Categoría: Biografías
5 Septiembre 2011
Lo mejor de esta fabulosa memoria gráfica es que su no-ficción llegue tras unas palabras de uno de los protagonistas de la historia; el periodista Furio Colombo, la última persona que vio con vida a Pasolini -o al menos la última que le trató vivo y no intentó remediarlo con un asesinato en un descampado junto al mar- y quien le haría su última entrevista, que Pier Paolo quiso titular "¡Estamos todos en peligro!":
"Echo de menos a la gente pobre y auténtica que luchaba por destruir al amo sin transformarse en el amo. Al estar excluídos de todo, nadie los había colonizado.
Me dan miedo esos rebeldes que son iguales que el amo. Ellos también son predadores que lo quieren todo a toda costa. Esa siniestra obstinación por la violencia total ya no deja ver de qué signo eres.
Pero, cuidado, ni estoy emitiendo un juicio sobre las intenciones ni me interesa ya la cadena causa-efecto. Primero ellos y luego él, ni quién es el jefe culpable. Cuando en una ciudad llueve y las alcantarillas están atascadas... el agua sube, inocente. El agua de la lluvia no posee la furia del mar ni la maldad de las corrientes de un gran río. Pero no baja: sube. Es la misma agua de muchos poemas infantiles. Pero sube y te ahoga. Si hemos llegado a ese punto, yo digo que no perdamos el tiempo poniendo etiquetas aquí y allá. Veamos de dónde brota esa maldita agua, antes de que nos ahoguemos todos."
Esa es la mejor parte del libro. Las palabras literales de la entrevista casi póstuma. Lo ya publicado.
La peor parte es la gráfica. La imagen. La imagen con la que da Maconi para dibujar una metáfora del asesinato de Pasolini, que interpreta como un sacrificio a sus propias razones, como una concesión a la autenticidad de ese pueblo al que Pier Paolo añoraba en sus propias palabras, en la misma entrevista referida.
La peor parte es la que acaba yendo en portada, en plan 'tú lo que quieres es que me coma el tigre...'
Y no porque el hallazgo visual sea facilón -aunque hermoso y eficaz- y su juego en paralelo con una leyenda hindú de príncipe sacrificado al hambre de sus bellos tigres famélicos me parezca un poco de segundo de Coelho, sino porque es falso. Porque ese Pasolini alimento que imagina Maconi no es tal. A no ser que el tigre fuera el del estómago infinito, el hambre eterna y las palabras en regurgitar espiral que aún hoy -36 años después- siguen sirviendo para explicar el fascismo en vida y nuestra indefensión.
::::::::::: 'que me coma el tigre, mis carnes moreeeeeeenas' ::::::::
A todo esto, es a mí a quien le entra el hambre de P.P.P. y me lanzo a sus 'Escritos corsarios':
La televisión es más autoritaria y represiva que cualquier otro medio de información del mundo. A su lado, el periódico fascista y los letreros mussolinianos pintados en las alquerías mueven a risa como (con dolor) el arado frente al tractor.
Pier Paolo Pasolini, diciembre de 1973
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16 Agosto 2011
Al inicio de los años 70 (exactamente el 26 de agosto de 1971, el día de su 67 cumpleaños, un mes y 12 días antes de que yo fuera a nacer en Madrid), Christopher Isherwood -a quien recordarán de otros grandes éxitos de Lector Ileso tales como 'Mr. Norris cambia de tren', 'Sally Bowles' o 'Cónsules de Sodoma'- empezó a escribir 'Lost years. A memoir 1945-1951', unas memorias californianas que van desde enero de 1945 hasta mayo de 1951 como sus propias cifras indican. Y lo hizo reescribiendo y releyendo su diario de bolsillo, algunas cartas de amigos y la memoria compartida con otros testigos de esa época.
Y lo hizo escribiendo sobre sí mismo ya pasado en tercera persona del singular -tal y como hablan muchos futbolistas acerca de sus propias personas- y en primera del singular cuando era su yo escritor/lector quien pulía su propia memoria desde el presente. Bastante bonito de ver, oigan. Hasta ahí.
Porque las putas 'memoirs' de Isherwood son en realidad un ejercicio de nostalgia sexual, un revival de su tortuoso noviazgo con un chulo que quiso ser fotógrafo -y con quien recorrió Suramérica para hacer juntos un libro precioso cuya primera edición nos compramos el año pasado en Nueva York- y un catálogo de polvos donde Chris Isherwood no escatima detalles ni juicios machistas en sus veredictos de juez en el certamen 'Míster California 50's' y deja bien claro por qué su obra sedujo al sobrevalorado (por sí mismo, sobre todo) Tom Ford y le llamó por los caminos del Señor del Cine (un cargo que antes ejercían al alimón el acomodador y el pajillero de la última fila y que ahora, con las butacas sin numerar y un aire acondicionado que podría convertir cualquier pene erecto en un Calipo orgánico, ostenta Juan Manuel de Prada en Intereconomía un día que siempre cae en fin de semana por la noche -"Diantes, ¡por fin plan en finde!", aseguran que exclamó cuando le comunicaron la ubicación de su cinefórum televisivo en la cadena de ese Blue Bull que más que alas te da de hostias cuando menos te lo esperas.)
Hasta estos años perdidos de Isherwood, ahora sé que siempre que leí biografías o memorias busqué sin pretenderlo la posibilidad de una comunión o un encuentro con un autor o un personaje. Hasta aquí. En este libro de Isherwood sólo he sacado en claro que el escritor nunca me habría hecho ni puñetero caso estando sobrio y que - de haberme echado un polvo borracho- después lo habría contado todo en sus 'memoirs' con pelos y señales (del tamaño de mi polla y del tono muscular de mi esfínter anal).
:::::: ESFÍNTER, que es una palabra llana que me encanta atildar. ::::::
[El verano pasado, mi marido y yo viajamos hasta Santa Mónica porque él me quería regalar un retrato nuestro dibujado por Don Bachardy, el novio de Isherwood desde 1953 hasta la muerte del escritor. Una vez allí, no quise posar para él en la casa que había sido de ambos. Tras haber leído estos 'Lost years' me alegro aún más]
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7 Marzo 2008

Lo que más me ha interesado de la biografía de Modigliani de Herbert Lottman -recién publicada en español- ha sido el descubrimiento de las crónicas de la amante y modelo del pintor, Beatriz Hastings (aka Alice Morning). Unas crónicas que ella escribía desde París a principios del siglo XX para la revista The New Age, donde también publicaron Chesterton y Wells.

El libro contiene una preciosa crónica de Hastings, un retrato de Modigliani y su obra por la mujer que sólo habíamos conocido como un rostro pintado, y que me ha maravillado:
Observé con despreocupación que el valor de las obras de arte plástico tendría que estimarse por las críticas, puesto que los artistas rara vez distinguen sus obras conseguidas de las que no lo son, y eso inflamó la pólvora. La apagamos a trancas y barrancas, pero el momento era grave. Tal vez yo fuese sincera en lo que estaba diciendo, a pesar de todo. Por ejemplo, tengo una cabeza de piedra esculpida por Modigliani, de la que no me separaría ni por cien libras esterlinas, ni siquiera en aquel instante de pánico: alejé esa cabeza de un rincón consagrado a los viejos restos, y me trataron de idiota por haberme tomado el trabajo de llevármela.
(...)
Nada humano, salvo la maldad, falta en esa piedra. Tiene una esquirla que asusta sobre el ojo derecho, pero puede soportar algunas esquirlas. Me dicen que nunca fue concluida, que nunca lo será, que no vale la pena concluirla. (...) La cabeza entera sonríe plácidamente, en contemplación ante el conocimiento, la locura, la gracia y la sensibilidad, la estupidez, la sensualidad, las ilusiones y las desilusiones. (...) ¿Para qué va el artista a denunciar semejante obra? (...) Nunca me separaré de ella, a menos que no sea para un poeta. Él encontrará en ella lo que yo no encuentro y el infeliz artista no tendrá elección por lo que a su inmortalidad se refiere.(...)
Beatrice Hastings dejó a Modigliani y París para volver a Londres. Donde se volvió loca del coño: se apuntó a la teosofía, lo flipó con Madame Blavatsky y acabó suicidándose con gas. La pobre.
Por otro lado, ayer conversé con Lottman casi una hora. Y me pareció uno de esos biógrafos desapasionados y documentalistas que hacen tan buen trabajo para quienes somos incapaces de entender la vida sin ficción.
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13 Diciembre 2006
Volví a leerme este libro la semana pasada porque recordaba vagamente que uno de sus capítulos hablaba sobre la televisión, y pensé que me vendría estupendamente para mi Bobpop TV.
Volví a leerme la novela entera y me gustó muchísimo más que la primera vez, y me gustó mucho leer una autobiografía que parecía una ficción de Douglas Coupland - que a mí, a diferencia de muchos de mis lectores más preparaos, me interesa un montón. Montones.
Y me alegré muchísimo de haber recordado el pasaje sobre la televisión, porque me parece un punto clave en esta novela autobiográfica. Porque de pronto el narrador deja de hablarnos a los lectores para pasar a contarle lo que ha sido su vida - la vida que hemos ido leyendo hasta ese momento - a un extraña que trabaja para la MTV, y en ese relato se dan detalles que no conocíamos hasta ese momento, se hacen preguntas que no pudimos plantear nosotros y se elabora un artificio de falsa oralidad que parte la novela en dos y le otorga una dimensión ultrapop apasionante.
Me gusta mucho este libro de Eggers. Me gustan sus juegos, su historia, sus trampas, sus personajes. El modo en que narra el proceso de creación de una revista, de una familia extraña y de una vida rara.
Y sé que a muchos de vosotros, si alguna vez os dignáis leerlo, os espantará y os parecerá una cosita posmoderna insustancial. Allá vosotros. Os jodéis.
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18 Septiembre 2006
Si el anterior estaba basado en la biografía de Clarke, éste utiliza también el libro de entrevistas de Plimpton con los amigos (y enemigos) de Truman, y no se queda en "A sangre fría"; llega hasta las plegarias atendidas. Qué ganas. Qué bien. Mi necrocinefilia está a cien...
Hoy, en BOBPOP: Vendrá la muerte y tendrá mis ojos
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14 Septiembre 2006
A estas alturas no le voy a descubrir a nadie que Baroja es fabuloso, ni pretendo con esta reseña convertir este blog en un referente de nuevas tendencias culturales. Yo lo que quiero es contaros que las memorias de Baroja son una maravilla. Y que ya me gustaría tener a mí ese "estilo descuidado" que él mismo confiesa, aunque yo no termine de verlo claro...
Leer a Baroja escribir de sí mismo, rebatir a sus críticos por escrito, ser agradecido con sus valedores, implacable con sus contemporáneos, caústico con los mediocres y tremendamente escéptico en general, es un placer enorme. Una delicia asistir a su lúcida desmitificación del fenómeno Generación del 98 y de los sobrevalorados intelectuales de la época. Una gozada, Baroja. Aunque, eso sí, en libro. No me habría gustado a mí haber compartido café con él; me habría puesto a parir. Seguro.
Hoy, en BOBPOP: Catorce de Septiembre: vigila quién te habla; la gente está fatal
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4 Septiembre 2006
Una biografía de Capote que no había leído. Escrita por el colombiano Mendoza Luna y publicada por Panamericana Editorial, con diseño de mis queridos amigos de El Malpensante (que estrena diseño web).
La busqué por todas partes cuando estuve en Bogotá en noviembre del año pasado, pero no la encontré. Hasta que hace unas semanas, mi novio - colombiano también - me la regaló (la compró online en Barnes & Noble). Un Capote muy colombiano éste de Las horas negras,
"... las horas negras son horribles. Uno está asustado y suda como un demonio, pero no sabe de qué tiene miedo. Sólo tiene el presentimiento de que algo malo va a suceder, pero no sabe lo que es."
TRUMAN CAPOTE, "Desayuno en Tiffany's"
Una biografía de menos de 100 páginas donde se resume, magníficamente, la esencia de la vida de Capote. Admirable resumen. Aunque, a veces, una prosa un tanto forzada nos arruine el disfrute, por culpa de algunas frases no demasiado afortunadas:
"La relación con Newton naufragaba definitivamente, pues éste, aunque neurótico y depresivo no tuvo problemas para ser promiscuo e infiel"
¿PEEEEEEERDÓN? ¿Cómo así? ¿Cómo que "aunque"? En fin...
"Las horas negras" es una buena biografía express de Truman Capote, para quienes quieran acercarse al personaje sin entrar en las profundidades de Plimpton o de Clarke. Tal vez para quienes vieron la película y quieran saber tan sólo un poco más.
Hoy en BOBPOP DE SEPTIEMBRE: Cuatro de Septiembre: no beses a nadie por primera vez, evita los telediarios, la sangre, las despedidas y la mierda
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17 Julio 2006
Memorias del hijo de Pedro Salinas. Recuerdos del fin de la República, del esplendor de Argelia, del exilio y de los viajes en barco en camarotes de primera, de los viajes en tren en vagones de primera. Memorias de un niño que derramó su taza de chocolate frente a Juan Ramón Jiménez y sufrió su enfado, que montó sobre la espalda de Federico García Lorca (a caballito, no penséis mal; no acertaríais).
Relato de la infancia de un niño rico que dejó de serlo hará mañana 70 años, cuando se produjo la traición de Franco y tuvo que dejar el palacio de La Magdalena en Santander, donde su padre era director de la Universidad de Verano, y salir hacia el exilio francés.
En "Travesías", Jaime Salinas cuenta su vida hasta 1955. Hasta el preciso momento en que se hizo editor.
Una vida de adolescente apátrida, una adolescencia norteamericana marcada por el tedio, la rebeldía, el descubrimiento del deseo, el alcohol, la rudeza paterna y el progresivo apagamiento de su madre.
Una adolescencia que terminó cuando Salinas dejó Puerto Rico para marchar a Europa como voluntario del AFS en la Segunda Guerra Mundial.
Memorias de los horrores de la guerra, pero también de su euforia.
Memoria de la euforia del deseo, pero también de su crudeza:
Desnudos bajo las sábanas, con o sin la excusa del frío los cuerpos se buscaban. Más de una vez, una mano "distraída" iba acercándose sin que se le impidiera "tropezar" con el pene del otro y, si éste cobraba vida, se esperaba la recíproca. Siempre en silencio, sin darse por aludidos, se proseguía en un tácito consentimiento; en algún caso, sin razón aparente, se interrumpía en el momento culminante y ambos cuerpos se daban la espalda. Cuando, sin querer queriendo, se llegaba al orgasmo, los dos cuerpos quedaban inmóviles sin saber si debían disfrutar del placer. El silencio, la inmovilidad, acababan siendo garantes de que nada había pasado y a la mañana siguiente confesábamos que habíamos dormido como troncos.
Un libro magnífico, una autobiografía del desconcierto, del desarraigo y la búsqueda de una vocación y de otra vida. "Travesías" es otra Historia.
Hoy, en BOBPOP: No Ficción
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