"Los niños", de Edith Wharton y Venecia, de Turner

"La vejez no existe; sólo existe la pena. Con el paso del tiempo he aprendido que esto, aunque cierto, no es toda la verdad. Otro generador de vejez es el hábito: el mortífero proceso de hacer lo mismo de la misma manera a la misma hora día tras día, primero por negligencia, luego por inclinación, y al final por inercia o cobardía."
Una mirada atrás, memorias de Edith Wharton
Y de eso habla "Los niños": de la posibilidad de un hombre de 46 años (por aquel entonces, una edad madura muy cercana a la vejez) de vivir por fin su Gran Aventura, de enfrentarse a sus verdaderos deseos y descubrir las posibilidades reales que le ofrece la vida que le queda; tal vez para apurarlas, tal vez para rechazarlas.
No me gustaría desvelaros las claves de esta gran novela que - a mi juicio - es una de las mejores de su autora, quien ocupa un lugar destacado en mi iconostasio literario. Me encantaría que la leyeséis y, como a mí, os emocionaran sus adorables personajes, la narración de la vida disipada de la alta sociedad de la época (fascinantes los pasajes que transcurren en el Lido Veneciano), el impecable modo en el que aparecen tratados los diferentes sentimientos que pudieran pasar por amor ante un observador ligero. O el certero retrato de la soledad presentida, e incluso institucionalizada.
"Los niños" es una novela maravillosa, pero aún lo ha sido más su lectura combinada con una bellísima exposición en La Caixa Barcelona de las acuarelas que Turner pintó en Venecia, sólamente 50 años antes de las escenas que Edith Wharton describe en su novela: cuando viajar aún era una aventura y 50 años no eran nada en un lugar y eran el fin de una vida.
Tras leer "Los niños" de Edith Wharton y ver la exposición de Turner supe que nunca conoceré esa Venecia, que ese lugar ya no existe.
Me queda la posibilidad de viajar hasta allí y recordar un musical de Woody Allen o el cumpleaños de Carmen Sevilla, con José Manuel Parada y ella montados en una góndola...
Santa Edith, dame fuerzas para sobreponerme a esta nostalgia de lo que nunca pudo ser. Amén.

JQ dijo
Santa, Santísima Edith… ¡Al fin!
19 Abril 2005 | 03:05 PM