Con el subtítulo "Memorias de una actriz porno" y la colaboración de Mike McGrady (promotor del proyecto 'Naked Came the Stranger' , un libro escrito en 1969 a 20 manos por 10 escritores que bajo el pseudónimo Penelope Ash trataron de perpetrar la peor novela sexual de la historia y consiguieron vender 100.000 ejemplares en tapa dura), Linda Lovelace contó en 1980 su vida.

La vida de Linda Lovelace contada por ella misma es un formidable disparate. Una especie de guión de una película de Estrenos TV o de las sobremesas sabatinas de A3TV.

La pobre Linda... obligada por su marido a punta de pistola o a golpe de hipnosis (LO JURO... LO CUENTA EN EL LIBRO) a prostituirse, a ser penetrada por todos sus orificios al unísono, a desarrollar su magnífica capacidad succionadora, a rodar "Garganta profunda" o a tener sexo con animales.

La pobre Linda, que narra los episodios más escabrosos de su sórdida existencia junto a Chuck Traynor con una mezcla delirante de mojigatería y pelos y señales. Que transforma lo que podría haber sido (y lo que YO esperaba que fuera) una sabrosa crónica del porno de los 70 en una moralista y pacata narración de su explotación, sus vejaciones y su huida hacia adelante hasta dar - finalmente - con un hombre bueno. Vamos, que me cuentan que el libro lo ha escrito Paulo Coelho, y me lo creo.

Y a pesar de todo, lo recomiendo. Porque su prosa no rechina, porque el tono monjil con el que narra orgías, enemas vaginales, fistfuckings y mamadas a Sammy Davis Jr. resulta divertidísimo, y porque algunos de sus párrafos valen un potosí. Por ejemplo:

¡Gracias a Dios! Estaba segurísima de que había sido obra de Dios. Aquel accidente fue con total certeza la respuesta de Dios a mis oraciones. Tal vez no fuera una respuesta al pie de la letra, tal vez no me concediera todo lo que yo deseaba, pero al menos me había protegido.
¿De qué?
De que me follara un burro en Juárez, México.
p. 103

O ésta:

Debido a mi capacidad de relajar por completo los músculos de la garganta, pronto me hice muy popular entre los hombres a los que les gustaba el sexo oral. Una y otra vez me encontraba con tipos que me decían: "Chavala, eso nunca me lo había hecho nadie". Y, como es obvio, llamaban a un amigo para que probase también conmigo.
Chuck estaba encantado con todo eso. Lo llamaba publicidad de boca a boca.
p. 71

Qué lástima que Mariñas haya renunciado a escribir las memorias de Carmina Ordóñez. Porque podría haber utilizado las de Linda Lovelace como modelo...