Cada vez que inicio la lectura de un libro de poesía hago lo mismo: empiezo a leer los versos por encima, con levedad, sin emoción, casi con despiste... hasta que llega el que me atrapa, el que me caza, me sumerge, me zambulle y, a partir de él - voraz - reinicio desde el primer verso de nuevo. Como si hubiera encontrado la nota, la clave musical que rige la sinfonía y es tanto el placer, que me siento tan distante de todos aquéllos que se enorgullecen de aborrecer la poesía o de no sentir por ella apego.

Esta noche ha sido en el último libro de la polaca Szymborska, han sido los tres versos que rematan el segundo poema, UNA DEL MONTÓN:

Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,
lo que habría significado
ser alguien completamente diferente.

Eso era todo. Quería contároslo. No hablaros del libro de la Szymborska; para eso es mucho más aconsejable que os leáis la crítica que de él ha escrito Jaime Siles en El Cultural.