1. Porque hay versos que nos salvan la vida en un momento. Cualquier vida. Cualquier momento.

"Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el Cielo en una flor silvestre,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.

Aquel que se liga a una alegría
Hace esfumar el fluir de la vida;
Aquél quien besa la joya cuando esta cruza su camino
Vive en el amanecer de la eternidad."

William Blake, Para ver el mundo en un grano de arena

2. Porque leer buenos poemas nos inmuniza contra los trucos baratos de los malos escritores.

"Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, cara esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo."

Cesare Pavese , Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

3. Porque la buena poesía es como el cine porno de calidad: podemos leer un poema tantas veces como sea, que siempre nos emocionará.

"Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea"
.
Octavio Paz, Hermandad

4. Porque es el género literario más libre y el verdadero creador de lenguajes.

"Bajo el frescor, bajo la dulce dulzura de este día de mayo como un cálido tiro reviviendo al revés viejos recuerdos de pésimas mujeres magníficas humanas y todo el hospital, el infeliz sorbe los vientos que estallan en su pulso y aprende aprende aprende que toda ruina sobrevive".
Juan Gelman, Datos

5. Porque un poema es el objeto literario más bellamente diseñado que existe.

"Entre las cuatro paredes de la memoria acuden al
patio los dorados relinchos de las yeguas.
Oh mañana, mañana, interminablemente en mi sangre.
Pocas, muy pocas, casi ninguna palabra es
necesaria para traer ese aroma los labios se
incendian, era un muchacho que se despedía, agonía
breve.
Después como si el sol naciese allí, no volveremos a
hablar en desierto a propósito del cuerpo".

Eugenio de Andrade, Interminablemente

6. Porque la poesía, como dijo Brodsky en su discurso de recepción del Nobel, es la verdadera educadora del gusto literario.