | 02:05 PM

evita

evita dijo

bueno Juan, pues dinos cúal es tu blog para que todos podamos ver lo cojonudo que es, no?

10 Mayo 2005 | 10:32 PM

Roberto

Roberto dijo

Ayer, mientras recorría la estantería de una librería, encontré una revista que editan, creo que en Valladolid, que se llama LETRAHERIDOS. Me hizo gracia. Sólo eso.
Saludos

11 Mayo 2005 | 09:29 AM

evita

evita dijo

Letraheridos es una traducción del catalán:

Lletraferit: amant de conrear les lletres

que es lo que somos algunos de nosotros.

11 Mayo 2005 | 01:21 PM

juan

juan dijo

Evita, ¿te pareció cojonudo?

11 Mayo 2005 | 01:33 PM

Lector Ileso

Lector Ileso referenció

Editar en España II: "Pasando página", de Sergio Vila-Sanjuán.

...em>Tiempo de editores: Historia de la edición en España 1939 - 1975 ... ver +

Capítulo Segundo: "Pasando página. Autores y editores en la España democrática...

13 Mayo 2005 | 09:50 AM

James

James dijo

Thomas Mann tiene una narración densa i fluida

22 Octubre 2005 | 11:29 AM

MERLIN

MERLIN dijo

Están afuera de aquello en lo que están inmersos.
M

22 Octubre 2005 | 12:39 PM

T. M.

T. M. dijo

THOMAS MANN tiene una narración proporcional a su talento, tu, j. tienes una visión proporcional al tuyo.
No entiendo donde quieres llegar.

23 Octubre 2005 | 03:16 PM

Miróm

Miróm dijo

James tampoco.

24 Octubre 2005 | 10:22 PM

Gonzalo

Gonzalo dijo

Quisieramos difundir obras de autores de la web www.11enbarra.com ¿A donde nos podemos remitir? ¿Tienen direccones de correo electronico de editoriales? Es un material medio raro, pero tiene muchos adeptos. Una muestra:
Espero respuesta (acuse de recibo) info@11enbarra.com

Saludos y mando todo medio mezclado, cuentos descafeinados, relatos alcohólicos y semi poesías.
Como el mar

Como el mar pasa sus dedos, de espuma,
burbujas y agua dejando a la orilla mojada
... salada.
Yo rompo las olas de mi pasión entre
tus piernas, dejándote acre, húmeda,
... tendida.

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Con mi dedo juego

Con mi dedo juego, tu pezón se marca y se diluye detrás de esos pocos centímetros de tela. Dibujo en tu areola como el viento sobre la playa.
¿Qué es la arena sin el mar?
Tétrica construcción que intenta atrapar niños en un plaza.
¿Qué tu rostro sin tu alma?
Escultura de yeso, carne en el freezer, guardada sobre la verdura y la botella de vino.

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El sol

El sol derritió,
el chocolate de la noche

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Friné

Friné tenía un tatuaje que pasaba desapercibido. Nada más que por estar sobre las tetas más firmes y redondeadas del lugar. Era muy sensible al frío y dos puntas duras como almendras daban crédito a ello.
Siempre intenté buscar pequeñas magias, milagros sencillos, ya que por humildes que fuesen, abrirían la posibilidad de existencia a los mayores.
El tatuaje de Friné era mágico, cuando quería sexo pasaba de la teta derecha a la izquierda.

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La lluvia mas fría

Si en mi pecho hay una herida, que sangra y me desangra;
no piensen pobres incautos que fue un cuchillo quien la hizo...
fue el filo de un sueño prohibido que me ensartó dormido.

En este mundo de realidad y despiadada cobardía, meramente soñar...
aunque los sueños sean lo nocivo del veneno y las poesías sólo se escriban
con mayúsculas sobre el mármol que convierte en esquina a la calle y en epitafio a estos versos:

Ella estaba dentro de un tenue glaciar, dormida; una blanca lluvia decoraba
ese congelado paisaje de mis sueños. Atardecía sin amanecer y yo no podía
ni cerrar las manos ya azuladas. La respiración se me entrecortaba y bajo esa fría lluvia no me mojaba.

Me acerco... al verla pálida y mortecina, tan tendida sobre el suelo. Me arrodillo a su lado. Siento el gélido abrazo del lugar calando mis huesos y la pasividad de ella ciñendo mi alma.
Tiene los ojos cerrados como tumbas milenarias, los labios entreabiertos como la puerta al cielo.

Apoyo su cabeza sobre mi pecho, la canasta de dedos que la conduce tiembla. Deseo darle el poco calor que ocultan mis venas. Me empeño en ser refugio, protección.
El agua acaricia todo su cuerpo, y el viento golpea con sus perlas los cabellos que se escurren entre mis manos.

Cierro los ojos para ver mejor, intento inútilmente robarle a mi memoria una imagen de ella despierta, de repente. Siento en mis labios un frío extraño que arde como lava, quizás como el mismo magma.
Un beso pecador me lleva al infierno y al paraíso, ida y vuelta mil veces.
No me importa donde voy, no sé dónde estoy, ya que entre sus brazos y en un beso soy inmortal por una vida, eterno por un instante y feliz por un momento.

Brota una sonrisa de su boca, cuán rosa ensangrentada, de la nieve.
Su palidez se ruboriza y sus senos firmes detrás de la tela se transparentan.

El universo dentro de sus ojos se abre igual que el más bello amanecer, como un túnel brillante en la noche más oscura. Algo en mi pecho hierve y se le escapa a las palabras, algo dentro de la médula de mí poesía se le esconde a la lógica y a la razón.
Dentro del aberno congelado, regalo del sueño, bajo estas gotas de hielo... ella y yo podemos guiarnos por la pasión.

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Mujer en otoño, deshojándose mientras cavilo

Pienso mientras ella se quita la ropa. Los seres humanos somos como pueblos a los que accedemos por caminos distintos, según el viajero, el momento o la suerte. Veo como desabotona su camisa de arriba hacia abajo. Botón primero, segundo, tercero, miro ese corpiño blanco, con encajes. Se detiene unos segundos, yo me presiono las sienes con mis dedos mayores, apoyo los codos sobre las piernas. Distintos pueblos, distintos caminos, distintas maneras de conocer. Cortas estancias, largas vacaciones, exilios obligados, cada uno distinto. . La camisa negra hecha un bollo en el suelo. El botón del pantalón, vencido entre esas uñas largas y rojas, la cremallera, musitando un sonido de metal, el ombligo, una línea de pelitos rubios casi invisibles, mis manos de respaldo, me echo para atrás como temiendo. Hay quienes eligen solamente conocer los puntos turísticos y van guiados, quienes recorren los barrios peligrosos, quienes se pierden.
El pantalón como un acordeón, los zapatos volando por un gesto, las piernas al desnudo, mis labios temblando. Con el tiempo en los pueblos se construyen carreteras, o se abandonan o se pierden bajo tormentas, huracanes, incendios. Sus pechos se expresan a través de la tela por un punteagudo emisario, el color blanco deja tras de sí, un rosado, un canela y mil sensaciones erizadas por el frío. Cuantos pueblos hermosos, pero anónimos no pudimos conocer, cuantas fuentes de agua cristalina no visitamos ayer, quien puede pensar cuando una mujer desnuda te invita a su cueva más profunda.

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Muy adentro

Estaba borracho
de brandy con cerezas,
rutina y agobio,
unas tetas dormidas,
recostadas a mi lado
no sentía las chispas
de mi pipa en piel.
pero mi tierra,
Argentina, dolía
muy adentro.

*************************************

Metáfora del olvido

Metáfora del olvido,
en este amanecer
alegoría de la muerte.

Recortada bajo la consistente oscuridad,
un cuerpo aún menos luminoso que el resto.
Sólo se distingue el pelo, como una hiedra
salvaje. Atrapando a la almohada.
(El tímido sol abre un poco más sus alas de fuego y
calor)
Ya se recortan los labios que conservan esa actitud
lactante. La piel cambia de color... segundo a
segundo. Los hilitos de claridad juegan a variar los
colores pardos por rosados y blancos. Lavan las partes
que tocan, esta luz es un mar rompiendo una costra de
arena negra. Debajo unos pocos pelitos.
(Los pájaros monocordes, las cascadas sanitarias, los
bostezos, el chirriar de las bisagras, el reptar de
los automóviles detrás de la ventana, indican que la
civilización se despertó)
Ella no, sigue tendida, ajena a la manada, se
escaparon sus pestañas arqueadas, antes presas de las
tinieblas. Trajeron consigo unos ojos entornados sin
fuerza. Placidez.
(El aire nocturno, fácil de incorporar y fresco,
abandonó su puesto y ahora lo que entra en los
pulmones es un vapor)
Su piel se perla, el ritmo de sus pechos blancos,
rosados, pezones pintados con el mismo pincel que los
labios, se acelera. Las mejillas se cargan de sangre,
los brazos de abren y vuelan hasta los límites de la
cama.
(Hace rato que el día tortura a los noctámbulos
maldecidos con un trabajo tempranero, para mí
amaneció) Ahora (Cuando abrió sus ojitos claros).

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El Holandés

Cuando termina de trabajar, cierra las puertas y aprovechando que está solo saca melodías hermosas del órgano de tubos que hay en la entrada. Siempre le gustó tocar el piano, la fotografía y el dibujo.
La hija del dueño, Ane, es una chica de venti tantos años. Muy linda, pero formada en oposición a su madre, Linda. Es alta, rubia, la piel muy blanca, ojos celestes que evaden el encuentro con otros y se viste siempre de varoncito. Camisas holgadas, pantalones largos, pelo recojido, cara lavada y se aleja siempre de los seductores. Tiene un miedo terrible a que la quieran por su dinero. Su padre, es propietario de varios pisos, muchas empresas y después de un ataque cardíaco dejó el manejo de todo a su hijo. A los cincuenta, al borde de la muerte se dio cuenta de que la vida no es eterna y que acumulando bienes se había olvidado de vivir. A partir de ese momento viaja acompañado de una tailandesa menor que su hija sin preocuparse más que de haber comprado viagra. Condena a su mujer a vivir dentro de la urbanización, controlada, amenazada, a una vida de masturbación y frustrante ansiedad. Linda es delgada como su hija, pero bronceada, su marido años atrás le regaló una operación de pechos. Es una cuarentona, patológicamente seductora, cuidada, culito preparado en el gimnasio, figura estilizada, pelo casi blanco y sus pechos merecen una descripción más profunda. Siempre toma sol desnuda en el jardín de su vivienda, son redondos, inmóviles, el pezón justo en el centro, grandes y antinaturalmente desafían la gravedad. Se le notan algunas costillas y la cintura completa el circuito de curvas mortales. Igualmente sus encantos, ya no reciben la devoción de su marido, él busca nada más que juventud, como si la vida del cuerpo oriental de su amante, pudiera impregnarse sobre su piel arrugada.
Toda la parte baja de la urbanización era de John, el padre de Ane. Más de diez dormitorios, piscina, trescientos metros cuadrados de parque, bodega gigante, salón de arte moderno y lo más importante, un piano de cola blanco en ese sitio.
Lo había comprado el hermano de Ane, pero no tuvo la constancia necesaria para aprender a sacar música de sus teclas.
Cuando Ane escuchó a Oscar tocar el viejo órgano de tubos del pub, inmediatamente lo invitó a su casa. Desde pequeña quiso que algo del salón de arte le trasmitiera una sensación. Siempre pensó que sus padres vivían solamente de apariencias, que no valoraban ni una de las pinturas, que colgaban de las paredes por ostentación. Al ver a Oscar, recorrer con sus dedos largos, esos rectángulos blancos y negros, sintió una emoción muy grande. A partir de ese día, cada vez que cerraban el pub y los feriados, ellos se juntaban en el salón del piano, él tocaba a Chopin y ella le contaba sus sueños y su desprecio a todo lo que a su familia se refería.
- Me quiero comprar un velero y visitar Grecia, pero lo quiero hacer con mi dinero, juntando cada céntimo de mi sueldo -. Cada vez que se quitaba la camisa blanca de su uniforme, Oscar detenía por unos segundos su interpretación. Un par de senos, libres sin corpiño, respondían a la emoción que Oscar provocaba a través de la música. Con el tiempo descubrió exactamente que melodías tocar para endurecer sus pezones, para erizarle la piel y colorear sus pálidas mejillas con tonos cálidos. Senos jóvenes, levemente caídos, ni grandes, ni pequeños, justos para que quepan en la palma de una mano.
- ¿Por qué no tienes novio, Ane? - preguntó Oscar cerrando la tapa del teclado.
- No puedo evitar, pensar que me quieren por mi dinero -, cambia su expresión relajada, junta las cejas levemente y vuelve a poner la camisa - Creo que el verdadero amor es inevitable, ni yo misma voy a poder hacer nada para contenerme cuando nazca -. Silencio total, varios minutos.
- Estoy cansado, me voy a mi piso a dormir.
- Quédate a dormir aquí, mañana te despierto y vamos a caminar por la playa.
Oscar se quedó a dormir, pero a la mañana lo despertó Linda. Estaba envuelta en una bata de seda corta que con algunos movimientos dejaba ver que no usaba ropa interior ninguna.
- ¿Como te llamas? - Preguntó mientras que se sentaba, bandeja en mano, a los pies de la cama de Oscar. Hablaba con una voz femenina pero rasposa, cansada, articulaba cada palabra como si fuera parte de una poesía clásica, como si a las palabras le gustasen retumbar detrás de esos labios anchos, pintados, con una expresión estudiada.
- ¿Donde está Ane?.
- Discutimos, como siempre, y se fue a navegar. Te traje cafe con leche, zumo de naranja y galletas ¿cómo te llamas?
- Oscar, señora.
- Me gusta mucho como tocas el piano -, dejó la bandeja a un lado y entre sus manos de cuarenta años, llenas de anillos y brillantes, tomó la del holandés. Él no podía evitar, mirar cada tanto a esas obras maestras de la cirugía estética.
- Gracias -, exclamó sentándose.
- Bebe el café que se enfría, - le puso sin que él se lo pidiera dos cucharadas de azúcar y se lo revolvió lentamente -, no esperes nada de Ane, jamás estuvo con un hombre, sos el primero que trae a casa -. Le da la taza de café y bebe del zumo dejando marcas de carmín en el vaso.
- ¿Mi ropa?
- En la lavadora, para después de que te bañes estará lista. El baño de invitados está del otro lado del pasillo. Se levantó rápido, pero la bata tardó unos segundos en cubrir su culo perfecto a base de gimnasia y tratamientos para prevenir la celulitis. Atravesó el pasillo con pasos cortos. El ruido de los tacos altos sonaba tac, tac, tac.
Oscar terminó el café de un trago y envuelto en la sábana buscó el baño, tuvo que abrir varias puertas hasta que detrás de una vio una nube de vapor. El cuerpo quinceañero de esa mujer de cuarenta desnuda. Llena de espuma. La flor de la ducha apuntada al centro de su pecho ¿no era el baño de invitados? Oscar envuelto en la sábana no pudo disimular una erección.
- Entra, holandés pianista, es una forma de ahorrar agua.
- No gracias -. Cruzó todo el jardín, descalzo y se sentó al piano, furioso, castigó las teclas. Al rato, Ane, lo ve con el torso desnudo. A pesar de ser delgado y alto, Oscar tiene una complexión bastante atlética. Pectorales trabajados, abdominales marcados y los brazos fuertes. Los hombros no son anchos, pero su sonrisa inocente conquista a cualquier mujer.
- ¿Qué haces?
- Tu madre me puso la ropa a lavar -. Contestó el holandés dejando de mover las manos y sin mirar a Ane.
- Siempre igual, es una puta -. Articuló entre dientes la inglesita enojada.
- No importa.
- Te voy a buscar ropa.
Al rato le trajo un pantalón, una remera y zapatillas que eran de John, su hermano.
- Ponte estos, seguro que te quedan -. Oscar se levantó, dejó caer la sábana y desde el taburete hasta Ane, caminó desnudo. La inglesita no pudo evitar detenerse a contemplar el pene relajado, pero imponente del holandés. Él antes de agarrar la ropa, besó a Ane. Ella no sólo, mantuvo durante todo el beso, sus labios cerrados e inmóviles. Salió presurosamente por la puerta dejando la ropa en el suelo y a Oscar sin palabras, frustrado.
Oscar tuvo que soportar estoicamente las tentaciones ininterrumpidas de Linda. Verla tomar sol desnuda, llena de aceite bronceador, tratar de no mirar cuando se paseaba por la casa con los modelitos más sexies del mercado. Para volverlo loco invitaba a jóvenes amigas, con las que compartía largas jornadas de masajes. Cada vez Ane estaba más lejana, y la madre más osada. Fue imposible resistirse. Una noche, la hermosa cuarentona, lo despertó con un fellatio. Lo que el holandés pensó, era un sueño erótico, resultó ser una delicada mamada, en la boca de una experimentada mujer de mundo. Era lógico, dos personas apasionadas, casi conviviendo, soportando meses de abstinencia. Tentándose, jugando, activa o pasivamente, pero jugando. Aunque por un instante trató de contenerse, el pene de Oscar en esa cavidad candente era como con levadura.
Oscar dejó a linda con una sonrisa roja, lasciva y con dos líneas de semen cayéndole por las comisuras de los labios. Tuvieron sexo, sin nada de amor. Podría jurar que hasta con desprecio. En secreto el holandés cada vez hizo sonar menos las teclas del piano blanco y más a la bronceada madre de la mujer que amaba.
Llegaron las vacaciones, toda la familia en la gran planta baja de la urbanización. Los dos John, la secretaria tailandesa, Ane y el holandés.
Durante ese tiempo, los furtivos amantes dejaron sus encuentros. Linda le advirtió de que su marido estaba esperando encontrarla en algún desliz, para dejarla sin dinero, divorciarse y casarse con su secretaria. Ane y Oscar se comportaron casi como una pareja, ella cada vez se abrió más al cariño holandés. Vio lo poco que valoraba el dinero, el desprecio ante los lujos que Oscar tenía y aprendieron a disfrutar una cerveza bien tirada más que el caro champagne de Francia.
John hijo, se hizo muy amigo de Oscar. Aprendía a tocar el piano, tardíamente y le contaba la vida de empresario que llevaba ocupando el lugar de su padre.
Sentía que estaba cumpliendo un destino imposible de rechazar, develaba ante sus palabras una cierta molestia a causa del repentino cambio de su progenitor.
- No es que me moleste, pero por lo menos podría ayudar un poco - repetía John junior tratando de captar todas las instrucciones de Oscar -. No me quejo, pero...-. Así comenzaban todas sus frases.
John, padre, tenía cincuenta años sin disimular ni uno sólo. El poco pelo que tenía se lo rapaba, se dejaba una trencita en la nuca y un bigote ancho, tupido. No era tan alto como su hijo, y tenía sobrepeso, no mucho pero lo suficiente como para tener panza y la cara inflada. Papada y mejillas regordetas. No sé que contrato pre marital habrán hecho con Linda, pero a pesar de que este le exigía una fidelidad férrea, John no disimulaba para nada su relación extra matrimonial con su secretaria. Todas las mañanas se montaban en la cuatro por cuatro y hasta el atardecer se quedaban en una playa nudista. La tailandesa llevaba el silencio en el rostro, muy oriental. Era una geisha moderna, que tenía que bañar al viejo con esponja antes de acostarse, hacía todo lo que John le pedía con una solemnidad, muy llamativa. Tenía un tatuaje que ocupaba toda su fibrosa y estrecha espalda, un par de tetitas muy simpáticas, pero todo su atractivo dormía en su trasero. Redondo, con un sendero de sombra entre dos curvas macizas, hasta podría decir, elevadas nalgas. Era muy común ver al viejo inglés recostado al lado de la fuente de su jardín, sobre unas sábanas de raso rojo y a la tailandesa a unos metros desnuda, quieta como una estatua de carne para que su dueño tuviera de paisaje, esa espalda de mujer tatuada que terminaba en un milagroso recreo para los sentidos.
- Holandés, ¿has leído a Wilde?
- No señor -. Contestó Oscar cuando se disponía a entrar a la sala del piano.
- Te preguntarás, ¿por qué?, hago que se quede frente a mí mostrándome el culo. Sacó de su bolso un libro y leyó através de un par de gafas pequeñas y redondas como las de Gandhi: "Lord Henry, al entrar en el jardín, encontró a Dorian Gray con la faz hundida en un gran ramo de lilas, sorbiendo febrilmente el aroma como si fuese vino. Se acercó a él y le puso la mano sobre el hombro. - Hace usted bien - murmuró -. Nada puede curar mejor el alma que los sentidos, y nada puede curar mejor los sentidos que el alma".
- Muy hermoso, señor.
- Ahora, hazme el favor de tocar en el piano algo bello, para un viejo que trata de robarle a la vida unos últimos años de felicidad -. Oscar entró y estuvo tocando para John hasta el anochecer.
Ane y Oscar cada vez fueron logrando más intimidad, la frontera era el sexo. La inglesita seguía siendo virgen, a pesar de dormir desnuda junto al objeto de su amor. Exploraba a su Febo, con curiosidad infantil, se dejaba besar, tocar, masturbar, pero no penetrar.
Conoció el placer de los orgasmos de la mano de Oscar. Nunca mejor dicho.
Salían a caminar por la playa, visitaban el puerto, ella le explicaba como sería su velero, los lugares que conocerían juntos y hasta soñaba con hijos.
Por la noche comían juntos en una gran mesa y lo que pasaba dentro de cada habitación era incierto.
Todo parecía haber logrado una armonía, hasta que un lunes las vacaciones se terminaron y se llevaron a los John, con su tailandesa.
La tranquilidad se rompió la primer mañana después de ese día. Linda aprovechando que Ane, madrugadora como siempre, se había ido a navegar. Quiso repetir una jugada que antes le había dado resultado. Entró en la habitación que ocupaba el holandés. Como siempre dormía desnudo. Boca arriba. Con su mano derecha empuñó los peludos testículos y poniendo sus labios como si pronunciase una O, bajó el prepucio del muchacho. Él soñaba. Después poniendo su lengua punteaguda, comenzó a recorrer todo el glande, haciendo movimientos continuos y circulares, o cortos, rápidos y precisos. Sin la ayuda de las manos, se engulló el miembro inmenso del holandés, completamente y sin rozarlo con los dientes. Oscar excitado susurra:
- Ane, Ane... -. Linda ofendida pone la punta del glande entre sus dientes y lo muerde -, ¡ayy! -. Reacciona Oscar -, que haces, ¿donde está Ane?
- No importa, ahora tienes que follarme a mí, meses hace que espero - dijo Linda con odio, entre dientes.
- No, todo cambió -, respondió el holandés tapándose con la almohada -. Por favor déjame tranquilo, no quiero lastimar a tu hija.
- Te dije que quería follar y vamos a follar -, se desgarra la braga casi invisible, evidentemente húmeda y con violencia se pone encima de Oscar, tira al suelo el almohadón que cubría su pene y lucha para metérselo en la vagina, el holandés hacía todo lo posible para evitarlo, hasta que logra levantarse, dejando a Linda, desnuda, roja de lujuria y furiosa tendida en la alfombra. Corre hasta el jardín y se mete en la piscina -. ¡Esto no va a quedar así! - retumbó la amenaza desde dentro de la casa.
No quedó así, la misma noche Ane le comunicó a Oscar en el pub, que ya no trabajaba más allí, le entregó un sobre y le dijo:
- Aquí tienes lo que querías, dinero, como todos.
- Yo no quiero nada más que estar contigo, mi amor -. Contestó el holandés tirando el sobre a la basura.
- ¿Follaste con mi madre?
- Hace unos meses, pero desde que aceptaste mi amor comprendí que no podía estar con otra.
- Te quiero, pero no siento que podamos estar juntos aquí -. Pronunció entre sollosos la inglesita.
- Vámonos, ahora mismo podemos cumplir tus sueños, Grecia, el barco, los hijos y todo -. Contestó Oscar sonriendo con todo el rostro.
- No tengo dinero, ni barco, ni nada mío.
- Mira esta foto, mi amor, es "Ane", el velero más hermoso de todo el mundo, lo mandé a construir la primera vez que me besaste. Ya está terminado y nos espera en Holanda.
La chica, sorprendida, miró en la foto la embarcación más imponente que jamás imaginó. El mascarón de proa era ella. Tallado por un conocido escultor. Oscar la besó y le dijo:
- Tengo más dinero del que pudiéramos gastar en toda nuestra vida, compremos una moto y vayamos a mi país a retirarla. Grecia nos espera.
Lo más gracioso es que Linda rencorosa, había tramitado la expulsión del holandés. Sus amigos en inmigración, fueron a buscarlo al otro día.
Pero una nota anunciaba que Ane y Oscar se habían ido a vivir su vida.

Ahora tengo que contestar el e mail ¿Qué puedo responderle a Oscar?, creo que es apropiado; ¡Qué sean felices!

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Mis vecinos

El coro de hijos de los vecinos, me saca de mi refugio de fantasmas y sombras, me vuelven a esta realidad que me da nada más que gotas de lo que el sueño me da a litros en una noche. Mis vecinos, esa gente que al no poder realizar sus deseos, ni siquiera el más humilde, se buscan la excusa de los hijos. Cuantos más mejor. A partir del primero ya tienen respuestas negativas más diplomáticas para todo. ¿Venís a jugar al fútbol? ¿Vamos a tomar algo? siempre lo mismo: NO, tengo que llevar a Nahuel a clases de tuba, a Jonatan a tae kwon do. La verdad es que hacía tiempo que no tenían fuerza para vivir como individuos, ni siquiera como pareja. Les hace falta llenar las charlas, con anécdotas donde lo más emocionante que pasa es un pañal cagado. Y estos árboles son nada más que cuna de futuros frustrados, ya que nacen con la intuición de haber sido concebidos nada más que para llenar un vacío.
Este estilo de frustrados se identifican casi por telepatía, cuando ven el mismo llavero cuadrado con el rostro de un niño sonriente a pedido de papi, o pañales en el carrito de la compra o esa expresión de "soy infeliz, pero es lógico", trabajan como esclavos, no tienen tiempo más que para hacer el amor en voz baja, para no despertar a los chicos.
Prefiero a esas mentes lúcidas, más!crueles, cínicas, que al darse cuenta de que la vida es una gran nada, que cielo y paraíso, infierno y purgatorio están dentro nuestro se hacen cargo y sacan pecho, como un fusilado valiente en el último segundo de vida.
Por eso abro mi ojo derecho, ya que el otro está pegado a las sábanas y veo mi vaso old fashion, vacío de whisky pero con ese líquido que no es hielo, ni agua, ya que nada dentro de sí un pequeño universo de alcohol que era pero nunca será jamás lo mismo. Contra mi espalda sudorosa otra pegada e igualmente sola, tatuaje contra tatuaje y lejos, muy lejos. No estoy seguro ni quien será.
Pero me vuelvo a dormir, porque si intentara darme vuelta y desvelar el secreto, las maracas de la resaca se agitarían dentro de mis sienes. Marcando el ritmo de esa canción "no existe el placer puro ni la noche
eterna".

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Paella con cigalas sobre pubis rubio

"Quién, por un amor demasiado grande,
lo que al fin y al cabo es monstruoso,
muere de sufrimiento, renace para no conocer
ni amor ni odio, sino para disfrutar."
H. Miller

Con el pasar del tiempo nos convertimos en empleados con experiencia que trabajamos para la vida. Nuestra vida, ya que el dominio que tenemos sobre ella es poco, aunque aprendemos a que no nos sorprenda esto. Es así, de repente todas las columnas "Jónicas" que sostenía mi "vida" se fueron derrumbando. Del grupo de amigos no quedaron más que sombras parlantes y sombras mudas. Cada tanto la voz de Hermes llegaba como una vacuna contra la depresión, desde Paraguay. Ahí estaba viviendo su tibia historia de amor. Cuando se me estaba acabando el efecto de esa vacuna, siempre sonaba el teléfono a las ocho de la mañana y escuchaba a Perseo. Desde Barcelona hablaba de otros mundos posibles, de historias extrañas de amores fugaces, y de esas pasiones que solo crecen a la luz de luna, con cócteles y amigos.
Febo y el resto eran las sombras sin lengua que nada más me visitaban en sueños.
Las mujeres que jugaban en el barro de mi cama, se fueron aburriendo de escucharme. De a poco se acostumbraron a la piel que me envuelve y hasta que no esté... Pero ¿a donde ir? El Néctar del infierno hacía poco que lo había clausurado la policía a falta de nuestras coimas mensuales. Ya que con la situación política de nuestra Republiqueta era lunático encarar un negocio especial. Apuntado a hedonistas gustosos de degustar un buen cóctel y un show de working flair. Sobre todo la devaluación y la inseguridad, el pesimismo y mi soledad, hicieron imposible rentabilizar el negocio de manera que pudiéramos cubrir las exigencias de las fuerzas de seguridad.
El aeropuerto de Ezeiza era la puerta que la mayoría de los argentinos elegían para intentar seguir la pelea. Como hojas llevadas por un río turbio y sucio aparecí en Barcelona. Perseo tenido de rubio, lleno de collares de oro y un reloj caro (imposible de tener y lucir en la Argentina de ese tiempo) me estrujó entre sus brazos hasta que me presentó a una gallega sonriente no acostumbrada a tanta efusividad.
- Ella es Selene, vivo con ella. También con un gaita enano con piercing y una amiga de ella. Todos de Vigo. Vamos a ver si entrás en el sillón del comedor. Por lo menos hasta que empieces a ganar euros ¡sudaca asqueroso!
- Bueno, vamos para allá que hace meses que no duermo a gusto y no hay nada mejor que hacerlo en un sillón medio metro más chico que yo.

En España a los departamentos le dicen pisos. El piso de Perseo estaba en el centro mismo de Lloret de mar. Este tipo de pueblitos estalla en el veranos. Los primeros que llegan son los daneses, después los holandeses y al final los italianos. Todos los integrantes de este piso trabajaban en las barras de las mejores discotecas del lugar. Esa misma noche trabajamos juntos Perseo, Selene y yo.
Todavía no había hablado nada, pero me imaginaba una cierta relación entre ellos dos, por lo tanto instintivamente la comencé a tratar como a la novia de un amigo. Pero trabajando me di cuenta de qué mientras Perseo le comía la lengua a una danesa de metro ochenta, Selene se llevaba a un francés al depósito de bebidas.
Aprovechando nuestra "intimidad" le pregunté:
- ¿Qué onda con la gallega?
- Sudaca, acá las relaciones son distintas. Todo es mucho más light. Por suerte o por desgracia. Pero acá no vas a vivir la intensidad de la Argentina. Con Selene todo bien, es de las pocas que sabe escuchar, cada tanto dormimos juntos, pero ella es libre de hacer lo que quiera. Muchas veces al volver de un after, medio pasada de merca se acuesta con Medea, la otra gallega que vive en casa.
- ¿Es torta?
- ¡Nooo!, es gallega.
- ¡Ja! Siempre tan gracioso -. En medio de esta charla hicimos unos cócteles a la par, como si fuéramos un espejo del otro. Imitando cada movimiento de working y llegamos a "stool" (En este movimiento la botella da una vuelta en el aire y queda parada sobre el dorso de la mano)
- Acá es así, droga, noche y vacaciones. Yo no me drogo nada más que porque es muy caro. Y cuando veo al gallgo me da cagazo ¡a ver si termino así!
- ¿Alguna vez las viste en acción?
- Varias veces, después del cierre te cuento.
La noche terminó y al final de la jornada de trabajo, nos sacábamos la camiza negra sudada y tragábamos cerveza fresca, intentando aliviar la garganta liquidada a fuerza de gritar y fumar pasivamente.
- y, contame -. Perseo miró hacia los cuatro puntos cardinales para asegurar nuestra intimidad y relató con voz ronca: - Sin otra iluminación que la de una lamparita de cuarenta detrás de la pantalla blanca típica en los veladores y una vela en la otra mesita de luz. Sobre una cama perfectamente hecha, intacta, desnudas, desencontradas aun dentro de ese espacio de dos por dos. La vista explorando y trazando los planos que luego, unos instantes después se llevarían a la piel. Datos que servirán para acariciar, besar y libar. Tal vez si la temperatura derrite la vela sea para morder, rasguñar y lamer.
Una pasiva, delicada, como una cereza que se deja comer y saborear. La otra tatuada, con esa violencia oculta, agazapada pero presente. Agregaba al cóctel misterio, masculinidad, era el yan, el fuego, la dueña de la situación.
Escoge el hombro para dar su primer beso; inaugurando, como solamente besa una a otra. Sus labios carnosos no llegan a presionar, rozan y erizan la palidez de esa piel joven recostada que se deja hacer.
Cada caricia es única, usa los dedos exactos, con la yema donde es su lugar y con las uñas donde no. Nunca llega a destino sin rodeos, cada beso sigue un camino de pequeñitos "besitos" que lo preceden.
Nunca un hombre la besó al costado de la cintura cuando en realidad quería hundir su nariz en el pubis de su partenaire, pero Selene sí.
Cada tanto reposaba sus labios sobre la mano de Medea y le daba a elegir en donde quería poner su beso. La inocente chica destinaba los besos más superficiales para su espalda y así recorrió toda su columna desde el fin de su cabellera rubia hasta el lugar donde se dividían sus nalgas, duras apretadas, ejercitadas para gustar. Y los más húmedos y profundos no pude verlos.

Los días en Lloret de mar pasaron, la temporada rugía, pero extrañábamos las noches en el Néctar. Haciendo más de cien cócteles para gente refinada. Acá la mayoría eran cubatas. Le llamaban cubatas a cualquier mezcla de aguardiente con gaseosa. Lo más emocionante que pedía era una cerveza tirada de barril ¡una caña!
Cuando uno lleva un tiempo en España se da cuenta que la imagen que tenemos en la Argentina muchas veces es más ostentosa que la realidad. Sedice que tenemos privilegios cuando la verdad no es así, se dice que les gusta como hablamos cuando la mayoría de las veces es mentira. Venimos creyéndonos especiales, exóticos y cometemos errores como el de querer chamullar a chicas que nada más quieren un porro y un polvo rápido sin arte.
El otro día vinieron dos nenas haciéndose las súcubo, mintiendo promiscuidad. Me acerqué a la más alta y jugando con una coctelera le dije: Es tan fácil pasar por alto la magia que perfuma la vida, basta con no oler.
Hay dos opciones: echarse en el ramo silvestre, con seguridad, aspirando al máximo de los pulmones, no importando la existencia de espinas o ausencia de aromas virtuosos.
Nadar en las oscuras aguas del placer, desnudo, sean cálidas o heladas.
La otra es más sencilla, lo único que hay que hacer es buscar un empleo absorbente, un grupo de amigos estériles, amores tibios y bajar la mirada en el momento preciso.
Pero la magia está, circula, pesada, cansina, resignada por las venas.
Hay magia en un andar rítmico, en el movimiento de una falda, en la caída de una melena sobre los hombros, en una comisura que sonríe, en dos ojos rasgados por el amanecer.
Lo malo es ver cuando la magia está a un paso, saber que hace un instante se fue, sentir que tendría que estar acá, en este instante... pero no.
Unos pechos únicos que hasta hace un segundo tomaban un baño de sol, un daiquiri envejecido en una copa, caliente, echado a perder, una mañana soleada, iluminada, amena, que nos despierta con resaca, una espalda desnuda que baila... con otro, una arboleda amarilla sobre un fondo gris, justo antes de llover, la voz de un amigo, a la distancia, un jarrón con flores... muertas, marchitas, una luna llena, turgente, tapada por nubes negras, nueve uñas, rojas, fuertes, nueve, el fantasma eau de toilete, sin ese cuello que se acaba de ir, una copa de Sirah avinagrado, una adolescente escondiendo los encantos de su juventud, la gente que nada más se da cuenta de la magia cuando escucha el crujido.

Parece que mucho no la sorprendí, ya que sonrió un poco y se dejó arrastrar por dos chicos de cuarenta kilos, con remeras dos talles menos de lo normal que dijeron:
- ¡Joder tía! ¡vamos a fumar unos canutos a casa!

Los días de la temporada se resumían en once horas de trabajo, sueldo mínimo sólo razonable gracias a las propinas y sexo express sobre un hinodoro, tal vez sobre una caja de tequila de segunda. Lo peor es que no podíamos quejarnos, ya que un par de ilegales no podían aspirar a más.
Muy pocas noches se diferencian de las otras. Hubo una que es para contar. No pudimos ir a trabajar porque estaba todo inundado, Lloret se convirtió en una especie de Venecia. Pasamos la tarde tomando cava y hablando con las gallegas y el enano con piercing. Nos visitaron todos los argentinos que vivían a cuatro manzanas a la redonda. Pero no coincidíamos mucho con ninguno. Ya que había dos grupos, los que no habiendo estado ni veinticuatro horas en España adoptaban todas sus muletillas e intentaban hablar en español de Madrid y los que llenos de rencor no hacían más que criticar todo lo europeo, extrañando hasta los atascos de la Avenida Huergo y los robos en los colectivos.
Lo bueno de estar en este continente es la diversidad de gente. Acá coinciden árabes, asiáticos, europeos de primera, de segunda y de tercera calidad, africanos que llegan en pateras, sudacas de cada rincón y de tanto en tanto gente fuera de serie, como "el holandés" y su novia francesa que tocaba el chelo.
Ellos subieron las escalera, con el instrumento a cuestas, el clima de la casa cambió, parecía como sí el anticiclón hubiera acabado con todas las borrascas de tedio que nos sumían.
Yo siempre tuve el fetiche de la francesa y que tocase el chelo ponía la cereza al postre.
Puse toda mi habilidad y mi escaso encanto en buitrear esa pieza de colección. Mis pocas frases en la lengua de Molierè y mis teorías robadas a Epicuro lograron que ella accediera a ensuciar las sábanas de Perseo conmigo. Pero con el sol del amanecer apareció el holandés recuperado de la borrachera y reconquistó su pedazo de Francia, sin hacer demasiado esfuerzo, sus veinte centímetros bastaban para dejarme sin chancees.
Ala tarde, que era nuestra mañana, desperté a Perseo que había pasado la noche con Selene.
- ¿Como es la cosa? ¿Yo me levanto a la francesa adelante del pibe, me la garcho re bien y el vuelve como si nada? -. Sacándose la pierna de la gallega de la panza, respondió:
- Primero, ella te levantó a vos, nada más que para recordar lo que era garchar con un hombre con el pene standar y que coja mitad de tabla, porque sino se hubiera metido conmigo ¡ja!
- En serio, boludo, a mi me gustaba.
- Ya te vas a acostumbrar, cebate unos mates.
- ¿Qué es esa pipa? - Preguntó la gallega mostrando sus tetas bronceadas a base de top -less.

La temporada terminó y parecía como si una nube de napalm hubiera ahuyentado a todos. Solo quedaron los argentinos de siempre y los españoles que cobraban el seguro de desempleo. La gallegas se fueron a Londres y nosotros nos quedamos para ver el espectáculo sin par de un enano con piercing, durmiendo en el sillón drogado o en el descanso de la escalera del primero. Muchas veces solo vestido con una tanga cola- less.
Las vecinas nos miraban subirlo cuatro pisos por escalera, ya que el ascensor nunca funcionaba.
Después teníamos que bajar con la fregona (ya que no hay trapos de piso y secador, en España se usan los mochos, que son una especie de palos con cintas de trapo, que vienen a juego con un balde cuadrado) y limpiar sus vómitos. Nos dimos cuenta que teníamos que cambiar de aires. Y fuimos a Alicante, una ciudad con mar, más pequeña, pero más constante. Nos ofrecieron trabajo en un pub irlandés.
Estos bares están construidos plenamente de madera, la decoración básicamente es igual en todos. Libros viejos, entre otros detalles clónicos.
Uno de los lugares con mejor decoración de Alicante. Hecho íntegramente con madera, posee cámara refrigerada (donde se almacenan los tanques de cerveza), cuatro grifos de cerveza y uno de sidra, música y videos controlados por computadora. La que capta todas las miradas es la cafetera, un modelo exclusivo (Belle epoque) limpiarla es más complejo de lo que se puedan imaginar. En Alicante hay un furor de Pub´s irlandeses, las cervezas que se suelen despachar son las Guinness (negra), la Murphys (roja) y la rubia, Heineken. Además servimos cerveza de trigo con un gajo de limón y también se puede pedir sidra (Strongbow). La sidra española es de muy buena calidad. Los clientes de este Pub pueden acompañar su bebida gratuitamente con frutos secos y/o papas fritas.
Lo más frecuente era que la noche pasara sin la potencia necesaria como para recordarla. Aunque alguna que otra vez teníamos algún cruce tibiamente violento con nuestro jefe de diecinueve años.
- Lo que importa es el dinero tío -. Repetía con la seguridad de un sexagenario que ya vivió todo. - Si no tienes pasta, no eres nada ¿qué hay en tu cabeza que no sea la pasta?
- La vista de una mujer pálida, pubis rubio, pasándose la esponja llena de espuma por la entrepierna / Los labios rojos, mezcla de miel y sangre, goteando champagne / Los pezones de una pulposa al salir del mar mediterráneo a plena luz del sol / Un par de milagros celestes, vidriosos y apasionados detrás de una nube de marihuana / Unas piernas recién depiladas, largas y con tacos altos / Una espalda descubierta, enmarcada en un vestido negro como la noche más oscura / Cinco uñas filosas clavadas en mi piel anunciando el clímax / Pómulos con purpurina que se ríen mejor que la boca / Un manojo de pelos negros, lacios, pesados, que tapan dos pechos pequeños, redondos y que te invitan a pecar / Una prostituta agradecida / El primer orgasmo de una virgen / Una morocha bailando en tanga sobre la mesa / Una niña masturbándose / Dos mujeres besándose con lengua / El segundo coito anal de una intelectual / Dos monjas sudorosas haciendo el amor con una cruz de madera / La mujer de tu jefe vestida de cuero y con un látigo / Una vagina con labios sabor a ostras / Una cachetada que suena sobre un par de nalgas blancas, ahora enrojecidas / El orificio amargo de un culito preparado en el gimnasio / Una striper poniendo el caño entre sus tetas / Una falda gris que se levanta por el viento y deja semi- desnuda a una colegiala / La novia de mi amigo humedeciéndose los labios con su lengua / Una bombacha rosa desaparecida entre dos nalgas carnosas / Un par de pestañas negras encorvadas y lesbianas / Una cuarentona metiéndose un consolador a pilas / Dos amigas borrachas hurgando dentro de sus escotes / Una mamada en la cabina de peaje que mancha el tapizado del auto de mi viejo / Una pareja en pelotas bailando tango / Una tailandesa masagéandome el escroto / Coger con mi tía en la cama de mi madre mientras que mi prima aplaude / Un polvo que gana una apuesta / Un amigo mío mamándosela a un travesti / La primera vez que cobra una puta / Mi centésima infidelidad / La primera menstruación de mi sobrina / Los gemidos fingidos de una frígida, pero buena actriz / Violarme a la que siempre me rechazó / Mi vecina con esperma recorriendo su esternón / La madre de un amigo metiéndose un pepino justo cuando yo entro al baño / El sabor a perfume de un cuello largo y prohibido / Mi maestra de primaria desnudándose sobre un pupitre / Dos areolas dilatadas por la excitación / Una enfermera con corpiño negro de encaje / El clavado de una modelo en una pileta donde hacés la plancha / Sacarle fotos a una ex tímida mientras te la chupa / La ropa interior souvenir de una larga pasión / Hacer una porno con tu mejor amiga / Una sueca implorando, por que se la chupe / Meterle el índice en el orto a una santa, que llora y te pide más / Recitarle una poesía por teléfono a mi esposa mientras que se moja y se toca; acaba y revuelve con sus dedos un Dry Martini.
Todas estas cosas tengo en mi cabeza en este momento y no nombré ni una vez al puto dinero.
- ¿Y a mí no me preguntás, nene? - Acotó Perseo a través de una sonrisa socarrona.
- No, me voy a comprarle ratones a mi anaconda.

Lo que justificaba soportar a un jefe adolescente, un trabajo rutinario y el exilio, era la cerveza de nuestro pub. El secreto de una cerveza es su manera de ser servida. Tanto la tostada como la negra son bebidas que necesitan estar en manos profesionales para deleitar a los buenos bebedores y Limui vino de Noruega para que podamos disfrutar de este ritual. Ella rubia, alta, segura, vestida de negro detrás de la barra desencadena una cascada de burbujas y color, fresca como una de deshielo, pura, sana. Al llegar a un nivel preciso la deja asentar, reposar, el vaso transpira gozoso de frescor, ella sonríe y uno a punto de desfallecer, sediento, alelado. Pero el momento llega y cambiando de posición la manija comienza a meter cerveza a presión, lentamente, espuma cremosa que nos acompañará hasta el final. La magia todavía existe y paladares preparados disfrutamos de la alquimia de Limui.
Ella por lo general trabajaba hasta las ocho y nosotros éramos los bartender´s del turno noche. Muchas veces entrábamos antes sólo para verla trabajar, deseando que la conversación derive del whikie irlandés y su diferencia con el escocés, hacia una noche de placer nórdico.
Una noche vino a casa, Perseo estaba trabajando y yo tenía libre. Parece que bebimos mucho, porque me desperté en el sillón y cuando fui a mi pieza vi un poema dormido. Metáfora del olvido, en este amanecer o mejor dicho una alegoría de la muerte.
Recortada bajo la consistente oscuridad,
un cuerpo aún menos luminoso que el resto.
Sólo se distingue el pelo, como una hiedra
salvaje. Atrapando a la almohada.
(El tímido sol abre un poco más sus alas de fuego y calor)
Ya se recortan los labios que conservan esa actitud lactante. La piel cambia de color... segundo a segundo. Los hilitos de claridad juegan a variar los colores pardos por rosados y blancos. Lavan las partes que tocan, esta luz es un mar rompiendo una costra de arena negra. Debajo unos pocos pelitos.
(Los pájaros monocordes, las cascadas sanitarias, los bostezos, el chirriar de las bisagras, el reptar de los automóviles detrás de la ventana, indican que la civilización se despertó)
Ella no, sigue tendida, ajena a la manada, se escaparon sus pestañas arqueadas, antes presas de las tinieblas. Trajeron consigo unos ojos entornados sin fuerza. Placidez.
(El aire nocturno, fácil de incorporar y fresco, abandonó su puesto y ahora lo que entra en los pulmones es un vapor)
Su piel se perla, el ritmo de sus pechos blancos, rosados, pezones pintados con el mismo pincel que los labios, se acelera. Las mejillas se cargan de sangre, los brazos de abren y vuelan hasta los límites de la cama.
(Hace rato que el día tortura a los noctámbulos maldecidos con un trabajo tempranero, para mí amaneció) Ahora (Cuando abrió sus ojitos claros).

Estas historias se repetían casi como la luna llena. A Perseo le pasó algo muy extraño.
Con diez años menos que él sobre los hombros, con la mirada mil vidas menos castigada, con la belleza que ostentan criminalmente la chicas en flor, a destiempo, como siempre, llegó a lo que llamaremos su vida.
- Hola, pasaba por aquí y subí a que me hicieras un Daiquiri de fresas.
Un segundo después de poner el trago en sus delicadas manos, Perseo se dio vuelta para lavar la licuadora, una risita como de ardillita o duende, lo hizo dar vuelta y ver algo para lo que no estaba preparado.
- No sé como, pero se me calló el Daiquiri sobre mi camiseta.
A pesar de haber cumplido ya los diez y ocho, esta chica con pocas letras en su nombre, era de las que tardan en madurar y unos pezones de niña, unos senos diminutos y un ombligo coronado, se transparentaban debajo de la poción roja, con pepitas negras, fría.
- Te quedaste sin trago y te veo con cara de tener sed. - Dijo dejando escapar una mueca infantil. Después con sus dos manos atrajo la cabeza del barman hacia el horizonte de su mini falda. Un aroma fresco y ancestral, como el mar lo obligó a clavar la lengua entre esas dos piernas de bailarina. Ella se dejó caer sobre la barra y abriéndose casi ciento ochenta grados lo dejó hacer, aportando solamente exclamaciones y presión sobre su nuca. Un segundo antes de estallar en la barba, como la primavera lo hace sobre las plantaciones de jazmines, lo atenazó entre sus piernas, fuerte, fuerte, fuerte, y se desinfló sonriente, agradecida. Recuperó su verticalidad e intentó peinar su barba, torbellino de pelos y fluidos.
- Disculpa que no hagamos el amor, estoy de novia y eso sería infidelidad.

Se dice más veces: "no hay que darse por vencido", de las que nos paramos a pensar si es tan fácil como parece. Hay muchas frases que con el tiempo se vuelven mandatos, y que pasan a formar parte de una filosofía compartida por un grupo de gente en un momento preciso. Hubo una época en mi tierra donde esa frase era: "hay que irse", con su variación suburbana: "hay que rajarse", y a primera vista parece coincidir con la primera valiente declaración de principios escrita anteriormente. Aunque habría que pensar de qué manera afecta no ver los límites, si es que los tenemos. Muchas veces la única manera de ganar una pelea es no ponerse los guantes, ¿sería darse por vencido? o tal vez, ¿un signo de humildad?
Las decisiones muy frecuentemente se toman antes de usar la corteza cerebral. Y lo más cercano a la valentía es asumir los efectos que producen esas olas que nos llevan a la deriva.
Entramos a España con el pie izquierdo, ignorando absolutamente todo lo referente a la administración. Aunque una simple intuición mezclada con esperanza, nos hacía pensar que teníamos cartas fuertes.
Lo primero que sentimos es una vuelta a la adolescencia. Los que antes habíamos tenido trabajos de cierta continuidad y responsabilidad, ahora sólo podíamos aspirar a empleos de base, mal pagos y sobre todo sin derechos; antes registro de conducir, auto, moto y otros símbolos de la madurez. El precio de buscar otros horizontes fue no poder ni hacernos socios de un video club, rezar para que nos alquilen una vivienda a pesar de ser extranjeros y esperar que nos paguen por nuestro trabajo. Lo peor es qué no importa el puesto que hayas ostentado en tu país de origen, ni tu experiencia, o si sabés más que todos tus compañeros de trabajo. Por ser ilegal sos aprendiz de todo y te preguntan por ejemplo si sabés barrer.
De a poco vamos purgando nuestro pecado de ser inmigrante, y de este castigo divino hay dos maneras de salir. Hay algunos que se indefinen, intentan perder el acento que vendría a ser como la marca a fuego que llevaban las prostitutas castigadas. Otros que ante los ataques responden con un falso orgullo, típico de los débiles. Éstos no pueden formar una oración sin entre mezclar "somos los mejores", "gallegos de mierda", "nosotros tenemos a Maradona, a Fangio y a Darín", muchas otras más.
No todo es tan malo, ya se sabe que los adolescentes en muchas ocasiones parecen simpáticos a los ojos de los adultos. Se enternecen, comparten miradas de complicidad y recuerdan tiempos lejanos. En este caso los adultos serían todos los que tienen la documentación en regla, no importando si son unos pendejos que se drogan hace años y no pueden balbucear más de cien palabras. Los menores tienen que callar. Para los que gustan de lo exótico, no puede faltar un amigo inmigrante, viene muy bien para matizar alguna reunión.
Por suerte creo que la ventaja que tenemos es la de haber sido de los pocos que inauguramos las instalaciones del infierno, por lo tanto hay cuero para aguantar latigazos y fuerza para no devolver los agravios.
Otra vez en Ezeiza, Selene, Perseo y yo. Esta vez para el viaje de vuelta a la Republiqueta.

Mi habitación la ocuparon Selene y Medea. Una cama matrimonial les venía al pelo.
Con el tiempo los tres se hicieron un trío cerrado. En muy pocas ocasiones rompían esa especie de fidelidad tácita.
Cada tanto alquilaban un auto y recorrían España, ya que Perseo no podía salir del país y volver a entrar.
Muy poca gente entiende su relación más aun cuando las dos decidieron tener un hijo.
Me llegaron dos fotos. Perseo papá de un nene y una nena, paseando por un parque abrazado a Selene y a Medea con un carrito doble.

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Una pincelada...

Comienzo pintando una composición variada: Reuniones de amigos, beber alcohol, festejar, amar, desear y gustar. En este cuadro pueden ver muchos elementos y las relaciones que tengan entre sí dependen de los ojos que miren. Donde alguien se arrodilla por respeto a la belleza otro ve maldad, uno disfruta, más allá alguien teme y rechaza.
En este tiempo las reuniones nocturnas son comunes, y se bebe, se ama, algunas veces borrachera, excesos varios, otras disfrute pleno, aunque también placeres tibios.
En los bares de Alicante vi muchas brujas hermosas y a sacerdotes bartender´s que contagiaban su pasión a la muchedumbre sólo con su arte alquímico.
† Seguramente hay gente que hará lecturas donde lo que aparecerá en rojo y mayúscula será el peligro. Simbólicos y real, quizás: MIEDO. Saldrán gritando frases supuestamente adultas marcando límites. Lo sano es el deporte, la noche es mala, beber es un vicio, los bares molestan a los trabajadores.
No creo que se pueda abarcar tanto terreno con tan limitadas visiones inquisidoras, las mismas que persiguieron a las brujas y oscurecieron parte de nuestra historia. Para que no se repita, tendríamos que sacarle el polvo a palabras y ver de donde salieron. La versión oficial dice que lo brujeril salió como respuesta a lo santo. Que lo satánico es una reacción a lo cristiano, pero la idea orgiástica del aquelarre nos remonta a otra cultura, muy diferente a la cristiana.
Las reuniones de brujas (Aquelarres) también son conocidas como Sabat. Hay estudiosos que vinculan esta palabra con “Sabacios” que eran las fiestas en honor al dios Baco (Dionisios) al que también se denominaba “Sabacios”. En estas fiestas se buscaba el éxtasis, ya que en ese sentimiento estaba la independencia del alma.
Por lo tanto parece que hubiera un vínculo entre las fiestas satánicas y los bacanales.
Independientemente de lo que cada uno hubiera hecho en estos eventos, sea unos u otros, que hoy en día se mantiene una gran proximidad.
Las fiestas aprobadas por los sectores religiosos transformaron, e incluyeron las características de los festejos paganos haciéndolos propios.
En la antigüedad han existido a manera de válvula de escape festejos alejados de la disciplina cristiana y sus partícipes eran los propios sacerdotes.
Por eso no sorprende ver elementos como las flores, el fuego, la pólvora, la música, el alcohol o el baile, soportando los milenarios golpes de la historia y renaciendo en diversas formas año a año.
Es imposible anular sensaciones propias del ser humano, convivimos con demonios a los que no debemos ignorar, ¿Sublimar?, ¿Encausar?, ¿Organizar? Una orgía es una descarga de tensión organizada, llevada a cabo en fechas precisas, dirigidas y el cierta medida con reglas.
Beber en exceso, comer demasiado, así como otros actos supuestamente cargados de malicia, viciosos y condenables, si se realizan con una base filosófica firme, un espíritu sano y un entorno correcto pueden ser una de las pocas vías de autoconocimiento.
Somos seres que desean, aunque la mayoría de las veces estamos tan condicionados que olvidamos esa sensación de libertad que nos define. Estamos tan desalentados por la miradas ajenas que siempre esperan más y nos condenan sin medida. Lograr construir un momento donde nos sintamos pequeños dioses, es algo que los griegos supieron valorar y no debemos dejar que se muera.

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Pase lo que pase, ha sido todo un agrado enviarles mis delirios personales,

CIAO

Pablo Ariel Gabin
670868170

13 Diciembre 2005 | 09:22 PM

Elsy Alpire Vaca

Elsy Alpire Vaca dijo

Me pareció todo muy entretenido, pero lo que busco y podrías ayudarme, el algo sobre la canción que se llama "EN LAS PLAYAS DESIERTAS DEL ACRE" que nacio a finales del siglo XIX y me gustaría saber quien la escribió, cuando, donde y porqué. También parece que alguien la plagió con el nombre Playas desiertas del Beni pero el original el del Acre. Estoy buscando páginas que me informesn sobre aquello y no encuentro. Si me pueden ayudar, escríbanme a mi correo. Gracias. Atte. Elsy.

18 Febrero 2006 | 11:28 PM

Juan Cornejo Lora

Juan Cornejo Lora dijo

Me gustaría conocer algo sobre las obras de dos escritoras Bolivianas: Velia Calvimontes Salinas, de Cochabamba y Elsy Alpire Vaca, de Pando, por favor si conocen algo enviar a mi correo directamente, les quedaría muy agradecido.

Comento un poema de una de ellas:

"CUANDO ESTOY CONTIGO NO SE QUE ES LO MAS MARAVILLOSO, SI TUS PALABRAS O TU COMPAÑIA, SIN EMBARGO, AMBAS COSAS SON FUDAMENTALES PARA MI VIDA Y PARA MIS SENTIMIENTOS".

Gracias. Espero contestación. Saludo. Juan.

18 Febrero 2006 | 11:40 PM

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