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24 Octubre 2011
Houellebecq hace mejor de sí mismo en las entrevistas y en las poses para las fotos que en los textos que él mismo escribe sobre su tercera persona. Eso es lo primero que tengo que decir sobre esta novela, que me interesa solo como amago de ejecución de obras de arte contemporáneo y poquísimo como pieza de literatura.
:::::::::: Será porque soy un gilipollas políticamente correcto que no sé apreciar la grandeza transgresora de Houellebecq. Pues será, no pienso discutírselo ::::::::::
Lo que sí es que si ESTA es la literatura que nos viene a salvar de no sé qué tedio y convención, apañados vamos.
De todo el libro me entretrengo en dos instantes:
UNO - Página 16 de la primera edición de Anagrama en septiembre de 2011. Cuando el protagonista cae en cuenta del problema del taxi para ir a la casa de su padre con el croata fontanero amateur ante su puerta. Ese momento en que podría haberle pedido al croata que le llevara a casa de su padre para la cena de navidad y hubiera sido otra historia
DOS - Página 253, donde Houellebecq nos quiere contar quién es el asesino que más adelante no se atreve a revelar.
A dos fragmentos y a una denuncia de las trampas del narrador, que cuando se escribe hablando no habla; escribe y reescribe. Que, de modo similar, truca lo que el protagonista de la novela (Jed Martin) piensa sobre él cuando le invade cierto sentimiento repentino de amistad y de ganas de compartir; Houellebecq relata los pensamientos del protagonista sobre él desde un conocimiento de sí que ni el lector ni Jed Martin pueden tener. Son trampas.
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23 Septiembre 2011
ESTO
ASÍ
AQUÍ
Por qué escribir novelas, libros, poemas...
Por qué no escribir tuits, posts, comentarios.
Por qué seguir leyendo voces como nunca[nunca hasta ahora había leído a tanta gente distinta]
¿Escribir o escribirnos? Como sea, cada día más inenarrables y más fragmentarios nos escenificamos.

Tuiteos como maullidos del gato de Schrödinger. Pero Schrödinger no lee, no oye nada, ni toma notas ni le importa una mierda. Le basta con esperar a que huela a carne muerta. De gato.
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16 Septiembre 2011
Recibo en mi corre-e-o el boletín de La Casa del libro -ya, yo sé que lo in es ahora lo amazonio, qué le vamos a hacer- donde me anuncian que Libros del Asteroide acaba de publicar una nueva traducción de 'Mi planta de naranja lima', probablemente el primer libro que me hizo llorar y que leí por prescripción profesoral ¿con cuántos? ¿con diez, con once, con doce años?
Recuerdo que me encantó, aunque no he vuelto a leerlo desde entonces ni pienso hacerlo ahora -me vas a perdonar Carlos Manzano- porque es un libro que vale lo que su memoria, lo que valió entonces para escribir una redacción sobre la novela y hablar acerca de mi propia idea de familia no sanguínea -¿con diez, con once, con doce años?- para confesarle sutilmente al profesor de literatura (Don Juanjo, aka 'el orejas', un tipo interesantísimo, borde, cínico y chungo a quien adoré) mi amor por él y para quedarme con su nostalgia y una referencia que me viene a veces, no sé si por el texto o por todo lo que puse de mí cuando lo leí. Dos veces seguidas entonces y nunca más.
Me llegó un olor a 'Mi planta de naranja lima' cuando leí a Pasolini. Un par de novelas de Cunningham sobre familias a pulso. Incluso con 'Otras voces, otros ámbitos', de Truman Capote, que fue el segundo libro que me hizo llorar.
Si volviera a leerlo todo ahora me daría cuenta de mi error. Si volviera a leer ahora todo lo que he leido en estos 35 años que llevo haciéndolo, descubriría que no me he enterado de nada. Por eso, releer es de valientes, de intelectuales seguros de sí mismos. Releer es de mayores.
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5 Septiembre 2011
Lo mejor de esta fabulosa memoria gráfica es que su no-ficción llegue tras unas palabras de uno de los protagonistas de la historia; el periodista Furio Colombo, la última persona que vio con vida a Pasolini -o al menos la última que le trató vivo y no intentó remediarlo con un asesinato en un descampado junto al mar- y quien le haría su última entrevista, que Pier Paolo quiso titular "¡Estamos todos en peligro!":
"Echo de menos a la gente pobre y auténtica que luchaba por destruir al amo sin transformarse en el amo. Al estar excluídos de todo, nadie los había colonizado.
Me dan miedo esos rebeldes que son iguales que el amo. Ellos también son predadores que lo quieren todo a toda costa. Esa siniestra obstinación por la violencia total ya no deja ver de qué signo eres.
Pero, cuidado, ni estoy emitiendo un juicio sobre las intenciones ni me interesa ya la cadena causa-efecto. Primero ellos y luego él, ni quién es el jefe culpable. Cuando en una ciudad llueve y las alcantarillas están atascadas... el agua sube, inocente. El agua de la lluvia no posee la furia del mar ni la maldad de las corrientes de un gran río. Pero no baja: sube. Es la misma agua de muchos poemas infantiles. Pero sube y te ahoga. Si hemos llegado a ese punto, yo digo que no perdamos el tiempo poniendo etiquetas aquí y allá. Veamos de dónde brota esa maldita agua, antes de que nos ahoguemos todos."
Esa es la mejor parte del libro. Las palabras literales de la entrevista casi póstuma. Lo ya publicado.
La peor parte es la gráfica. La imagen. La imagen con la que da Maconi para dibujar una metáfora del asesinato de Pasolini, que interpreta como un sacrificio a sus propias razones, como una concesión a la autenticidad de ese pueblo al que Pier Paolo añoraba en sus propias palabras, en la misma entrevista referida.
La peor parte es la que acaba yendo en portada, en plan 'tú lo que quieres es que me coma el tigre...'
Y no porque el hallazgo visual sea facilón -aunque hermoso y eficaz- y su juego en paralelo con una leyenda hindú de príncipe sacrificado al hambre de sus bellos tigres famélicos me parezca un poco de segundo de Coelho, sino porque es falso. Porque ese Pasolini alimento que imagina Maconi no es tal. A no ser que el tigre fuera el del estómago infinito, el hambre eterna y las palabras en regurgitar espiral que aún hoy -36 años después- siguen sirviendo para explicar el fascismo en vida y nuestra indefensión.
::::::::::: 'que me coma el tigre, mis carnes moreeeeeeenas' ::::::::
A todo esto, es a mí a quien le entra el hambre de P.P.P. y me lanzo a sus 'Escritos corsarios':
La televisión es más autoritaria y represiva que cualquier otro medio de información del mundo. A su lado, el periódico fascista y los letreros mussolinianos pintados en las alquerías mueven a risa como (con dolor) el arado frente al tractor.
Pier Paolo Pasolini, diciembre de 1973
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18 Agosto 2011
Qué jodido debe de ser ser un escritor que depende de la realidad para el mecanismo de su historia. Casi tanto como ser el inventor de un acelerador de partículas cuyo funcionamiento dependiera del viento
:::::: sobre el papel, en la libreta donde tomo notas de las lecturas, había escrito "un sofisticado acelerador de partículas" como si hubiera aceleradores de partículas caseros, normalitos, rústicos...::::::
El acelerador de partículas emocionales de Carrère depende de un elemento natural: la verdad. De un fenómeno natural ante el que no son posibles los HAARP.
Sin verdad, la espléndida novela de Emmanuel Carrère habría corrido el riesgo de acabar como una novela de Anna Gavalda. En realidad, creo que el acelerador de partículas emocionales que ha construído Carrère no es tal, sino un arma secreta que, en contacto con una historia real, con la verdad, con la vida, impide que él se transforme en Anna Gavalda.
'De vidas ajenas' funciona porque pasó. Porque la realidad supera a los Le Pen (padre e hija), a las financieras usureras, a los cojos que quieren cagarse en todo sin mancharse las muletas. Funciona porque Carrère sabe callarse lo prescindible, opinar cuando debe y escribir en el instante decisivo al apalabrar el disparo de Cartier Bresson.
Carrère escucha, ordena y apostilla. Al fin y al cabo, eso es escribir. Y yo lloro (y le cambio el orden de los factores a Larra).
'De vidas ajenas' funciona sobre todo en los fracasos, en la épica caótica, en la verdad imperfecta. Carrère demuestra su grandeza como narrador a través del modo como en vez de cerrar momentos conmovedores del relato subrayando una frase suya lo hace escribiendo de un modo prodigioso, capaz de construir un párrafo lineal al tiempo que lo rodea con un círculo de tinta invisible.
Una novela que toma la realidad y la devuelve. Un libro en deuda que se ofrece a sus acreedores. Una obligación de lectura.
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2 Marzo 2008
Llevo meses leyendo en secreto. Fuera de aquí. Tengo la sensación de que la lectura se ha convertido en uno de los pocos reductor de privacidad que me quedan, ahora que me expongo a diario on y off line; por mucho que lo intente (o lo parezca), soy incapaz del trabajo alimenticio. Al final siempre acabo en pelotas (qué mal puto sería si me dedicara a ello).
Lo malo de este secreto es también la amnesia. Antes, al menos, podía recurrir a estos archivos para saber que había leído. Ahora, intento hacer memoria. Recuerdo...
... 'My lifes', la autobiografía de Edmund White. me gustó mucho. Me gustó sobre todo la idea del amor del autor. Ese "si me quisieras me sacarías de aquí", donde el aquí es un pueblucho de mala muerte, una mala racha o él mismo.
... 'El olvido que seremos', de Héctor Aban Faciolince
... 'El padre de Blancanieves', de Belén Gopegui
... 'Cell', de Stephen King
... '¡Caviativá !', de Mauricio Loza
... 'Sálvame, Joe Louis', de Andrés Felipe Solano
... 'Marcial Maciel', de Fernando M. González (buenísimo). Un ensayo fabuloso travestido de biografía y que me ha enseñado a escribir con una sola frase, heredera de Levi Strauss:
(...) como una especie de objeto crudo que espera ser elaborado (...)
... 'Ganas de hablar', de Eduardo Mendicutti
... 'El legado de la pérdida', de Kiran Desai
... 'No me apuntes con eso', de Kyril Bonfiglioli
... 'Chesil Beach', de Ian McEwan
Es un placer volver a leer sin tener que dar explicaciones. Guardármelo para mí. Leer en silencio.
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18 Noviembre 2007

Un Perec de periferia y final de siglo (XX).
Unas instrucciones de uso de una vida difícil donde los no future adolescentes son verdad.
Una autobiografía trazada a relatos breves que trata de modular la voz del barrio con un tono que queda muy burgués. Muy de "mira cómo éramos, joder".
Malditismo de baguette, costo y crème brûlée.
Pero, oye, muy entretenido, ágil y que da gusto leer en una horita.
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25 Octubre 2007
Después de un mes sin escribir nada aquí, vuelvo. Un mes en el que apenas he tenido tiempo ni energía para leer, como me pasa siempre que empiezo un trabajo nuevo y me agarran los nervios y los miedos, incapaz de pensar en otra cosa que no sea hacer las cosas bien, a la vez que me doy cuenta de lo frágil que sigo siendo ante los retos, de lo serio que me pongo en ocasiones y de que, después de tantos años, me siguen persiguiendo los mismos bloqueos.
Vuelvo, aunque un poco menos ileso. Porque, además del párrafo anterior, pasaron otras cosas que algunos habréis leido en los comentarios. Otras cosas que me hicieron plantearme en qué coño se ha convertido esto. Porque esto era, y confío en que siga siendo, mi diario de lecturas. Un blog personal, que escribo sin ninguna compensación económica y que en más de tres años me ha dado muchas alegrías. Y unas pocas sorpresas muy desagradables. Me quedo con lo bueno, tengo que quedarme con eso si quiero seguir escribiendo aquí. En este - insisto - "Diario de entusiasmos literarios subjetivos sin rigor".
Sueno heridito. Patetiquín. Y lo he estado. Pero no tanto como para abandonar este espacio. Así es que vuelvo. Menos lector. Muy poco ileso.
Lector, ¿de qué?

De las cincuenta primeras páginas de la novela de Ashbery, un poeta a quien venero pero cuyo nido de bobos me ha resultado insoportable, falso, forzado, muy aburrido. Claro que no he pasado de la página 51, del cuarto capítulo, por lo que mi juicio no creo que tenga mucho valor. Lo que pude leer, lo que aguanté, me pareció una parodia de los buenos libros de sociedad norteamericanos de los 50 pero sin la información suficiente, pensado desde afuera, como si se hubiera escrito con rencor sobre el vaho de las ventanas de los bistrots en invierno.
La novela de Mishima me encantó. Y me hizo pensar en el dolor frente al espanto y en el dolor frente a la belleza. Y cómo escribir desde cualquiera de los dos. El marino que perdió la gracia del mar me acompañó durante los primeros días de mi trabajo nuevo. Y me vino muy bien cuando leí:
(...) el hombre no es lo suficientemente diminuto ni gigante para vencer nada.
Y me fascinó su descripción de un coito como una catedral. Y algunos párrafos más:
(...) las lágrimas, sin embargo, le manaban directamente de algún lugar oscuro, distante y dormido de sí mismo que había descuidado siempre a lo largo de su vida, y sobre el cual carecía de dominio.
Sería que estaba blandito.
Sesenta páginas de esta novela a la que creo que tengo que darle otra oportunidad en un mejor momento. Porque ahora mismo de Special topics in calamity physics no tengo nada bueno que decir, excepto que tiene una forma interesante de narrar asuntos de universitaria norteamericana en estado de shock que no me han interesado nada.
Y, para terminar, la novela que estoy leyendo ahora. "El padre de Blancanieves", de Belén Gopegui. Que ha sido el libro que me ha devuelto las ganas, el placer y me ha animado a volver a escribir aquí. Yo creo que en un par de días la acabo, y os cuento. Es fabulosa, eso sí.
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