Lecturas de avión
Mi amiga Vega se marcha de vacaciones a Japón y me ha pedido un favor: que le haga una lista de lecturas para el vuelo, "nada demasiado profundo ni en inglés. Es que ya me he leído todo John Irving... "
Para eso estamos los amigos (ya lo decían Elton John y Dionne Warwick), y como una cosa son los libros de aeropuerto y otra muy distinta la literatura de avión, aquí van unas cuantas recomendaciones que por sus dimensiones, calidad y agilidad me parecen ideales para compaginar con los microsueños y los multi cáterings:
1.
Ventajas de viajar en tren, de Antonio Orejudo. 148 páginas.
Una novela breve deliciosa, delirante, juguetona y hasta un poco tramposa que se lee con divertida fruición y deleite. Aunque haya capítulos que no sé si son la mejor lectura para un vuelo transoceánico:
(...) Pero en la caja negra no quedan registrados los gritos del pasaje. Todo lo más, las horrorizadas primeras palabras, que en realidad son las últimas, del comandante o de uno de sus auxiliares cuando descubre que la caída es irremediable. Hay veces en las que se oye constatar con horrible incredulidad esa invariable evidencia: Nos caemos, nos caemos. Y se caen.
Divertida y recomendable para leer en vuelo, de todos modos.
2.
Un tranvía en SP, de Unai Elorriaga. 176 páginas.
Nueva narrativa española. Moderna, pero sin estridencias. Una versión inversa de "La sonrisa etrusca" de José Luis Sampedro. Uno de esos libros bonitos, bien estructurados - demasiado estructurado para mi gusto - y que se lee fácil pero sin culpa. Perfecto para leer en un avión y olvidar para siempre. Premio Nacional de Narrativa 2002. Su autor, Elorriaga, acaba de publicar su segunda novela, pero no la he leído ni me fío demasiado.
Murió un gorrión en el alero de una casa. El viento maltrataba una servilleta de papel de una pastelería. El poco cariño de los fontaneros municipales oxidó una fuente. Se rompieron dos losas de una acera cuando se les cayó encima el ordenador que un informático llevaba a arreglar. Un director de cine croata intuyó lo que puede ser una obra maestra el día que cumplió cuarenta y siete años, en el cuarto de baño. Los pijamas de algodón siguieron saliendo de la lavadora más pequeños que antes de entrar.
3.
Tratándose de ustedes, de Felipe Benítez Reyes. 190 páginas
Una obra menor, una novela hecha de retazos, de narraciones con un deje decimonónico y mucha retranca, de literatura menor dentro de literatura menor. Pero muy muy divertida y muy muy bien escrita, llena de guiños, de gestos de devoción por la palabra escrita y de pasajes hilarantes. Como en toda la prosa de Benítez Reyes, no puede faltar un chino:
Esta tarde ha muerto el chino. Descanse en paz. Lo han arrojado al mar en una caja con lastre.
El capitán se apropia de sus pobres pertenencias. Le ofrezco una cantidad por el espejo refulgente, la caja con incrustaciones y el libro con litografías. Cerramos el trato. Al instante, siento inquietud por ser el dueño de esos objetos: pueden ser imanes de la desgracia. (Los cuentos del capitán deben de estar correteando, burlonamente, por mi sentido común.) Pongo los objetos del chino entre el resto de mi mercancia.
Tres novelas que merecen la pena, que ocupan poco espacio, que pesan - juntas - menos de 1 kilo y que, una vez leídas, pueden perfectamente dejarse olvidadas en el asiento del avión o en la mesilla de noche del hotel. Para la vuelta, nada. Que bastantes cosas habrá ya en la cabeza.

