Me entusiasma el proyecto de bibliotecas en estaciones de metro que el Ayuntamiento de Madrid ha calcado del suburbano de Santiago de Chile para trasladarlo a mi ciudad (a la que estoy volviendo a coger cariño; creo que gracias al enlace del Príncipe Felipe con Doña Letizia Ortiz. Cuando vi la Gran Vía sin la decoración de Pascua Ortega pensé: "Coño, pues sin luces ni adefesios fucsias, Madrid no es tan fea") y pondrá en marcha para la primavera de 2005.

Me gusta mucho el proyecto chileno, me gusta mucho que llegue hasta nosotros, pero sobre todo me ha gustado muchísimo que Ruiz Gallardón usara a Cortázar como referente en su discurso: “tenemos la esperanza de que este medio de transporte se vuelva tan atractivo que, aunque sólo sea en sentido figurado, se haga realidad la ficción de Cortázar, aquella en la que narraba cómo el Metro se convertía en una secreta cofradía de ciudadanos que decidían habitar un mundo paralelo y fascinante”.

Y que el GRAN Luis Mateo Díez esté en el comité de selección de títulos, que un escritor tan riguroso, tan serio, tan exquisito y que usa tan bien los puntos suspensivos tenga voz y voto sobre las obras que van a circular bajo tierra en Madrid - me parece una excelente noticia.