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La Coctelera

Lector Ileso

Diario de entusiasmos literarios subjetivos sin rigor: críticas sin criterio de novelas, poemas, artículos, eventos,... Parole, parole, parole.
Escribir es mentira. Leer es verdad

18 Diciembre 2011

'La mano invisible' de Isaac Rosa

Entre las cosas que me pasan, que puedo contar y que me alegran, hay un hecho del que me he dado cuenta hace poco: una cuenta que he echado hace nada y por la que he calculado que tardo más en pensar qué decir de un libro que en leerlo. No he establecido aún la proporción, pero seguro que existe; tampoco tengo claro que la vaya a buscar.

Entre otras cosas que me pasan, me pisan, me pesan y me posan... ¡UUUU! (... ¡haber elegido muerte!...) está mi oficio de espectador, de mirón televisivo -no sé si antes, después o al tiempo que mirón genérico, vital, miope y algo más que siempre me tiene que recordar mi oftalmólogo- que de vez en cuando, ante la pantalla, piensa (pienso, YO) en qué buen programa de televisión podría hacerse con gente que sepa hacer bien su trabajo. Sea el que sea. Trabajar bien es un espectáculo. Y yo soy un espectador.

Soy un mirón, y también un andador aficionado que piensa en lo que lee mientras camina a diario sobre una máquina durante 43 minutos, antes de pasar a remar en falso sobre otra durante 10 minutos y 50 segundos: 2 kilómetros de remo.

Camino en elipse y pienso en lo que leo, y me repito, asocio, encajo, incluso creo eslóganes como críticas literarias que son lo bueno para las fajas que pretendo escribir por un buen pico y que quiero quitarme gracias a todo este esfuerzo diario en el gimnasio:

"Laboral y Rosa. Vital y Rosa. Oficial y Rosa. Manual y Rosa." Me repito para acordarme de 'La mano invisible' como un ejercicio literario. Falso. Mucho más que un ejercicio literario: es una novela cojonuda sobre gente que se cuenta la vida como la gente se cuenta la vida: en el tajo, mientras hace otra cosa que le da de comer, al tiempo que se arrepiente de no haber elegido mejor o de haberse arrepentido antes. Pero es mucho más. No es solo gente que se cuenta: son acciones de gente que me cuentan, que contabilizan, que me reflejan y que incluyen a un escritor que es Isaac Rosa como trabajador manual del circo donde hace años no sé de dónde sale el dinero que me paga lo que trabajo.

"Laboral y Rosa. Vital y Rosa. Oficial y Rosa. Manual y Rosa." La de Isaac Rosa es una de esas raras y maravillosas manchas de tinta que son casi aceite, que son casi de calamar guisado en su propia tinta, que se dejan sobre el papel o sobre la mesa con un aspecto formidable y amorfo pero que se van extendiendo hasta escribir decenas de historias que confluyen en la cabeza (del calamar o en la nuestra), que son tentáculos de literatura de la mejor, de la que no funciona dando cuerda, sino tirando de ella. Y funciona. Vaya si funciona. Tanto que hace una semana que terminé de leer el libro y hasta hoy no me he atrevido a enfrentarme con lo bueno que es, lo bien que trabaja, cómo se gana su precio y lo que cansa no escribir tan acertado, tan limpio y tan libre de golpear el muro con el mazo a la primera de cambio.

Probablemente, 'La mano invisible' sea una de las mejores novelas de ciencia ficción de podamos leer dentro de 50 años.

Tags: isaac, rosa

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29 Noviembre 2011

'Libertad', de Jonathan Franzen

Qué pequeño es uno (yo soy 1) ante un novelón de 667 páginas.

[667: El número de la bestia más uno. 666+1: la mitad de 1332+2. 1332, que es 12 multiplicado por 11. No 12+1 sino 12x11. Supersticiosos de mierda, qué más dará las cifras que evitemos si todo se va a la mierda a toda velocidad]

Qué pequeño me siento frente al relato condensado que va de la página 13 (uy, vaya, jijijiji) a la 41. A ese relato inicial titulado 'Buenos vecinos' donde podría haber habitado Cheever con toda comodidad y un par de hielos.Ese comienzo donde aparece -en mi modesta opinión- la mejor descripción de todo el libro. La descripción de Patty como

"... una alegre portadora de polen sociocultural, una abeja afable."

Después, el resto, ese despliegue autobiográfico de la gran Patty, Walter, sus hijos, la vecina de al lado, la hija de la vecina, Richard...

Después, el resto, como la gran novela americana. Como un buen guión de un buen episodio de Los Simpson. Si la gran novela americana es lo que los americanos quieren que lean sobre sí mismos en Europa, en la otra América que no es del norte, en  el resto del mundo...  y Los Simpson son una maravilla, que conste.

PERO... tantas páginas para darme la razón como lector, como aficionado al cine, como fan de Los Simpson, de Cheever, Carver, o de 'El ala oeste de la Casa Blanca'... no sé yo.

Tanta desforestación brutal para salvar pajaritos cuando en realidad lo que querías era justificar 667 páginas de un novelón ante el que insisto en mi sensación de pequeñez  y en el disfrute que le agradezco, tanto como haberme dado la razón, como un buen best-seller, de esos que te hacen sentir más listo de lo que eres. Mayor. En tamaño, no en edad. En grosor, pero de páginas, no de kilos. De lomo de papel, no cárnico. Yo me entiendo.

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23 Noviembre 2011

'Sin complejos', de Víctor Blanco (JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA)

El universo editorial es maravilloso, y hoy necesito compartir esa certeza con ustedes. Hoy, que Ediciones B -de serie- lanza este libro que ven a la izquierda y que supone un nuevo hito en la literatura humorística, a la altura de 'Los caballeros las prefieren rubias' de Anita Loos o 'Tía Mame' de Patrick Dennis.

'Sin complejos', de Víctor Blanco es una joya del humor. Involuntario, eso sí. Pero un joyón. Donde uno puede toparse con pasajes tan delirantes como el que van a leer a continuación, donde su autor glosa las ventajas de la congelación de miembros o la dipsomanía para atenuar el dolor de unos pies torturados por unos tacones:

Otra idea: sandalias en invierno. Yo lo hago, aunque la gente me mira sorprendida y piensa que una sandalia
de tacón es incompatible con el frío. Pero lo que no sabes es que como hace frío y el pie se queda heladito ya no
notas el malestar que puedes sentir con unos taconazos. ¿Sorprendida? Pues hay técnicas bastante peores, como por ejemplo acudir a los señores Jack Daniels, Martini o Absolut. El alcohol acaba eliminando el dolor de pies, pero no es una buena opción porque -entre otras cosas- te hará perder glamur a la hora de caminar y acabarás torciéndote un tobillo. Si te animas con este look, no olvides cuidar tus pies para que estén impecables y tus uñas pintadas.

Jajajaja. Todo con mucha pedicure. Jajajajaja.Y alcohol. De marca, claro, cerdas. Nada de garrafón.

Conste que, aunque lo parezca, lo mejor del librito no son esos grandes jitazos de hilaridad no intencional, sino el modo en que -también sin querer, por supuesto- rinde un sentido homenaje al duro trabajo de los correctores editoriales, auténticos héroes de esta publicación. Porque alguien -Víctor Blanco, en este caso- que es capaz de escribir en su blog (patrocinado por la Valencia Fashion Week: más risas sin parar) cosas tales como:

... un libro integro en consejos de moda, estilismo, y sobretodo consejos a como quererse...

Que alguien -Víctor Blanco- que ha hecho de la agrafía un estilo de vida -con tacones, eso sí- firme un libro es la hostia. Que se lo digan a sus correctores. O a Satanás, que seguro que está a punto de demandar al autor por competencia desleal.

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26 Octubre 2011

Abrázame fuerte, Carlos Pardo

Yo supe que tenía que leer al Nobel de Literatura de este año por un texto precioso que escribió Carlos Pardo en mi Público al día siguiente del premio.

Y me compré 'El cielo a medio hacer', donde descubrí que Pardo es el autor del prólogo, de uno de esos prólogos confortables, perfectos, con extractos de la obra y análisis razonados y emocionados; de esos prólogos que te llevan de la mano a través de la poesía de un autor a lo largo de seis páginas para después soltarte, dejarte solo ante más de 250 páginas de un desconocido con quien nunca había estado antes a solas.

Ahí estoy. Allí llevo dos días: de pie ante la página 17 del libro de Tranströmer, encallado en el primer verso del primer poema ('PRELUDIUM'): "Despertar es un salto en paracaídas del sueño". No puedo, soy incapaz de soltarme de la mano de Carlos Pardo y cuando intento avanzar al segundo verso -"Libre del agobiante torbellino, se hunde"- vuelvo a su prólogo y le canto

Carlos Pardo, abrázame fuerte
Carlos Pardo, y cuéntame un cuento
Carlos Pardo, un beso otra vez
Carlos Pardo...

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24 Octubre 2011

'El mapa y el territorio', de Michel Houellebecq

Houellebecq hace mejor de sí mismo en las entrevistas y en las poses para las fotos que en los textos que él mismo escribe sobre su tercera persona. Eso es lo primero que tengo que decir sobre esta novela, que me interesa solo como amago de ejecución de obras de arte contemporáneo y poquísimo como pieza de literatura.

:::::::::: Será porque soy un gilipollas políticamente correcto que no sé apreciar la grandeza transgresora de Houellebecq. Pues será, no pienso discutírselo ::::::::::

Lo que sí es que si ESTA es la literatura que nos viene a salvar de no sé qué tedio y convención, apañados vamos.

De todo el libro me entretrengo en dos instantes:

UNO - Página 16 de la primera edición de Anagrama en septiembre de 2011. Cuando el protagonista cae en cuenta del problema del taxi para ir a la casa de su padre con el croata fontanero amateur ante su puerta. Ese momento en que podría haberle pedido al croata que le llevara a casa de su padre para la cena de navidad y hubiera sido otra historia

DOS - Página 253, donde Houellebecq nos quiere contar quién es el asesino que más adelante no se atreve a revelar.

A dos fragmentos y a una denuncia de las trampas del narrador, que cuando se escribe hablando no habla; escribe y reescribe. Que, de modo similar, truca lo que el protagonista de la novela (Jed Martin) piensa sobre él cuando le invade cierto sentimiento repentino de amistad y de ganas de compartir; Houellebecq relata los pensamientos del protagonista sobre él desde un conocimiento de sí que ni el lector ni Jed Martin pueden tener. Son trampas.

Tags: houellebecq

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14 Octubre 2011

'Me voy' de Jean Echenoz

Diez años antes de que se lo dieran a Houellebecq por 'El mapa y el territorio', que es el que me estoy leyendo ahora, a Jean Echenoz -que a mí me gusta mucho más como escritor, como hombre y como francés que Michel Houellebecq- le concedieron el Goncourt por esta novela, que es la tercera o la cuarta que me leo de Echenoz -narrador, hombre y francés- y cuyas 184 páginas (en realidad 177 de escritura neta) me han enseñado -como lector, como español y como hombre, no sé si necesariamente en ese orden- mucho más que las 107 que llevo de 'El mapa y el territorio' del que aún me quedan 260 por lo que me convendría esperar.

'Me voy' es otro prodigio de Echenoz, quien pareciera ponerse retos para cada nuevo libro. No sé si para no aburrirse, no aburrirnos o para mandarle unas flores a Perec ::::: Huelen y todo ::::: O quizá no sea Jean el que se rete, sino yo que doy con un desafío donde sólo están mis propias limitaciones. Que huelen y todo.

  • Los prodigios de 'Me voy' de Jean Echenoz:

La voz del narrador omniscente y sus personas del verbo, su uso de la primera del plural en ocasiones, ese nosotros, ese plural mayestático que consigue impresionarme. Ese plural y el repentino interés/desinterés que tiene por lo que cuenta. Un interés/desinterés que me hace percibir la obviedad de que el narrador no me está contando todo lo pasa, sólo los sucesos que le apetece contarme, y eso me hace sentir tan a su merced, tan pequeño y dependiente de su relato que me atrapa y me somete. Y me gusta.

Al tiempo, esa voz narrativa de Echenoz también me deja clara otra cosa: que algunas perpendiculares se cruzan sólo por literatura. Que algunas coincidencias que sólo pueden verse desde la posición omniscente aérea -la misma desde la cual se trazan los mapas del territorio- no tienen más trascendencia y están ahí para que el novelista pueda inventar en paralelo y permitir que nunca colisionen. Yo me entiendo...

Por último, creo que el gran reto de 'Me voy' (que es un libro que decidí leer al cumplir los 40 porque es la frase que más me he dicho pa'dentro durante los primeros 30 años de mi vida) es su extensión. Lograr contar todo lo que cuenta -que es apasionante y exhaustivo- en sólo 177 páginas. Es casi una obra de arte plástico. Una instalación de la condensación literaria. Un prodigio. Lo que había dicho yo ya...

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10 Octubre 2011

'Una habitación impropia', de Natalia Carrero

[Con la nariz postiza de Nicole Kidman como Virginia Woolf en 'Las horas' mientras Philip Glass toca el piano a dos manos, con eso jugueteo a veces, me doy unos masajitos prostáticos muy placenteros. Impropio, ¿verdad?]

Con "madre no hay más que una y a ti te encontré en la calle, en un pub irlandés, borracha y follándote a un negro en uno de los reservados, queridísima mamá" juega también Natalia Carrero, guarrea con la literatura del mejor modo, como se guarrea con la arcilla mientras esperas a que nadie te mire para así poder no hacer un cenicero para papá o un jarroncito para mamá, sino un pollón como una baguette pequeña. Para ti, por supuesto.

'Una habitación impropia' es una hija mayor de Rachel Cusk mucho mejor vestida, mejor educada y más cruel, mucho más cruel.

Las mujeres de Carrero no lavan más blanco. Menos mal. Piensan más oscuro. Y hablan: de querer, de poder, de parir, de abortar, de intentar escribir, de intentar ser perfectas y de ponerse un McQueen de la peor forma posible; la irremediable.

'Una habitación impropia' es un libro afilado, contundente y femeniNO. Un espléndido libro asfixiante sobre alumbramientos más o menos infelices y,

sobre todo, para mí, sobre mi cadáver,

a propósito de la fertilidad del vacío. Del hueco que no nos dan.

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8 Octubre 2011

Hoy es un día amarillo en Barcelona

En 'amarillo' Félix Romeo resucita al amigo suicida Chusé Izuel de memoria lo cita y desenvuelve del papel de carta de envolver preguntas.

Ahora Félix Romeo ya no está vivo tampoco. Leo otra vez con él muerto el 'amarillo' que leí cuando vivía y el cadáver era el de otro, y la muerte estaba escrita de otra manera, en segunda persona del singular. Es raro.

Hoy es un día amarillo en Barcelona.

No llueve.

Nunca llueve.

Así termina uno de los relatos de Chusé Izuel y el 'amarillo' de Romeo. Igual los dos. Que se llamaban como sus padres.

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